Home Blog Page 5

Yayoi Kusama (1929–2026): el infinito después del cuerpo

Yayoi Kusama (1929–2026)

Una nota curatorial sobre la artista que convirtió repetición, deseo, trauma y desaparición del yo en una de las experiencias visuales más radicales del arte contemporáneo

Yayoi Kusama, una de las figuras decisivas del arte de posguerra y una de las artistas japonesas de mayor proyección internacional, falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio, a los 97 años. La noticia fue anunciada oficialmente el 27 de agosto por Yayoi Kusama Inc., su estudio y el Yayoi Kusama Museum. Había nacido el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, prefectura de Nagano, Japón. Según el comunicado oficial, continuó pintando hasta sus últimos días.

Pero hablar de la muerte de Kusama obliga, paradójicamente, a hablar del infinito.

Durante más de siete décadas construyó una obra obsesionada precisamente con aquello que excede los límites del individuo: la repetición interminable, la disolución de la identidad, la continuidad del espacio, la proliferación orgánica y la posibilidad de imaginar un universo en el que el cuerpo deja de ocupar el centro.

Los lunares que hicieron reconocible su lenguaje no deberían entenderse únicamente como una firma visual ni como el elemento decorativo que posteriormente conquistó la cultura popular. En Kusama, el punto es una unidad mínima que, al repetirse, amenaza con borrar la individualidad. Su acumulación transforma superficies, objetos, habitaciones y cuerpos hasta hacerlos participar de una estructura aparentemente ilimitada.

Allí se encuentra una de las claves de su pensamiento artístico: lo que ella denominó self-obliteration, o anulación del yo.

Kusama relató desde muy joven experiencias perceptivas en las que patrones parecían expandirse sobre los objetos, su cuerpo y el espacio circundante. En lugar de mantener aquellas experiencias exclusivamente en el ámbito privado, desarrolló a partir de ellas un vocabulario plástico basado en repetición, acumulación e infinito. El Hirshhorn Museum ha señalado cómo estas experiencias se relacionan con su posterior investigación sobre la desaparición simbólica del individuo dentro de un espacio sin límites.

De la superficie al infinito

Cuando Kusama llegó a Estados Unidos a finales de la década de 1950, comenzó a desarrollar sus monumentales Infinity Nets. Las superficies quedaban cubiertas por miles de pequeños arcos ejecutados mediante un proceso reiterativo que eliminaba prácticamente cualquier centro compositivo.

Aquellas pinturas surgieron en un momento en que el expresionismo abstracto dominaba Nueva York, pero ya anticipaban algunas preocupaciones que posteriormente aparecerían en el minimalismo, el arte procesual y las investigaciones seriales de los años sesenta. El Hirshhorn describe estas redes como composiciones sin principio, final ni centro: estructuras en las que el gesto individual parece desaparecer dentro de la acumulación.

Ese desplazamiento sería fundamental.

Primero, Kusama hizo que la pintura pareciera extenderse más allá del lienzo. Después permitió que la repetición invadiera objetos cotidianos mediante sus Accumulations, esculturas cubiertas con innumerables formas blandas. Finalmente llevó esa lógica hacia la arquitectura.

En Infinity Mirror Room—Phalli’s Field, presentada en Nueva York en 1965, utilizó espejos para multiplicar las formas hasta convertir la repetición física en una ilusión espacial potencialmente infinita. Era un paso decisivo: la obra ya no se encontraba solamente frente al espectador.

El espectador estaba dentro de ella.

Y cuando los espejos reproducían también el cuerpo del visitante, ocurría algo todavía más significativo: uno se veía multiplicado mientras simultáneamente parecía perder su singularidad.

La experiencia estética se transformaba entonces en una pregunta ontológica:

¿Dónde termina el individuo y dónde comienza el universo?

El cuerpo como territorio político

Reducir a Kusama a sus Infinity Mirror Rooms, sus calabazas o sus lunares significaría ignorar la radicalidad de su trayectoria.

Durante los años sesenta desarrolló esculturas, instalaciones, moda experimental, cine y numerosos happenings. Sus acciones públicas en Nueva York incorporaron desnudez, pintura corporal, sexualidad y protestas contra la guerra, situándola dentro de las transformaciones culturales y políticas de la contracultura estadounidense. El concepto de Love Forever, presente en algunas de aquellas experiencias, estaba vinculado para ella con la liberación sexual, los derechos civiles y el movimiento contra la guerra.

Su obra fue por ello mucho más que una investigación formal.

El cuerpo podía ser deseo, vulnerabilidad, miedo, repetición, protesta y desaparición.

También desafió categorías historiográficas demasiado rígidas. Su producción dialogó con el expresionismo abstracto, el minimalismo, el Pop, la performance, el arte feminista, la instalación y distintas corrientes europeas, sin quedar completamente contenida dentro de ninguna de ellas.

Kusama fue simultáneamente participante y figura periférica de varias historias del arte occidental. Mujer, japonesa y emigrante dentro del Nueva York predominantemente masculino de los años sesenta, su reconocimiento institucional pleno tardaría décadas en alcanzar la dimensión que posee actualmente.

Venecia y la recuperación histórica

Su presencia en la Bienal de Venecia de 1993, representando oficialmente a Japón, fue fundamental en esa reconsideración internacional.

No era su primera aparición alrededor de la Bienal: en 1966 había realizado allí, sin invitación oficial, su conocida acción con cientos de esferas reflectantes. Pero el pabellón japonés de 1993 presentó una visión amplia de su trayectoria, desde las Infinity Nets y esculturas blandas hasta las instalaciones vinculadas a las calabazas y los espejos. La propia documentación oficial del Japan Pavilion considera aquella exposición un momento decisivo para la reevaluación internacional de su obra.

A partir de entonces ocurrió algo extraordinario: una artista experimental que durante buena parte de su carrera había trabajado desde posiciones marginales se convirtió progresivamente en un fenómeno cultural mundial.

Sus habitaciones infinitas comenzaron a generar largas filas en museos. Las calabazas adquirieron una presencia monumental. Los puntos abandonaron la superficie pictórica para ocupar edificios, esculturas, jardines, productos comerciales y espacios digitales.

Kusama terminó convirtiéndose en algo que pocas figuras de la vanguardia consiguen: una artista capaz de mantener simultáneamente reconocimiento museológico, éxito comercial y enorme popularidad pública.

Esa transformación también produjo una contradicción fascinante. Una práctica que originalmente investigaba la desaparición del ego acabó construyendo una de las identidades visuales más reconocibles del mundo.

Después de Kusama

La muerte tiene una presencia silenciosa pero constante dentro de su pensamiento.

En algunas de las últimas generaciones de Infinity Mirror Rooms, pequeñas luces parecen extenderse hacia un espacio cósmico imposible de medir. El visitante entra, observa su reflejo y por unos instantes se encuentra simultáneamente presente y reducido a casi nada.

El Smithsonian interpreta obras como The Souls of Millions of Light Years Away y Aftermath of Obliteration of Eternity en relación con la transitoriedad de la vida, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerte.

Hoy esa dimensión adquiere inevitablemente otro significado.

Kusama ha muerto, pero la desaparición física resulta extrañamente coherente con una obra que durante décadas imaginó cómo trascender los límites del cuerpo.

Su legado no está simplemente en el punto, la calabaza o el espejo. Está en haber comprendido que la repetición podía convertirse en una filosofía visual; que una experiencia íntima podía transformarse en lenguaje universal; que una habitación podía funcionar como pintura, escultura, arquitectura y experiencia psicológica simultáneamente.

El comunicado difundido tras su fallecimiento señala que continuó trabajando hasta sus últimos días y mantuvo su convicción sobre el poder del amor y del arte para ofrecer esperanza.

Quizás por eso la imagen más adecuada para despedirla no sea la de un punto aislado.

Es la de millones de puntos extendiéndose más allá de nuestra capacidad de contarlos.

Cada uno existe individualmente y, sin embargo, forma parte de algo inmensamente mayor.

Yayoi Kusama dedicó prácticamente toda una vida a imaginar ese espacio. Con su muerte, el cuerpo desaparece; la repetición continúa.

Yayoi Kusama
March 22, 1929 — August 14, 2026
Matsumoto, Japan — Tokyo, Japan

DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS

DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS, PERFORMERS, DJS AND COMMUNITY TOGETHER FOR A NIGHT OF ART, MUSIC & MUTUAL AID

DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS, PERFORMERS, DJS AND COMMUNITY TOGETHER FOR A NIGHT OF ART, MUSIC & MUTUAL AID

Miami multidisciplinary artist Katherine “Neco” Kafruni invites the community to Down The Rabbit-Hole, an Alice in Wonderland-inspired evening bringing together approximately 30 local artists, performers, musicians, DJs, and community members for a night of art, figure drawing, music, and gathering.

Taking place Friday, August 28 from 8 PM to midnight, the free event will feature local artwork, live performances, figure drawing, karaoke, DJs, and food. The event is rooted in Miami’s local arts and queer community, creating a space for people to gather, make art, dance, perform, and support one another.

Figure drawing begins at 8:30 PM, with materials provided for attendees. Guests are welcome to bring their own sketchbooks and drawing materials. Live performances begin around 9 PM, followed by karaoke at 9:30 PM. DJ sets by Pino and Bugz (2girlz1deck) and Khami will begin at 10 PM and continue through midnight.

DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS, PERFORMERS, DJS AND COMMUNITY TOGETHER FOR A NIGHT OF ART, MUSIC & MUTUAL AID

Participating artists include Daze, Terry Eduardo Prieto, Yen, Sofia Galiano, Avani Choudhary, Sheyenne Peltrau, Lily, Carley Culmo, Amanda Cantin, Mia Rosa, Victoria Levina, Bella Lunel, Valerie Luciow, Elisabeth Rodríguez, Francesco Bianchi, Danielle Ben Sira Vasyur, Ariana Formica, Jasmine Espinosa (Minnie), Jamie Louisa, Willy Gutierrez, Melody Macias, Avi Young, Iris Torralba, Sibel Ergener, Alejandra Collazos, Neco, Eva Llanera, Venus, Victoria Julien, among others.

Among the participating artists is Ariana Formica, a Miami-based young artist who was named a Florida State Winner in the 2024 Doodle for Google competition and whose work has been exhibited at Coral Gables Museum.

While Down The Rabbit-Hole celebrates Kafruni’s birthday, the event also serves as a fundraiser for earthquake relief efforts in Latin America. A portion of proceeds from artwork, pins, and food sales will be donated to GEM, while another portion will be redistributed directly through trusted individuals in Venezuela who are currently providing aid within their communities.

DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS, PERFORMERS, DJS AND COMMUNITY TOGETHER FOR A NIGHT OF ART, MUSIC & MUTUAL AID
DOWN THE RABBIT-HOLE BRINGS MIAMI ARTISTS,
PERFORMERS, DJS AND COMMUNITY TOGETHER FOR A
NIGHT OF ART, MUSIC & MUTUAL AID

The goal is to support both established relief efforts and people working directly on the ground to help those affected.

The event reflects Kafruni’s interest in creating spaces where art, nightlife, community, and mutual aid can exist together. Rather than simply being a birthday celebration, Down The Rabbit-Hole is an opportunity for Miami’s artists and community members to gather, share their work, make connections, and use that gathering to support people affected by natural disasters in Latin America.

EVENT DETAILS

Down The Rabbit-Hole
Friday, August 28, 2026
8 PM – Midnight
Kujo’s Coffee Shop
8000 W 24th Ave, Hialeah, FL 33016
Free Admission

Schedule

8:00 PM — Doors / Art & Community Gathering
8:30 PM — Figure Drawing
9:00 PM — Live Performances
9:30 PM — Karaoke
10:00 PM – Midnight — DJ Sets

Press Contact

NECO Kafruni
[email protected]
(786) 714-8971
Instagram: @kafruniverse
Website: https://readymag.website/u2218263716/4624274/

FELIPE ALARCÓN ECHENIQUE

Felipe Alarcón

La obra de Felipe Alarcón Echenique se construye como un territorio de cruces temporales, culturales y simbólicos en el que memoria, identidad e imaginación conviven sin jerarquías rígidas. Su pintura no busca representar el tiempo de manera lineal, sino abrirlo, superponerlo y convertirlo en una experiencia visual donde pasado, presente y futuro pueden coexistir dentro de una misma superficie.

Entre Cuba y España, entre América y Europa, Alarcón Echenique desarrolla una práctica marcada por el tránsito, el mestizaje y la reconstrucción de la memoria. Ciudades, mapas, columnas, cuerpos, animales, jardines y antiguas escrituras aparecen como vestigios activos: fragmentos capaces de conectar historia personal, memoria colectiva y conciencia contemporánea.

Su lenguaje visual también responde al carácter fragmentario del presente. En lugar de resolver sus contradicciones, las incorpora. El caos, la acumulación y la superposición se convierten en estructuras desde las cuales cuestionar nuestra necesidad de clasificar el mundo.

Su obra propone así una geografía interior donde las raíces no permanecen inmóviles, sino que se confrontan, dialogan y transforman.

En esta conversación con Art Miami Magazine, el artista reflexiona sobre la pintura como espacio temporal, la memoria como organismo cambiante, la ficción como vehículo de verdad emocional, la identidad como territorio en tránsito y el proceso creativo como una forma de arqueología de la conciencia.

Felipe Alarcón

AMM. En su obra usted intenta reunir pasado, presente y futuro dentro de una misma superficie, como si distintos tiempos pudieran coexistir simultáneamente. ¿Considera la pintura una forma de cuestionar nuestra percepción lineal del tiempo? ¿Puede una obra de arte contener varias temporalidades y memorias al mismo tiempo?

En mi obra me interesa representar el pasado, el presente y el futuro a través de diferentes épocas, civilizaciones y culturas. No concibo el tiempo como una estructura estrictamente lineal, sino como una dimensión abierta y, en cierta medida, atemporal, donde diferentes momentos de la experiencia humana pueden coexistir.

Me interesa romper esa sucesión cronológica porque considero que la pintura tiene la capacidad de construir su propio tiempo. Desde esta perspectiva, el cuadro deja de ser una ventana hacia un momento concreto para convertirse en un espacio expandido, donde diferentes temporalidades pueden encontrarse, superponerse e interactuar.

Para mí, la pintura tiene la capacidad de suspender el tiempo. Cuando una imagen entra en el cuadro, deja de pertenecer exclusivamente a su época de origen y comienza a formar parte de una nueva realidad. Una arquitectura antigua puede convivir con un cuerpo contemporáneo; una escritura ancestral, con un mapa; una figura simbólica, con un elemento procedente de nuestro presente. No establezco jerarquías temporales entre ellos: todos pasan a formar parte de una misma dimensión bidimensional.

El cuadro se convierte así en un territorio donde los tiempos se cruzan y dialogan. La pintura y el dibujo no solamente detienen el tiempo; también lo contienen, lo transforman y le otorgan una nueva dimensión.

Creo que nuestra propia experiencia funciona de una manera semejante. En nosotros conviven la infancia, la memoria familiar, los lugares que hemos habitado, las experiencias que nos han marcado y las proyecciones que hacemos hacia el futuro. Todo eso permanece activo simultáneamente.

Por eso no busco representar el tiempo de una manera literal, sino construir una experiencia temporal diferente, donde la memoria se actualiza y aquello que todavía no ha sucedido puede convivir con aquello que ya hemos vivido.

Esta simultaneidad estructura silenciosamente mi práctica artística.

Pintar es, en ese sentido, hacer visible la coexistencia de diferentes tiempos dentro de un mismo espacio. Es construir un tiempo propio: el tiempo de la obra.

AMM. La memoria aparece constantemente en su trabajo, tanto desde una dimensión personal como colectiva. Después de vivir entre Cuba y España, ¿cómo distingue entre la memoria de aquello que realmente ocurrió y aquella que hemos reconstruido, idealizado o incluso inventado con el paso del tiempo? ¿Puede la ficción llegar a contener una verdad más profunda que el recuerdo?

La memoria es central en mi obra porque considero que nuestra identidad se construye, en gran medida, a partir de aquello que recordamos. Sin embargo, no entiendo la memoria como una instantánea fija a la que recurrimos cuando queremos recuperar el pasado. Para mí, es un organismo vivo, en permanente transformación. Recordar también significa reinterpretar.

Mi experiencia entre Cuba y España ha transformado profundamente mi manera de recordar. Cuando uno se aleja físicamente de un lugar, ese lugar comienza también a existir dentro de la imaginación. La distancia modifica la percepción del pasado: algunos recuerdos se afianzan, otros se diluyen y otros adquieren una dimensión casi imaginaria.

Con el paso del tiempo, el recuerdo deja de ser únicamente un hecho y se convierte en interpretación.

Por eso me interesa especialmente la frontera entre memoria y ficción. No considero la ficción una falsificación de la realidad. En determinadas circunstancias, puede convertirse en una vía para acceder a una verdad mucho más profunda.

Al reconstruir un recuerdo desde la imaginación, no necesariamente lo traicionamos; en ocasiones, revelamos aquello que verdaderamente significó para nosotros.

En mi pintura no intento reconstruir literalmente Cuba, mi infancia o determinados momentos de mi vida. Me interesa recuperar sus raíces, sus huellas y todo aquello que han aportado a mi formación como artista. Lo que aparece en mi obra es aquello que permanece después del paso del tiempo, de la distancia y de la experiencia.

Es una memoria filtrada por la conciencia del presente.

La pintura se convierte así en una segunda memoria: subjetiva, transformada, simbólica y abierta a nuevas interpretaciones.

Y esa transformación es importante porque permite que una experiencia íntima pueda trascender lo autobiográfico. Cuando una memoria personal se transforma en imagen, puede comenzar a dialogar con la memoria de los demás.

Ahí es donde lo individual se convierte en colectivo y donde la ficción puede llegar a expresar una verdad emocional más profunda que el recuerdo literal.

AMM. Usted habla del “caos contemporáneo” y construye composiciones donde imágenes, símbolos, textos y figuras pertenecientes a diferentes jerarquías conviven dentro de un mismo espacio. ¿Busca ordenar ese caos mediante la pintura, o considera que el arte debe preservar precisamente la contradicción, la fragmentación y la incertidumbre de nuestro tiempo?

El caos contemporáneo forma parte de mi manera de percibir la realidad. Vivimos en un mundo donde las imágenes, las culturas, las informaciones y las experiencias se superponen constantemente, sin una única narrativa visual capaz de contenerlas.

Esa condición fragmentaria no la considero un problema externo a mi obra; constituye, precisamente, uno de los puntos de partida de mi lenguaje visual.

Mi pintura responde a esa realidad cotidiana, en la que diferentes acontecimientos, clases sociales, símbolos y experiencias conviven y se relacionan entre sí. En mis composiciones intento reflejar esa coexistencia mediante la superposición de diferentes elementos y niveles de significado.

Construyo espacios donde aparecen figuras, símbolos, textos, mapas, arquitecturas, animales y referencias históricas y culturales. No busco necesariamente establecer relaciones racionales entre ellos. Me interesa la tensión que surge de su coexistencia y las relaciones que el espectador puede establecer entre esos fragmentos.

No creo que el arte tenga necesariamente que ordenar el caos. En mi obra, el caos funciona también como una metáfora: aparentemente existe una acumulación y una fragmentación, pero debajo de esa complejidad hay una estructura cuidadosamente construida.

Me interesa precisamente esa contradicción: el caos puede contener un orden y el orden puede contener caos.

Por eso prefiero construir una estructura dentro de la fragmentación sin eliminar su complejidad.

En mi obra conviven lo sagrado y lo profano, lo racional y lo intuitivo, lo figurativo y lo abstracto, lo histórico y lo contemporáneo. Esa convivencia no es solamente una decisión formal; corresponde a mi manera de entender la realidad.

La pintura puede convertirse en un espacio de resistencia frente a nuestra necesidad permanente de clasificar, ordenar y establecer categorías. El cuadro puede mantener abiertas las contradicciones y permitir diferentes lecturas simultáneas.

En ese sentido, entiendo la obra como un sistema abierto de significados, donde cada elemento puede establecer nuevas relaciones con los demás.

Por eso mi pintura no pretende representar literalmente el caos.

Lo transforma en un lenguaje visual capaz de contenerlo y, al mismo tiempo, de revelar el orden oculto que existe dentro de él.

AMM. En su universo aparecen ciudades, columnas, mapas, cuerpos, animales, jardines y antiguas escrituras como vestigios de algo que parece haber existido antes de nosotros. Si pensamos al artista como una especie de arqueólogo de la conciencia, ¿qué está intentando desenterrar usted cuando pinta: la historia, la identidad, el inconsciente o algo que todavía no tiene nombre?

La idea del artista como arqueólogo de la conciencia me resulta especialmente cercana porque siento que pintar también es una forma de excavar. Pero no se trata únicamente de excavar hacia el pasado. Se trata de penetrar en las diferentes capas de la experiencia, de la memoria y de las crónicas que han ido construyendo nuestro mundo contemporáneo.

Excavo con mis pinceles, pero también con diferentes técnicas, materiales y soportes. En ocasiones incorporo elementos matéricos, mezclas, texturas y procedimientos que hacen que la superficie misma de la obra se convierta en una especie de territorio arqueológico.

Las imágenes que aparecen en mi trabajo —ciudades, columnas, mapas, cuerpos, animales, jardines y escrituras— funcionan como vestigios culturales, pero, al mismo tiempo, como símbolos que continúan activos en nuestra conciencia.

Me interesa aquello que permanece, aquello que trasciende.

Una columna puede ser arquitectura, pero también ruina, permanencia, memoria o deseo de trascendencia. Un mapa puede representar un territorio, pero también desplazamiento, identidad, frontera o pertenencia. Los cuerpos, los animales y las escrituras contienen igualmente diferentes estratos de significado.

Cuando comienzo una obra, no siempre sé exactamente qué estoy buscando. El proceso pictórico es para mí una investigación en la que una imagen conduce a otra, una forma genera otra forma y aparecen asociaciones que muchas veces no había previsto.

Me interesa mucho esa espontaneidad y esa libertad creativa. Existe un momento en el que la obra y yo comenzamos a dialogar activamente, y entonces el proceso deja de ser completamente racional.

La pintura también es descubrimiento.

No pinto solamente lo que sé; pinto para descubrir aquello que todavía no sé que pienso.

El cuadro se convierte así en un territorio arqueológico de la conciencia. Cada capa contiene memoria, experiencia, intuición y también un fragmento de historia.

Y quizás eso sea lo que realmente intento desenterrar: no una respuesta definitiva sobre la historia, la identidad o el inconsciente, sino aquello que todavía no tiene nombre.

AMM. Su vida y su trabajo se desarrollan entre Cuba y España, entre América y Europa, y usted mismo se define desde una identidad cubano-hispana. En un mundo marcado cada vez más por migraciones, mestizajes e identidades múltiples, ¿cree que todavía necesitamos pertenecer a un lugar específico para saber quiénes somos, o el verdadero territorio del artista termina siendo aquel que construye dentro de su propia obra?

Mi experiencia entre Cuba y España ha sido fundamental para mi comprensión de la identidad. No la concibo como algo cerrado o definitivo, sino como un proceso permanente de construcción.

La identidad, para mí, es siempre un estado en tránsito.

Mis raíces tienen una importancia fundamental. En ellas están Cuba, su historia, su cultura, su mezcla de tradiciones y ese profundo sincretismo que forma parte de nuestra identidad. Pienso en el concepto de ajiaco cultural de Fernando Ortiz, esa idea de una cultura que se va construyendo a partir de diferentes ingredientes que conviven, se transforman y generan algo nuevo.

Esa concepción del mestizaje está muy presente en mi obra.

Cuba forma parte de mi memoria y de mi imaginario; España forma parte de mi experiencia vital y artística y ha influido profundamente en mi manera de mirar y de construir mi lenguaje.

No necesito elegir entre ambas porque, para mí, forman un binomio inseparable. Existe una relación profunda entre las dos culturas, y esa relación también forma parte de mi identidad.

El espacio entre ambos países es precisamente desde donde construyo mi obra: un territorio de tránsito, intercambio, memoria y mestizaje.

El mestizaje no significa únicamente mezcla cultural. Es también una forma de mirar.

Significa aceptar que nuestra identidad está formada por múltiples capas y que esas capas no tienen necesariamente que desaparecer unas dentro de otras.

Podemos mantener nuestras diferencias y, al mismo tiempo, generar algo nuevo.

Por eso creo que el artista no necesita necesariamente un territorio geográfico fijo. Puede construir su propio territorio simbólico.

En mi caso, ese territorio es la pintura.

En ella conviven Cuba y España, América y Europa, memoria e imaginación, tradición y contemporaneidad. Las diferentes culturas, épocas y experiencias dialogan dentro de una misma estructura visual.

Ese diálogo es uno de los motores fundamentales de mi trabajo.

La obra se convierte así en un espacio de pertenencia, pero también de transformación.

El mestizaje es central en mi trabajo porque entiendo la identidad no como una frontera que nos separa, sino como un espacio que se expande.

Y quizás, después de todo, el verdadero territorio del artista no sea aquel donde nació ni aquel donde vive, sino aquel que es capaz de construir con su imaginación.

Mi verdadera geografía está en la pintura: un territorio atemporal y mestizo donde mis raíces pueden encontrarse, confrontarse y transformarse en una nueva realidad.

Open Call: EXILE’s Zine Machine program

Zine Machine is once again open for submissions!
Zine Machine is once again open for submissions!

EXILE Opens 2026 Zine Machine Call for Submissions

Artists, writers, poets, researchers, and creatives are invited to propose original zines inspired by Miami and South Florida

MIAMI, FL — EXILE has announced the return of its Zine Machine Open Call, inviting artists, writers, poets, researchers, and creatives of all disciplines to submit original zine proposals exploring the people, places, histories, cultures, and environments that make Miami and South Florida distinctive.

The submission deadline is September 6, 2026.

Rather than limiting applicants to a single theme, the program encourages participants to think expansively about the region. Proposed zines may address food, music, ecology, architecture, local history, neighborhoods, traditions, subcultures, personal narratives, disappearing places, or the unexpected details of everyday South Florida life.

Topics might range from backyard mango economies and changing urban landscapes to local rituals, unusual ecosystems, real estate, memory, migration, or subjects not yet represented in the program.

At the heart of the call is a simple question: What makes Miami and South Florida unlike anywhere else?

Applicants are asked to pitch an idea and explain what they want to investigate, document, question, or celebrate—and why that subject belongs in a zine about the region.

From Local Ideas to Free Public Editions

EXILE’s Zine Machine program produces free broadside zines created by local cultural producers and distributes them throughout Miami using retrofitted newspaper vending machines.

Each selected project is produced in an edition of 1,000 copies and made available to the public at no cost. Selected creators also receive an honorarium, and projects are chosen by an independent curator.

The program transforms the familiar newspaper box into a small-scale public publishing platform, placing artist-driven and community-focused publications directly into everyday spaces.

Current Zine Machine locations include Books & Books in Coral Gables, Panther Coffee in Little Haiti, Gramps Getaway, Sweat Records, Locust Projects, and Bakehouse Art Complex.

By distributing zines outside conventional exhibition and publishing structures, the initiative creates an accessible way for local stories, research, visual culture, and experimentation to circulate throughout the city.

How to Apply

Creatives interested in participating are invited to submit a proposal for an original zine inspired by Miami and South Florida.

Submission deadline: September 6, 2026
Program: EXILE Zine Machine
Open to: Artists, writers, poets, researchers, and creatives of all kinds

Applicants can submit through the link in EXILE’s bio.

The call is an invitation not only to publish, but to document the region from within—to examine the strange, layered, changing, and deeply personal realities that continue to define South Florida.

Lisa Yves & Yochi Yakir-Avin Recognized for Their Award-Winning Collaboration

Lisa Yves and Yochi Y. Avin

Lisa Yves & Yochi Yakir-Avin Recognized for Their Award-Winning Collaboration

Writer Lisa Yves and visual artist Yochi Yakir-Avin transform a remarkable family story into an immersive theatrical experience

FLORIDA — Writer and musician Lisa Yves and visual artist Yochi Yakir-Avin have brought together theater, music, visual art, and personal history in Painting Life in Pictures: A Work of Art, an immersive collaborative project inspired by an extraordinary story of family separation, discovery, and reunion.

Lisa Yves and Yochi Y. Avin

The project received a 2024 Broward County Cultural Division Artist Innovation Grant, supporting its development and presentations in Florida.

At the conclusion of a performance at The Frank gallery, Yves and Yakir-Avin took a bow alongside the cast, marking the culmination of a work in which autobiographical experience is transformed into a multidisciplinary theatrical language.

At the heart of Painting Life in Pictures is the relationship between two sisters whose lives unfolded separately for decades. Yakir-Avin grew up in Israel, while Yves was raised in Queens, New York. Although Yakir-Avin knew from childhood that she had younger siblings in the United States, Yves did not learn of her older sister until adulthood. Their eventual reunion became the foundation for both a renewed family relationship and an artistic collaboration.

The production draws upon Yves’ writing and music and Yakir-Avin’s visual art, using the different disciplines to explore memory, absence, identity, belonging, and the emotional spaces created by family histories that remain hidden for years. The work centers on family memories and Yakir-Avin’s experiences growing up as an artist while separated from her father and younger siblings.

Rather than functioning simply as scenery, Yakir-Avin’s artwork becomes an integral part of the theatrical environment, allowing visual images, performance, and music to participate in the storytelling simultaneously. The project demonstrates how different artistic languages can intersect to reconstruct experiences that words alone may not fully communicate.

The collaboration has continued to receive recognition. In 2026, Yves and Yakir-Avin were selected to receive a special Critic’s Choice Award for Painting Life in Pictures, recognizing excellence in combining musical theater and visual art to tell the story of two sisters reunited after decades apart.

From its origins in personal history to its development through the Broward County Artist Innovation Grant, Painting Life in Pictures illustrates the capacity of art to transform memory into shared experience—and a private family history into a story capable of resonating with a broader audience.

Instagram: @yochiyakiravin @lisayvesmusic

Lisa Yves and Yochi Y. Avin

Written and created by Lisa Yves and Yochi Y. Avin

Music by Lisa Yves

Art by Yochi Y. Avin

Starring 

Suzanne Corbett as The Artist

With

Andrea Bergner

Tom Ostrowski

Craig O’Connor

Laura Holland

Savannah Wallace

Zack Langway

Abbey Weintraub Sklar

Marlo Dennis

Katelyn Miller

Marcia Desmarais

Beata Schmid

Production Staff

Lisa Yves- Director, Music Director 

Yochi Y. Avin- Set artwork

Ted Mitchell- Producer

Tina -Marie Thompson- Stage Manager

Abby Thompson- Projection operator

Joe Polis- Lighting design

Mark Deluzio and Mockingbird Sound- Sound

Pete Turner- Sound assistant

Anna McReynolds- Program

Musicians

Lisa Yves- Piano

Fiona Campbell- Guitar

Carol Carpenter- Ukelele

Valerie Sussman- Violin

Janelle Roussel- Drums

Filmed at the Marilyn Rodman Performing Arts Center, Foxboro MA

Special Thanks to Jenn Rathbun for being our liason

All photos credit Paintinglifeinpictures.com/

Presented by DVCAI: Solo Exhibition by Leandro Vazquez

DVCAI presents Entrelazado Perpetuo / Perpetual Intertwining, a solo exhibition by artist Leandro Vazquez, at the Institute of Immigration Studies Gallery, located within the Monsignor William Barry Library at Barry University.

The exhibition brings Vazquez’s work into the academic and cultural environment of Barry University, creating an opportunity for audiences to encounter his artistic practice through the conceptual framework suggested by the exhibition’s title: intertwining, continuity, connection, and the relationships that emerge between individual and collective experience.

Presented by DVCAI, Entrelazado Perpetuo / Perpetual Intertwining continues the organization’s engagement with contemporary artistic practices and cultural dialogue while introducing Vazquez’s work to students, faculty, members of the arts community, and the broader South Florida public.

Opening Reception + Exhibition Walkthrough

Thursday, September 10, 2026 | 6:00–9:00 p.m.

Admission is free. RSVP via Eventbrite.

Additional information regarding the exhibition dates, opening reception, participating programs, and visiting hours will be announced separately.

Exhibition Information

Entrelazado Perpetuo / Perpetual Intertwining
A Solo Exhibition by Leandro Vazquez

Presented by DVCAI

Venue:
Institute of Immigration Studies Gallery
Monsignor William Barry Library
Barry University
11300 Northeast 2nd Avenue
Miami, FL 33161

Event Details:

  • Opening Reception: Thursday, September 10, 2026, 6:00–9:00 PM
  • Exhibition Dates: September 10–October 31, 2026
  • Location: DVCAI at Barry University, Monsignor William Barry Library, 11300 NE 2nd Avenue, Miami Shores, FL 33161
  • Admission: Free (RSVP required)

Support / Partners

Supported by Barry University Institute for Immigration Studies and the Monsignor William Barry Library.

Gallery Hours (during the run of the exhibition)

  • Monday–Thursday: 7:30 AM–10:00 PM
  • Friday: 7:30 AM–10:00 PM
  • Saturday: 9:00 AM–8:00 PM
  • Sunday: 10:00 AM–10:00 PM
  • Closed Monday, October 12, 2026

Parking / ArrivalPlease refer to the Barry University campus map for directions and parking information (attach/link in Eventbrite if available).

Accessibility

Accessibility accommodations are available. Please contact Myah Smith in advance so we can support your visit: [email protected] | (786) 306-0191.

About DVCAI

Diaspora Vibe Cultural Arts Incubator, Inc. is a virtual artist space dedicated to promoting, nurturing, and cultivating the vision and diverse creativity of emerging artists from the Caribbean and Latin American Diaspora through experimentation, exhibitions, artists-in-residence programs, international cultural exchanges, and dialogue in contemporary art. www.dvcai.org. DVCAI partners with organizations to enhance residency experiences in the Caribbean region, nationally, and internationally. For more information, please visit www.dvcai.org and follow our activities at https://www.instagram.com/dvcai

School Girls; Or, The African Mean Girls Play

School Girls; Or, The African Mean Girls Play

Following acclaimed run of “The Color Purple: The Musical,” Brévo Theatre’s presents South Florida premiere of “School Girls; Or, The African Mean Girls Play”

Building on the momentum of “The Color Purple: The Musical,” its title as Miami New Times’ Best Theatre Company of 2026, and a recent Carbonell Award, Brévo Theatre presents the South Florida premiere of “School Girls; Or, The African Mean Girls Play” from Sept. 3–27, 2026, at the HIVE Black Box Theatre at the Pompano Beach Cultural Center. Arriving just as the comedy makes its anticipated Broadway entrance, this South Florida debut offers local theatergoers a chance to engage with this international success during a pivotal chapter of its journey.

Set in 1986 at an elite girls’ boarding school in Ghana, the comedy follows Paulina, whose path to becoming Miss Ghana is threatened by the arrival of Ericka, a charismatic American transfer student. What unfolds is a funny and thought-provoking exploration of friendship, ambition, beauty standards and identity.

Written by award-winning playwright Jocelyn Bioh, the play premiered Off-Broadway in 2017 and has become an international success. Often described as “Mean Girls” set in Ghana, it uses humor to explore universal questions about belonging through a distinctly African perspective.

“After the response to ‘The Color Purple: The Musical,’ we wanted to continue presenting stories that entertain audiences while sparking meaningful conversations,” said Zaylin Yates, founding managing director of Brévo Theatre.

The production continues Brévo Theatre’s momentum following “The Color Purple: The Musical” and recognition as Miami New Times’ Best Theatre Company of 2026. And, receiving the Jan McArt Carbonell Award for Outstanding Achievement by a Small Theatr

What
“School Girls; Or, The African Mean Girls Play”

When
Sept. 3-27, 2026

Where
Pompano Beach Cultural Center
50 W. Atlantic Blvd.
Pompano Beach, FL 33060

Performances
Thursdays & Fridays: 7:30 p.m.
Saturdays: 3 p.m.
Sundays: 5 p.m.

Tickets
Starting at $55

Website
www.brevotheatre.org 

About Brévo Theatre

Brévo Theatre is a Carbonell and Silver Palm Award–winning nonprofit arts organization founded by Zaylin Yates and Terrence Pride, committed to amplifying underrepresented voices and sparking cultural dialogue through fearless, socially conscious storytelling. Renowned for Broadway-caliber productions and original premieres, Brévo creates transformative work that reflects, challenges, and elevates the diverse communities of South Florida. Recent highlights include the South Florida premiere of the Pulitzer Prize–winning Fat Ham, presented in collaboration with Island City Stage and GableStage; the world premiere of Me & My Miami: The Musical, a locally inspired work with original music by Broadway’s Patdro Harris and a cast of South Florida artists; and the company’s acclaimed annual holiday tradition, Black Nativity.

Toward What Comes Next: A Residency of Becoming at Laundromat Art Space 

Installation signage for Toward What Comes Next, curated by Christopher Barake, featuring work by Ignacio Beroiz, Noann Maia, and Jazz-Sofia Ramos-Izquierdo at Laundromat Art Space. Courtesy of Laundromat Art Space.

At Laundromat Art Space, Toward What Comes Next feels like more than an exhibition title—it feels like a condition. Curated by Christopher Barake, the show brings together new work by Ignacio Beroiz, Noann Maia, and Jazz-Sofia Ramos-Izquierdo, three rising seniors from the New World School of the Arts BFA program who spent a month in residence at the Miami artist-run space.

Opening August 15, 2026, from 6 to 9 p.m., and on view through August 31, the exhibition marks the culmination of an intensive summer residency shaped by studio visits, professional dialogue, mentorship, and critical feedback from artists, curators, and practitioners across Miami’s art community. But what makes the show compelling is not simply that it presents young artists on the verge of their senior year. It is that each artist approaches this moment of transition with unusual seriousness, vulnerability, and formal ambition.

The exhibition includes painting, drawing, installation, photography, printmaking, and site-responsive works. Across these different media, a shared question emerges: how does an artist build a practice while still becoming the person who will carry it forward?

Jazz-Sofia Ramos-
Jazz-Sofia Ramos-Izquierdo’s layered painting practice brings together the body, folklore, performance, and material experimentation in Toward What Comes Next. Courtesy of Laundromat Art Space.

For Jazz-Sofia Ramos-Izquierdo, the work begins with the body—but never as a fixed or passive subject. Their practice engages painting, sculptural surfaces, Puerto Rican folklore, gender, performance, and the long history of representation. Trained through more traditional approaches to drawing and painting, Ramos-Izquierdo has developed a practice that both acknowledges and challenges the histories embedded in those methods.

Their figures are often constructed as hybrid presences: part body, part symbol, part mask, part offering. References to the vejigante, a figure from Puerto Rican folklore rooted in Spanish, Yoruba, and Indigenous traditions, appear alongside doll-like joints, horns, masks, and fragmented anatomies. These elements create a language where the body becomes chimeric—assembled from culture, memory, vulnerability, and resistance.

Ramos-Izquierdo is deeply aware of painting’s capacity to both honor and exploit the subject. Their work asks how the figure can hold presence without becoming spectacle, especially when dealing with trans and feminine bodies, performance, and visibility. Labor becomes essential here. Through layers of oil, fabric, pieced surfaces, and sculptural interventions, the work insists that devotion to the object can become a form of care. The surface is not merely where the image appears; it becomes a body of its own.

For Ignacio Beroiz, born in Argentina and based in the United States since 2019, the central themes are care, invisible labor, and provisional belonging. His artistic practice is deeply connected to drawing, which remains both foundation and point of return. His earlier academic training gave him a formal structure, but his time at New World helped him loosen it and reconsider how drawing could hold ambiguity, memory, and place.

Paper plays a central role in his work. Beroiz is drawn to its dual nature: a trusted material, historically used for records, notes, documents, and preservation, yet also fragile. It creases, yellows, and changes over time. That tension makes it an ideal surface for thinking about labor—especially labor that is easily overlooked, erased, or absorbed into daily life.

In this residency, Beroiz also moved toward site-responsive and ephemeral work. Unlike an object meant to endure, some of his work at Laundromat is made with the understanding that it may be painted over or washed away after the exhibition. That temporary quality mirrors the residency itself: a brief but formative moment of presence within a larger community. His inclusion of names and references to the people around Laundromat speaks to the social nature of the experience. For Beroiz, the residency was not only about production; it was about entering a living network of artists and relationships.

New World School of the Arts
Polaroid images of New World School of the Arts and Laundromat Art Space reflect the residency’s movement between academic training, studio experimentation, and Miami’s artist-run community. Courtesy of Laundromat Art Space.

Although Noann Maia’s conversation was not recorded, his presence in the exhibition completes the triad. Originally from Brazil, Maia brings another layer of migration, experimentation, and cultural perspective into the show. Alongside Beroiz and Ramos-Izquierdo, his work contributes to the exhibition’s broader meditation on identity, place, material inquiry, and artistic emergence.

What makes Toward What Comes Next resonate is its refusal to overstate itself. These are not artists pretending to have arrived at final answers. Instead, they are showing work that is alive with process—work that still carries the marks of questioning, testing, and discovery. That openness is the exhibition’s strength.

In many ways, the show is also a portrait of Laundromat Art Space itself: a place where emerging artists can enter conversation with Miami’s wider creative ecosystem, where mentorship becomes friendship, and where experimentation is treated as serious work. The residency offered these three artists not only studio time, but also a glimpse into what a sustainable artistic life might require: community, critique, generosity, and persistence.

As Beroiz described the experience, three words came to mind: grateful, nutritious, expansive. The phrase could easily stand for the exhibition as a whole. Toward What Comes Next is about the nourishment that happens before the next chapter fully begins. It is about the summer before senior year, the studio before the career, the gesture before the language becomes fixed.

At Laundromat Art Space, the future is not abstract. It is already being made—in paint, paper, fabric, image, installation, and conversation.

Toward What Comes Next opens August 15, 2026, from 6 to 9 p.m. at Laundromat Art Space, located at 185 NE 59th Street, Miami, FL 33137. The exhibition remains on view through August 31, 2026.

Fharid LaTorre

Fharid LaTorre
Fharid LaTorre

Fharid LaTorre: Fracture, Containment, and the Anatomy of Transformation

https://fharidlatorre.net/

Fharid LaTorre’s sculptural practice begins at a point of instability. Bodies fracture, structures restrain, materials imitate anatomy, and objects appear caught between function and obsolescence. Rather than treating rupture as an endpoint, LaTorre approaches it as a condition through which transformation can occur—a space where injury, healing, regeneration, control, and vulnerability coexist.

Born in Miami in 1999 and raised in Weston, South Florida, LaTorre pursued art from an early stage of his education. He attended American Heritage School before transferring to DASH in Miami for his final two years of high school. He later received a Presidential Scholarship to The Cooper Union, where he earned his BFA in 2022. He was also recognized as a 2018 YoungArts Winner in Visual Arts. Today, he is based in Miami and works primarily in sculpture.

What distinguishes LaTorre’s work is not simply its material vocabulary, but the psychological tension embedded within it. His sculptures frequently resemble fragments of skeletal systems, prosthetic devices, restraints, tools, medical equipment, or industrial mechanisms whose original purposes are impossible to determine. They appear familiar without becoming fully identifiable.

That uncertainty is essential.

Fharid LaTorre
Fharid LaTorre, showing slivers & taking off skin for sake of dopamine layer of diophantine equations, 2026; hand-carved walnut wood and stainless steel, 44 x 7 x 6.5 inches.

Between the Body and the Machine

LaTorre’s sculptures occupy an unstable territory between the anatomical and the engineered. Bone-like structures coexist with cold-cast metals, hand-carved wood, resin, and industrial hardware. The resulting objects can appear simultaneously excavated and fabricated—as though they belonged equally to a biological organism, a medical archive, and an unknown technological system.

The body is therefore present even when a recognizable human figure is absent.

A curved structure can suggest bone. A fastening mechanism may resemble a brace. A suspended element may evoke restraint. Connections between separate components can recall joints, prostheses, or systems designed to stabilize damaged anatomy.

Yet LaTorre does not simply reproduce medical objects. Instead, he borrows their visual and structural logic to investigate a more complicated relationship between care and control.

A device designed to heal can also restrain.

A structure that stabilizes can immobilize.

A mechanism intended to protect may simultaneously exert pressure on the thing it protects.

This ambiguity allows the sculptures to move beyond literal anatomy and toward psychological questions about dependency, vulnerability, authority, and bodily autonomy.

Fharid LaTorre
An ANT’S humble fulva is DREADFUL
Bramble bees somewhat PARASITIC
twisted ovipositor
very
velvety
Feeble clothing which HUMBLE Fig stings, 2026
Cast stainless steel, Formic acid trace (ant defense compound), Mangrove bark hydrosol (steam-distilled), Saliva, Ultrasound
10 x 12 x 6 in

The Moment of Fracture

LaTorre describes his practice in relation to the beginning point of fracturing—a condition in which rupture, healing, and regeneration exist simultaneously. His work also examines moments of capture and what he characterizes as “(non)consensual illusions” that stabilize them. Material structures informed by medical and industrial systems suggest altered anatomical responses and transformations that may occur beyond individual control.

This makes fracture more than physical damage.

Within LaTorre’s practice, fracture can be understood as a threshold.

Something has ceased to exist in its previous state, but its next form has not yet been determined.

His sculptures inhabit precisely this interval.

They rarely communicate complete destruction, but neither do they offer complete restoration. Instead, they remain suspended within states of repair, adaptation, breakdown, restraint, and possible regeneration.

The absence of resolution becomes part of their meaning.

Fharid LaTorre
pissing imitator insults refuse tricky capture animal reinstating capture bonds, 2024
petrified wood, wax, oak, silver
10 x 6 x 22 in

Pressure as Material and Psychological Condition

Another recurring idea in LaTorre’s practice is pressure.

His fragmented structures often resemble restraints, prosthetics, or industrial remnants, allowing pressure to function simultaneously as a physical sculptural force and as a metaphor for embodiment. Failure may become visible through traces, tension, deformation, or structural breakdown.

This relationship between physical and psychological pressure is particularly compelling.

Material can bend.

A structure can collapse.

A joint can fail.

A body can adapt.

Psychological experience can produce analogous conditions: containment, endurance, resistance, breakdown, recovery.

LaTorre does not need to illustrate these states directly. Instead, the physical behavior of his materials provides their vocabulary.

The sculpture becomes a site where material strain and human vulnerability can be considered together.

Evidence of Evolution

These concerns are central to Evidence of Evolution, an exhibition presented by QUEUE Gallery featuring LaTorre’s work.

The exhibition brings together questions of nostalgia and progression, body modification and customization, contradiction and ambiguity, fragmentation and dismemberment. Significantly, its conceptual framework also considers the artist as occupying the position of both perpetrator and victim—someone capable of imposing precision and control upon materials while simultaneously investigating systems in which bodies and individuals are themselves subjected to external forces.

That duality is important.

The sculptor cuts, binds, suspends, reshapes, contains, and assembles.

These gestures give LaTorre enormous authority over the object.

Yet many of the resulting forms evoke bodies subjected to exactly those operations.

The artist therefore occupies an unstable ethical position within the work: simultaneously the one who constructs the system and the one imagining what it means to exist inside it.

This tension complicates any easy division between violence and healing.

A surgical intervention damages the body in order to repair it.

A brace restricts movement in order to facilitate recovery.

A structure may constrain something precisely because it is attempting to preserve it.

LaTorre’s sculptures inhabit these contradictions rather than resolving them.

Fharid LaTorre artwork
lifelines reputable inwards puddles of mania, 2025
altered photogram
16 x 9 in

Care, Restraint, and Institutional Authority

The way LaTorre presents objects also contributes to their meaning.

His display strategies draw upon clinical and archival aesthetics. Sculptures may appear preserved, stabilized, suspended, or examined, creating associations with laboratories, medical collections, museums, and institutional systems of classification.

This introduces another question: What happens to an object when an institution determines how it should be seen?

The pedestal becomes particularly significant.

Traditionally, the pedestal elevates and protects an artwork. It separates the valued object from ordinary space and identifies it as something worthy of contemplation.

But LaTorre’s work allows another interpretation.

Can preservation become containment?

Can protection become objectification?

Can the structure that grants an object visibility simultaneously control how that object is understood?

The source material surrounding his practice explicitly raises this ambiguity, asking whether the pedestal functions as protection or objectification. His sculptures resist providing a final answer, maintaining transformation, vulnerability, and control as simultaneous conditions.

Bodies Within Larger Systems

Although LaTorre’s forms frequently evoke individual anatomy, his concerns extend beyond the isolated body.

His statement connects bodily mutation with larger infrastructures of extraction and circulation that enter human existence at both massive and molecular scales.

The implication is significant: the body is never entirely autonomous.

It exists within medical systems, technological systems, industrial systems, economic systems, and infrastructures whose operations may be difficult for an individual to perceive or control.

LaTorre’s sculptures can therefore be read as hybrid bodies shaped by environments larger than themselves.

Their industrial components are not simply aesthetic choices. They allow biological and mechanical vocabularies to intersect, suggesting a contemporary condition in which distinctions between organism, device, infrastructure, repair, modification, and technology increasingly overlap.

Residual Function

Many of LaTorre’s sculptures resemble tools whose functions have disappeared.

They look as though they should do something.

Yet what they might once have done—or what they could possibly do now—remains uncertain.

This idea of residual function is central to his practice.

An obsolete object does not necessarily become meaningless when it loses its usefulness.

Instead, function can survive as a kind of memory.

A handle still suggests holding.

A clamp suggests pressure.

A brace suggests support.

A mechanism suggests operation.

Even when the actual purpose disappears, the visual memory of purpose remains.

LaTorre exploits this recognition. The viewer senses usefulness without being able to identify use, producing a psychological tension between familiarity and uncertainty.

The sculptures consequently seem to come from both past and future: remnants of something abandoned and prototypes for something that has not yet been invented.

Transformation Without Resolution

Contemporary culture is marked by an extraordinary circulation of images, information, products, technologies, and models of identity. The curatorial framework of Evidence of Evolution places LaTorre’s work within this environment, where artistic production occurs amid an almost inexhaustible availability of preexisting images and consumable information. Against this condition, his sculptures create a space for considering how transformation itself occurs.

That may ultimately be one of the strongest aspects of Fharid LaTorre’s emerging practice.

He does not present transformation as improvement.

Nor does he treat destruction simply as loss.

Instead, transformation remains ambiguous.

Something breaks and something else becomes possible.

Something is repaired, but the evidence of damage remains.

Something is protected, but protection requires restraint.

Something is preserved, but preservation may transform it into an object of examination.

His sculptures hold these opposing conditions together.

They exist between bone and scaffold, organism and machine, healing and injury, containment and collapse, care and control, past function and future possibility.

LaTorre’s work therefore asks us to consider a difficult question: when a body, object, or system changes under pressure, where does destruction end and evolution begin?

His sculptures offer no definitive answer.

Instead, they remain in that unresolved space—the precise point at which fracture becomes transformation.

Segundo Taller de Escritura: Crítica de Arte, dictado por Katherine Chacón

Pancho Bourne
Signature: LDVjnHYQH4VcvjNyeSWvwtHg71s0d3sjTrjwzSD3pjFMO1jq3GVZOAMU6fDQUP1ss5Qaumq8mpKnA/DyHIFc1EOE2Y4se6iMyJKxki1wHUr4mOC9KxLWy29d1Cs45QYb/X0yyawt6NaICZeADYwAes3JzQ/vj6J3GSIiTUI7ZKtByTOs8SzfbY7VQ2bonE64fGlU0bxsfKsyJxAR1Yzy4qGrR9/kp6Bm1kLWd3j8Ei8=

Acaba de culminar el «Segundo Taller de Escritura: Crítica de Arte», dictado por la curadora y crítica venezolana Katherine Chacón, bajo la organización de la plataforma Identidades Nómadas.
El taller brindó a los participantes herramientas teóricas y prácticas para la redacción de textos críticos sobre obras o artistas. Mediante lecturas de ensayos críticos y discusiones sobre los textos realizados, los participantes elaboraron ensayos críticos que dieron cuenta de sus ideas y voz crítica.

Identidades Nómadas (@identidadesnomadas) es un programa formativo internacional de formación de reflexión y documentación sobre arte, vida y comunidades dirigido por Sofia Saavedra artista venezolana quien integra la categoría del nomadismo, migración, identidades y diversidad en una propuesta que busca espacios formativos transfronterizos. Saavedra señala: “Nos auto concebimos nómadas como una categoría de resistencia e impulso creativo que apuesta a la investigación y creación desde lo lúdico y reflexivo del movimiento humano, creemos en la flexibilidad del pensamiento crítico como un potente y sensible motor de transformaciones de ideas a procesos”.

El Segundo Taller de Escritura: Crítica de Arte estuvo dirigido a artistas, estudiantes de arte y literatura, profesionales de otras áreas, y todo aquel que desee adentrarse en la escritura crítica sobre arte. Con reuniones cada 15 días por espacio de dos meses, el taller dio excelentes resultados, por lo que nos estamos preparando para continuar abordando la escritura crítica y creativa en nuevos talleres.

Los textos seleccionados fueron: El epicentro del caos y la quietud: «MyBed»deTraceyEmin por Elizabeth Villar, «Him». Maurizio Cattelan por Isabel C. Yrausquin y Dos obras de Pancho Bourne de Eleonora Pulido. 

EL EPICENTRO DEL CAOS Y LA QUIETUD: MY BED DE TRACEY EMIN

Elizabeth Villar

El universo del arte contemporáneo suele aproximarse a las obras rupturistas desde una distancia aséptica, parapetado detrás de teorías curatoriales que intentan domesticar el impacto de lo que, en esencia, es un grito humano. Cuando en 1998 la artista británica Tracey Emin expuso My Bed en la Tate Gallery de Londres, la crítica satelital de la época se ahogó en el escándalo mediático, el morbo sensacionalista y el debate plano sobre los límites del decoro en las instituciones artísticas.

Sin embargo, al despojar la pieza del ruido exterior, lo que queda es un testimonio monumental de honestidad brutal. Como bien señaló la iconográfica coleccionista y cantante Madonna en una reflexión que condensa el motor conceptual de la creadora: «Tracey es inteligente y herida, y no tiene miedo de mostrarse». Esa falta de miedo es precisamente lo que transforma un colchón deshecho en un autorretrato existencial y en el epicentro de una verdad descarnada que resiste el paso del tiempo.

El valor metodológico de Emin radica en unir dos polos que la academia históricamente ha divorciado: la agudeza intelectual para intervenir un espacio artístico y la crudeza de una herida psicológica expuesta sin anestesia. Frente a la frialdad cerebral y despersonalizada del ready-madeconceptual fundado por Marcel Duchamp, quien elegía objetos industriales para neutralizar la emoción, Emin ejecuta un viraje radical hacia el ready-madevisceral. Aquí, el objeto cotidiano no es escogido por su indiferencia estética, sino por estar saturado de una subjetividad tan violenta que resulta casi insoportable a la mirada. No es una idea pulcra; es el registro material de un colapso.

Las sábanas sucias, las manchas amarillas dejadas tras relaciones sexuales sin amor, las botellas de vodka vacías, las colillas de cigarrillos y los condones usados no son meros desperdicios: son las pinceladas de un alma destruida que utiliza sus propios desechos orgánicos y emocionales como materia prima de supervivencia.

El lienzo es el colchón

Esta operación no nace del capricho contemporáneo, sino que se inscribe con total derecho en la estirpe trágica de la gran tradición expresionista europea. Las profundas influencias de Emin, como las de Edvard Munch y Egon Schiele, resuenan en cada pliegue del edredón desordenado. Donde Munch pintaba el grito sordo de la ansiedad existencial y Schiele desnudaba cuerpos retorcidos bajo una tensión neurótica e implacable, Emin materializa la misma angustia despojándose del óleo y el lienzo. El soporte de su pintura es el colchón. Curadoras contemporáneas han validado esta genealogía al exhibir, en años recientes, My Bed, en diálogo directo con las brutales y deformadas carnes de Francis Bacon. La crítica contemporánea ha rescatado así a Emin de la etiqueta de la ‘cultura pop’ para situarla como una de las representaciones de la vulnerabilidad más impactantes de la historia del arte; un anti-retrato donde la mujer no está físicamente, pero sus rastros biológicos y psicológicos recuperan el control absoluto de su propia narrativa, dinamitando la mirada masculina que confinó el lecho femenino al deleite visual pasivo.

Donde pasa todo

Es desde esta trinchera de la verdad descarnada donde la obra de Emin demuestra su naturaleza más maleable y poderosa: su capacidad de adaptarse a los estados emocionales de cada individuo según sus propias vivencias. El espectador no contempla un objeto ajeno, sino que proyecta en ese lecho sus propias batallas y silencios. En mi propia realidad, el lugar que habito no pretende ser una galería minuciosamente curada bajo la frialdad institucional; es, más bien, un refugio que parece habitarse solo, pero que late con la personalidad de quien respeta profundamente el arte, otorgando a los artistas una prioridad absoluta en la excelencia de sus paredes.

Sin embargo, dentro de esa composición curatorial de mi cotidianidad, la obra central de mi espacio, y de su poética, es mi cama. Allí es donde pasa todo. Ese objeto deja de ser un simple mueble funcional para convertirse en el epicentro de la existencia diaria: el territorio sagrado donde se depositará el cansancio absoluto tras las extenuantes jornadas en el asfalto exterior, y donde la mente se limpia del ruido mecánico de la calle para refugiarse en la música de Chopin o en la literatura. La cama propia, al igual que la de Emin, registra la tensión invisible entre la crisis y la quietud creativa, convirtiendo el espacio íntimo en el verdadero confesionario del individuo.

Volver a tender la vida

El valor supremo de este arte confesional no es el estancamiento en el trauma, sino su capacidad de exorcismo y transmutación. La distancia histórica nos permite hoy contrastar la obra fundacional de Emin con su propia evolución existencial, lo que demuestra que el desorden no es una condena perpetua. Mientras que la instalación de 1998 inmortalizó el caos absoluto de un alma rota, saturada de botellas de alcohol, colillas y el rastro ensordecedor de un colapso, la Tracey Emin actual contempla aquel lecho desde la madurez del perdón y la reconciliación. Su cama de hoy, según revela con brillo en los ojos y una sutil jocosidad, es un espacio pulcro, hermosamente arreglado, donde los fantasmas del desamor han sido sustituidos por la presencia pacífica y silenciosa de sus dos gatas. La artista ya no necesita gritar para demostrar que existe; ha aceptado su cuerpo, ha ganado peso y ha conquistado la paz.

Esta dualidad ilumina mi propia lectura. Entender que Emin logró transmutar su ruina en un monumento de supervivencia es el puente conceptual que conecta su lecho con el mío. Aquel espacio central donde, como he dicho, pasa todo, se convierte en mi trinchera; el único rincón capaz de absolver el desgaste de las horas y de limpiar la mente de la hostilidad cotidiana. Al igual que para la artista británica, la cama propia es el lienzo diario en el que se libra la batalla invisible entre la crisis y la quietud creativa. Al final, MyBed nos enseña que mostrarse herida no es un acto de debilidad, sino el paso previo e indispensable para volver a tender la vida. El arte cumple así su promesa más alta: no nos condena a la tragedia estática de Schiele, sino que nos otorga las herramientas para transformar el grito en un luminoso y silencioso estado de paz doméstica.

My Bed
Tracy Emin My Bed, 1998
Instalación de objetos diversos
Tate, Londres

HIM. MAURICIO CATTELAN

Isabel C. Yrausquin

París. Un sábado cualquiera. La Colección Pinault anuncia una nueva exposición en la icónica Bourse de Commerce. Cada visita es una aventura, arte contemporáneo puro y duro. Investigo poco antes de ir, quiero sorprenderme, no quiero influenciarme con ideas y percepciones ajenas. Subo al segundo piso, siempre empiezo mi recorrido allí. Entro a la gran sala. Para esta exposición la han oscurecido: luces bajas, ambiente sombrío, empiezo a recorrerla poco a poco, deteniéndome de vez en cuando, el recorrido me lleva inevitablemente a una pequeña sala, está casi completamente oscura, solo hay una luz potente que ilumina insistentemente a una figura que se encuentra en el medio de la sala. Es una escultura hiperrealista, parece un niño de unos 8 años, está arrodillado, totalmente de espalda a mí. Está vestido con un traje color gris, abrigo, y pantalón, me hace pensar que es un niño de otra época. Un corte de pelo impecable. Por reflejo, necesito ver su cara. Me acerco lentamente, rodeándolo para ver todos los detalles posibles, hasta que me encuentro frente a frente, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Es Hitler.

Se trata de la escultura llamada Him del artista italiano Maurizio Cattelan, nacido en Padua en 1960. Sus obras se caracterizan por ser principalmente controversiales, a través del arte parece obligarnos a mirar, a enfrentarnos a nuestras propias ideas de lo que nos rodea, crear discusión en torno diferentes temas, hacernos reaccionar.

En el caso de la escultura Him el artista expone a este personaje, una figura innombrable, que suscita un rango infinito de emociones, que hace reflexionar al espectador. Lo pone frente a frente con aspectos de la humanidad que existen y no los podemos negar, la existencia del bien y del mal, la inocencia y la maldad. El artista parece tener la necesidad de urgir a la sociedad a no cubrir en silencio a esta figura que encarna la crueldad, en mostrarla y hacerla presente, no permitir que se convierta en un fantasma y nos mire directamente a los ojos. Que nos hagamos preguntas, que no confiemos en primeras impresiones. ¿Qué significa el hecho de que la escultura estuviera de rodillas? ¿Arrepentimiento? ¿Conflicto moral? ¿Pide perdón? ¿Qué expresión tiene en su cara? La interpretación está reservada para cada uno.

Después de ese encuentro, no recuerdo ninguna otra obra de esa exposición. Unos meses más tarde, asistí a una feria de arte y para mi sorpresa, prácticamente desde la puerta, reconocí la escultura, me parecía increíble que estuviera en Suiza, expuesta en un stand de una galería que no recuerdo, evidentemente caminé directamente a ella, la volví a encontrar de espalda a mí, ya sabía lo que me esperaba, la rodeé lentamente, como si quisiera comprobar que era la misma. Tenía el mismo traje, el mismo corte de pelo, al tenerla de frente, sorpresa, tiene la cara cubierta con una especie de bolsa marrón de yute. Me pregunto cuál sería mi reacción si nunca hubiese visto esa escultura en París. Si ignorara quien se esconde detrás de esa bolsa de yute. Nunca lo sabré. ¿Pero, será él? Tal vez no tiene cara. ¿Qué cara le pondría yo?

Maurizio Cattelan Him, 2001
Maurizio Cattelan
Him, 2001
Cera, cabello humano, traje, resina de poliéster y pigmento
101 × 43,1 × 63,5 cm
Edición de 3 + AP
Foto: Christie’s

DOS OBRAS DE PANCHO BOURNE

Eleonora Pulido

Un nuevo camino, en 1993, me conduce sorpresivamente hacia el mundo diplomático:  Buenos Aires. Allí, las aventuras y las nuevas experiencias me llevaron a una situación inesperada en la casa donde me hospedo, donde desplegaron ante mí varios lienzos para que alguno me atrapara. Me cautivé y cuando vi esas voluptuosas mujeres, con un vestuario sencillo, de colores intensos, rostros vivaces y tristes, acompañadas por un Bulterrier; mi sensibilidad y el aura que irradió esa pintura me cautivaron, me rendí ante la belleza y la adquirí.

Años después me sentí en un laberinto de curiosidades y de preguntas. ¿Quién es el artista? Me recuerda el estilo de Botero y me encanta. El pintor es Pancho Bourne, me comentó mi esposo al ver la pintura; lo reconoció porque también era artista plástico y amigo.

Pancho nació en Venezuela en un ambiente cultural, en el seno de su familia donde la música, la poesía y la pintura lo rodearon. Esto despertó en él que a una tierna edad tome el lápiz y comience a hacer rayas y trazos. Continuó con su constante pasión por el dibujo, siendo todo un autodidacta; luego entró al diseño gráfico, trabajó en una agencia publicitaria y exploró el volumen y la sensualidad de las formas, utilizando creyones de cera, acuarela, acrílico y óleo.

Sus trabajos abarcan lo figurativo y abstracto, pero saber por qué siguió la línea de Botero no me fue posible. Lo que sí puedo saber es que el cuadro me cautivó estando ya en Caracas, lo observé con el deseo de revivir el momento en que lo preferí entre tantas pinturas y lo que sentí, hace treinta y tres años en la capital argentina. Incluso, otra pintura de Bourne que me regaló mi esposo también tocó mi sensibilidad por sus formas, volúmenes y colores. Representa una pareja donde un hombre de espalda entrega a su amada tendida en la playa una fruta.

Tal vez por ser periodista considero necesario, para escribir un texto crítico, ubicar al artista, ya que desconozco su trabajo y no hay escritos que me hablen de él. Pongo empeño en que nos reunamos y se niega la primera vez con excusas. Dejo pasar unos días y vuelvo a la carga; viene a casa, donde le explico nuevamente el porqué de mi interés, y me dice que no es famoso. Le explico que hablarle personalmente es necesario para mi objetivo y accede con pocos comentarios y delatando su timidez. Comenta que el famoso era su padre, músico, escritor, pintor, todo un artista, lo que marcó su vida hacia las artes.

Sentados frente a su cuadro le cuento qué me hizo comprarlo y decido enseñarle el cuadro pequeño que me regaló su amigo. Me sorprende que decida fotografiar ambos; luego me explica que no los pintó solo con óleo, sino con acuarela, creyones de cera y óleo en los bordes de las imágenes. Se acerca al cuadro y señala los lugares donde sobresale el óleo.

El reloj pone fin a la reunión y planteo la necesidad de ver otros trabajos en su taller. Creí que así sería, pero me equivoqué. Vuelvo a llamarlo y su esposa me dice que salió con unos amigos. Intuyo que no es cierto… Ella recomienda que lo llame directamente a su número, el que hago durante unos dos días, pero tampoco responde a mis llamadas. Con esa actitud me lo dijo todo y desisto.

Dejo pasar unos días para volver a la laptop y escribir el texto, pero veo alejarse mi meta por falta de información, que es mi herramienta para poder profundizar en quién es Pancho Bourne como artista.

Consciente de mi escasa información me tomo la libertad de preguntar a quien fuera su asistente por años. Esa persona también asistió a mi esposo escultor y él mismo se convirtió en pintor. Es amigo y conoce muy bien a Pancho y a su familia. Busco los pequeños detalles para plasmarlos con más certeza y descubro que a Pancho le gusta la música desde muy pequeño ya que su padre colocaba tres discos en los tocadiscos de esa época desde el amanecer y, en consecuencia, su hijo heredó lo que su padre amaba. De allí se fue convirtiendo en artista plástico, oficio que con los años continuó con sus pinturas de personajes con grandes volúmenes. Asimismo le atraen los paisajes marinos que utiliza en sus cuadros, pero también se diversificó hacia el surrealismo, el expresionismo y algo del cubismo. 

Para mí es fácil entender que los seres humanos que nacen con un don y paso a paso se desarrollan en un área artística, son más complicados, por su sensibilidad, que otros seres humanos, aunque en realidad cada ser tiene su mundo interno que generalmente no conoce y mucho menos entiende, ya que conocerse a sí mismo cuesta muchas veces más de una vida.

Los caminos de la vida son misteriosos y cuesta entenderlos, aunque al acercarme más a los artistas que me han rodeado, concluyo en que un artista plástico es un profesional que transforma ideas, emociones o su visión del mundo en obras tangibles, utilizando materiales moldeables o físicos y aplica técnicas manuales para crear arte visual, comunicando mensajes profundos a través de formas, el color, el movimiento y la textura; que en muchos caso se vale de varias disciplinas, lo que me hace sentir enriquecida hacia un camino que debía emprender para lograr una meta trascendental para mi humilde y ávida de conocimiento de mi yo interior.

Pancho Bourne
Pancho Bourne
Sin título (Atardecer), s/f
Técnica mixta
Pancho Bourne
Pancho Bourne
Paseo por la plata, 2012
Técnica mixta