Geometric Abstract Painting and Paris in the Thirties, Part I
By John Elderfield
«NO SIRVE», ESCRIBĂŤA Theo Van Doesburg en 1925, “no sirve utilizar las formas exteriores de lo nuevo como receta para producir artes decorativas o aplicadas”.1 Pero a principios de los años treinta la abstracciĂłn parecĂa haber perdido su carácter intransigente, su equilibrio, y algunos artistas abstractos más jĂłvenes estaban produciendo lo que Van Doesburg habĂa llamado burlonamente “barroco cuadrático”. De hecho, tanto Van Doesburg como Mondrian habĂan reconocido que los abstraccionistas de segunda generaciĂłn corrĂan el riesgo de tomar prestadas formas estilĂsticas exteriores sin comprender plenamente su espĂritu implĂcito; pero los «manierismos» abstractos que estos viejos maestros observaban en la obra de otros no estaban del todo ausentes en la suya propia. Mondrian, por ejemplo, tras haber alcanzado un punto álgido de desarrollo reductivo en los escasos lienzos de 1930-1933, se embarcĂł en una obra de creciente complejidad y ambigĂĽedad que tendĂa a contradecir sus objetivos declarados de «equilibrio» y «regularidad plástica». Del mismo modo, la obra parisina del otro viejo maestro del arte abstracto, Kandinsky, revalorizĂł radicalmente los principios «constructivos» en favor de un arte del ilusionismo, el dramatismo e incluso el sentimiento. Pero el ParĂs de los años treinta no era la Alemania de los años veinte, y en los Ăşltimos años de abstracciĂłn internacional antes de la Segunda Guerra Mundial se creĂł un tipo de arte abstracto diferente y especial.
La historia bien podrĂa comenzar en enero de 1929, en la exposiciĂłn parisina de Friedel Vordemberge-Gildewart, con el encuentro del crĂtico Michel Seuphor y el pintor uruguayo Torres-GarcĂa.2 AquĂ, y en reuniones posteriores en el CafĂ© Voltaire y la Brasserie Lipp, se discutiĂł la idea de un nuevo grupo de artistas abstractos. Se consultĂł a Mondrian y Van Doesburg, asĂ como a Arp y otros, y en marzo de 1930 se creĂł Cercle et CarrĂ©. Aunque de corta vida, la lista de correo de este grupo sirviĂł de base para la organizaciĂłn más duradera, Abstraction-CrĂ©ation, dirigida por Herbin y Vantongerloo, que hizo propaganda del arte abstracto hasta que tambiĂ©n se derrumbĂł en 1936.
Pero las fuentes de las alianzas parisinas de los años treinta se remontan más atrás. Si Abstraction-CrĂ©ation se desarrollĂł a partir de Cercle et CarrĂ©, este Ăşltimo grupo tambiĂ©n debĂa mucho a los intentos anteriores de introducir en ParĂs la abstracciĂłn geomĂ©trica extranjera. En los años veinte, el mundo del arte parisino reaccionĂł con extrema frialdad ante tales intentos: la exposiciĂłn De Stijl de 1924 fue un fracaso, y son bien conocidas las dificultades de Mondrian para vender su obra en ese periodo. El intento más ambicioso de introducir esta abstracciĂłn foránea fue quizás el del pintor Poznanski, que tuvo un pequeño Ă©xito con la exposiciĂłn Art d’aujourd’hui de 1925, logrado en parte, sin duda, por la inteligente estratagema de mostrar juntas obras geomĂ©tricas extranjeras y abstracciĂłn postcubista autĂłctona. Sin embargo, a pesar del tono defensivo adoptado en la presentaciĂłn del catálogo -con sus respetables referencias a Poussin y su previsible antĂtesis del arte abstracto y la fotografĂa-, sĂłlo los Cahiers d’Art de Zervos pudieron encontrar algo bueno que decir al respecto. Sin embargo, con el aumento de las emigraciones de Alemania a ParĂs, la alianza de los abstraccionistas duros extranjeros con los artistas de orientaciĂłn parisina que habĂan desarrollado hasta el extremo las posibilidades decorativas del cubismo sintĂ©tico fue lo que se convirtiĂł en caracterĂstico de la abstracciĂłn parisina de los años treinta. La interacciĂłn de estas tendencias en el contexto del creciente malestar social de la Ă©poca es un tema importante. Otro es la crisis formal interna en la que se encontrĂł la abstracciĂłn geomĂ©trica en los años treinta, explicable en parte por la influencia de corrientes no geomĂ©tricas, pero debida tambiĂ©n a ciertas contradicciones implĂcitas e idealistas de la propia teorĂa de la abstracciĂłn desarrollada en los primeros años utĂłpicos. Es a esta crisis formal a la que debemos referirnos en primer lugar, y a su efecto en el artista más consecuentemente utĂłpico, Mondrian.
Para mĂ, el cĂrculo y el cuadrado eran el cielo y la tierra simbolizados por las antiguas religiones orientales; formaban una especie de alfabeto rudimentario mediante el cual se podĂa expresar todo con los medios más limitados. Evocaban las runas prehistĂłricas y el primitivo I-Ching chino, o Libro de los Cambios.
-Michel Seuphor
La descripciĂłn que hace SEUPHOR de los sĂmbolos de Cercle et CarrĂ© sugiere bien su dependencia de la estĂ©tica abstraccionista internacional, con su doble motivaciĂłn de misticismo y utilitarismo. La idea de «una especie de alfabeto rudimentario» se desarrollĂł en el periodo en torno a la Gran Guerra y, aunque para muchos se convirtiĂł en un sistema casi funcional, en su origen se inspirĂł en las conexiones ocultistas de figuras como Malevich, Mondrian y Kandinsky, que se preocupaban por una gramática psĂquica (no fĂsica) de «formas de pensamiento» (no funcionales o materialistas). De hecho, la apariciĂłn de la abstracciĂłn bien podrĂa considerarse un intento de repudiar el materialismo de la sociedad contemporánea. Pero las conexiones espirituales de los primeros años fueron dejadas de lado cada vez más por propagandistas de mentalidad más dura como Van Doesburg y Moholy-Nagy, y, a medida que se desarrollaba, la teorĂa del Elementalismo deseaba liberar su vocabulario formal de esta superestructura original para que el arte pudiera depender menos del capricho individual y, al volverse casi utilitario, tener un contacto social más estrecho. Esta asunciĂłn utilitarista acogiĂł con satisfacciĂłn los orĂgenes reductivistas del abstraccionismo, creyendo que un arte del mĂnimo comĂşn denominador afirmarĂa cualidades «universales», pero ignorĂł la dependencia de este vocabulario exclusivo de una creencia en la primacĂa de la conciencia sobre el materialismo ambiental. La transferencia de un ideal simplista, motivado personalmente, a una actividad artĂstica colectivamente anĂłnima tuvo poco en cuenta las fuentes individualistas, resultando conveniente subsumir los propios «elementos», pero más difĂcil construir algo parecido a una guĂa sintáctica viable. Incluso podrĂa decirse que lo individualista nunca estará ausente de una construcciĂłn basada en principios reductores y que las ambiciones sociales o «universalistas» implican una redundancia incorporada, no brevedad, del «lenguaje», una elaboraciĂłn, no contracciĂłn, de los «elementos».
Mondrian habĂa considerado los años 1921-22 cruciales en su carrera. Aunque desde 1915-1916 ya producĂa un arte totalmente no figurativo, no fue hasta 1922 cuando se decidiĂł por lo que serĂan las principales caracterĂsticas de su desarrollo posterior: un formato de pintura cuadrado o vertical que encerraba primarios relativamente puros sobre un fondo blanco y estructurado por fuertes lĂneas negras que a menudo se extendĂan hasta los bordes de la superficie pictĂłrica. El desarrollo y la depuraciĂłn de esta fĂłrmula le ocuparon durante los diez años siguientes. Tras un aumento gradual de la «apertura» pictĂłrica a partir de 1925, principalmente permitiendo que el área rectangular más grande de cualquier composiciĂłn no estuviera limitada en uno o dos lados por lĂneas divisorias internas, llegĂł a dos o tres tipos compositivos básicos que desarrollĂł entre 1928 y 1932. La obra de este periodo se caracteriza por la máxima claridad de los elementos y de la colocaciĂłn del color, la «solemnidad» de la composiciĂłn y el relativo anonimato del estilo (a veces bruñĂa la superficie para suprimir las pinceladas). La culminaciĂłn de este enfoque se encuentra en las obras mĂnimas de 1930-32-33, muchas de las cuales utilizan un tema cruciforme (que recuerda la «construcciĂłn de la realidad de la naturaleza» de Schoenmaeker) y se acercan a una «soluciĂłn definitiva» en su reducciĂłn del color y su parquedad lineal (cf. ComposiciĂłn 2 con lĂneas negras de 1930)*A1.
En tĂ©rminos modernistas, Mondrian habĂa atrincherado asĂ su obra más firmemente en su ámbito de competencia, su pureza, e impuesto una norma reguladora con una nueva fuerza y una nueva plenitud.5 A partir de 1933, sin embargo, esta «regulaciĂłn» dio paso a lo que parece irracionalidad por el uso de lĂneas de efecto ambiguo y de espacios cuyas funciones eran incluso ilusionistas. Sin embargo, Mondrian nunca fue un racionalista, y sĂłlo un clasicista en el sentido menos estricto de la palabra.6 Nunca trabajĂł de forma sistemáticamente formulista (sĂłlo hay nueve cuadros modulares en el catálogo razonado de Seuphor), y en muy pocas de sus obras las dimensiones de los elementos pictĂłricos reflejan directamente la forma del cuadro.7 AsĂ pues, teniendo en cuenta la preocupaciĂłn de Mondrian por la imagen emocional irregular, resulta tentador considerar la obra de los años treinta como la liberaciĂłn de lo que habĂa sido reprimido en la atmĂłsfera antiintuitiva de los años veinte o como una reanudaciĂłn atávica de la complejidad anterior a los años veinte. Sin embargo, la dependencia de la obra de Mondrian posterior a 1933 de los tipos compositivos desarrollados en los años veinte (aunque en sĂntesis libre) sugiere la explicaciĂłn más probable de que esta obra se produjo en un periodo de desequilibrio, que no se corrigiĂł en Europa. En las obras de ParĂs, el estilo mismo sirve de fuente al estilo, mientras que el impulso filosĂłfico original (externo) se debilita. Pero esto tiene como corolario una libertad de conceptos a priori que, sobre todo, fundamenta una manera revitalizada mucho menos preocupada por el «sentido» (vĂ©ase la apariciĂłn posterior de tĂtulos descriptivos) que encuentra su resoluciĂłn Ăşltima (fuera de Europa) en un estilo cada vez menos conceptual en el que la lĂłgica del desarrollo dentro de una determinada configuraciĂłn formal era en sĂ misma el medio de autorrealizaciĂłn.Pero las obras de ParĂs revelan su naturaleza transitoria entre filosofĂa y formalizaciĂłn en una especie de «manierismo» dramático y emotivo de efecto.Y si estos adjetivos parecen en sĂ mismos demasiado emotivos, una mirada más atenta a algunas obras tĂpicas revelará su validez.
Se podrĂa argumentar que las escasas obras de 1930-32-33, que hemos considerado el clĂmax del desarrollo «filosĂłfico» de Mondrian, son en sĂ mismas de carácter teatral y prohibĂan futuros desarrollos. La ComposiciĂłn 2 con lĂneas negras de 1930 utiliza lĂneas de anchura sorprendentemente diferente, hasta el punto de que la horizontal principal podrĂa leerse incluso no como una lĂnea, sino como un área de color (negro) que atraviesa la forma de «T» girada lateralmente y crea una ilusiĂłn distinta (como la barra de la cortina en la Dama de Vermeer leyendo en la ventana de Dresde) e implica una recesiĂłn a travĂ©s de tres zonas separadas (la horizontal, la «T» y el suelo). Sin embargo, la horizontal secundaria, de una anchura intermedia entre las de los elementos principales, está ideada para ligar la composiciĂłn, aliviando el dominio «trágico» de la forma horizontal principal y afirmando la naturaleza «perifĂ©rica» de la composiciĂłn. La tendencia de Mondrian a flanquear la superficie mayor de sus cuadros con divisiones rectangulares más pequeñas fue uno de los recursos más importantes de este periodo, y esta obra es una de las versiones más depuradas de este tema. El desarrollo de esta tendencia es difĂcil de seguir a lo largo de los años treinta debido a la complejidad de las obras, pero parece ser significativo para el uso posterior de áreas de color pulsantes liberadas de sus envolturas de lĂneas negras que aparecen primero pegadas a los lĂmites mismos de la superficie pictĂłrica y que posteriormente se desarrollan «por todas partes» en las pinturas americanas. AquĂ, sin embargo, nuestra lectura pasa de la aprehensiĂłn del retroceso (con predominio de la horizontal) y de la planitud (a travĂ©s de la tensiĂłn perifĂ©rica de las zonas flanqueantes, especialmente de la forma de escalera «espiritual» a lo largo del borde derecho).
La ampliaciĂłn más sorprendente de las premisas mĂnimas de 1930 es quizá la ComposiciĂłn con azul y blanco de 1936, una de las cuatro obras en formato vertical iniciadas en 1935 (las otras tres se terminaron en Nueva York en 1942).8 Estas cuatro obras llevan el formato de escalera espiritual a su conclusiĂłn más extrema, y aunque las pinturas neoyorquinas del grupo comprometen la verticalidad de la obra de 1936, todas implican la extensiĂłn dramática de la vertical más allá de los lĂmites fĂsicos de la superficie pictĂłrica. Mondrian definiĂł el concepto «trágico» como «el sufrimiento a travĂ©s de la dominaciĂłn de lo uno sobre lo otro».9 En ComposiciĂłn con azul y blanco, la vertical ininterrumpida de la izquierda era la máxima declaraciĂłn trágica, como lo era tambiĂ©n el canal espacial vertical, que es el que más sugiere la extensiĂłn extrapictĂłrica, con el espacio operando aquĂ como elemento «positivo» (algo aĂşn más evidente en las otras tres composiciones verticales, donde el atado de las dos columnas gemelas a sus respectivos lados de los cuadros corrobora el efecto). Este recurso «manierista» (Mondrian lo habrĂa llamado «gĂłtico») es una importante demostraciĂłn del carácter dinámico y dramático de la obra posterior a 1933. Pero, Âżera autoconscientemente dramática? Pero otras rarezas pictĂłricas de la obra de los años treinta revelan efectos comparables: un cuestionamiento de la funciĂłn de la lĂnea como elemento didáctico positivo o como cerramiento de un espacio positivo (la relaciĂłn de la «imagen» y el «suelo»); una toma de conciencia de la doble funciĂłn de los elementos situados en la periferia como extensiĂłn y cerramiento del espacio (la relaciĂłn del espacio «cĂłsmico» con el espacio puramente pictĂłrico).
Aunque el formato de «escalera» de ComposiciĂłn con azul y blanco la asocia con el uso que Mondrian hacĂa de los elementos perifĂ©ricos en las composiciones de finales de los años veinte y principios de los treinta, tanto el canal central acentuado como la repeticiĂłn o reflejo de elementos similares a cada lado de la obra efectĂşan un Ă©nfasis no perifĂ©rico sino tendente a la concentricidad. Van Doesburg habĂa descrito la evoluciĂłn anterior de la composiciĂłn concĂ©ntrica cubista a la perifĂ©rica neoplástica en De Still VII, subrayando la importancia del neoplasticismo en la aboliciĂłn «del centro y de todo vacĂo pasivo».10 En la composiciĂłn perifĂ©rica, la tensiĂłn se dirige lejos del centro y «hacia la periferia extrema del lienzo», incluso pareciendo «continuar más allá». Aunque Mondrian no vuelve a la composiciĂłn concĂ©ntrica cubista en la que «la periferia del lienzo permanece en blanco y, por tanto, da una impresiĂłn de vacĂo», sĂ utiliza elementos situados en la periferia para (paradĂłjicamente) volver a enfatizar el centro. La naturaleza caracterĂstica del neoplasticismo se habĂa creado permitiendo que la intersecciĂłn de las lĂneas dentro de las partes centrales del área del lienzo implicara sus extensiones hacia los bordes y colocando los elementos formales (tanto las lĂneas como las áreas coloreadas) de manera que se redujera el Ă©nfasis en una sola parte de la superficie en favor de una expresiĂłn total de toda la superficie. A medida que una obra tendĂa al minimalismo, se ampliaba la «apertura» del efecto, subrayando la identidad de relativamente pocos elementos como parte de un espacio cĂłsmico implĂcito mayor. Esta tendencia alcanzĂł su punto culminante en los años treinta, en las obras minimalistas de 1930-32-33, pero sobre todo en las basadas en el motivo de la cruz griega, en las que los brazos de la cruz están muy juntos y se cruzan cerca del centro de la composiciĂłn, produciendo un efecto «radiante» (vĂ©ase la ComposiciĂłn con cuadrado amarillo de 1936, en la ColecciĂłn Arensberg). Sin embargo, cuando Mondrian desplazaba los brazos de la cruz desde el centro hacia los bordes del lienzo, la atenciĂłn se dirigĂa hacia el espacio central «cerrado», un efecto a menudo favorecido por el reflejo de elementos similares a travĂ©s de la superficie del cuadro, con el resultado de que «la composiciĂłn simĂ©trica se ha “presionado” cada vez más hacia el centro» (como Van Doesburg caracterizĂł la «concentricidad»). No obstante, las obras basadas en cruces griegas tienden a conservar algĂşn vestigio de una imagen representada, aunque a menudo es difĂcilmente discernible debido a la proliferaciĂłn de lĂneas que utilizaba Mondrian.
ComposiciĂłn con rojo, amarillo y azul, iniciada en 1939 pero no terminada hasta 1942, formaba parte de una serie de complejas ampliaciones del formato de cruz griega que utilizaban un pequeño cuadrado de color en la esquina inferior derecha como motivo comĂşn11. AquĂ se produce la ambigĂĽedad caracterĂstica de la imagen y la forma, ya que la atenciĂłn se desvĂa de la bĂşsqueda de una imagen/tema estructuralmente coherente a la propia estructura de toda la superficie, en la que las lĂneas funcionan a la vez como divisorias entre las zonas de color y las que no lo son (blancas) y, en aquellas secciones en las que se aproximan mucho unas a otras, como un «suelo» circundante para que la zona que no es de color actĂşe como positivo (mientras que la zona de color azul de la parte inferior izquierda se utiliza de forma análoga a la de la lĂnea), una complicaciĂłn del efecto oscurecida aĂşn más por los parpadeos Ăłpticos en las intersecciones de las lĂneas. En una nueva sĂntesis de dilemas pictĂłricos, se cuestionan polaridades tan asumidas como que las lĂneas dividen o contienen, que los planos están delante o detrás de las lĂneas y que el equilibrio es equilibrado o perturbado. Asimismo, las relaciones de la lĂnea con el plano, del recinto con la explosiĂłn, del color con el no color, parecen estar en constante cambio, al igual que la relaciĂłn básica, para Mondrian, de la horizontal con la vertical. AquĂ, las numerosas lĂneas verticales se separan en el espacio de las cuatro horizontales ligeramente más anchas (que forman una especie de analogĂa pictĂłrica con el horizonte), perturbando el efecto de «gravedad», que es una caracterĂstica bastante constante de muchas de las composiciones de los años treinta (sĂłlo las composiciones cruciformes están seguramente inclinadas hacia la parte superior, vĂ©ase la ComposiciĂłn 2 con lĂneas negras), y sirven para contrarrestar el efecto de cualquier imagen representada discernible. El formato comienza a hacerse eco, en cambio, de su forma fĂsica, dirigiendo el movimiento dentro de la superficie en lugar de hacia sus bordes y más allá de ella. Hemos observado cĂłmo ComposiciĂłn con azul y blanco hace esto en una sola direcciĂłn, presionando lateralmente; pero mientras que sĂłlo en raras ocasiones Mondrian efectĂşa el cerramiento principalmente desde arriba y desde abajo, la mayorĂa de las obras complejas de despuĂ©s de 1933 comprometen la verticalidad excesiva y controlan (contienen) el canal central con bandas horizontales que crean formas de direcciĂłn horizontal a lo largo del centro de una obra flanqueada por formas principalmente verticales a lo largo de los lados. Este tipo de formato sĂłlo se realizĂł plenamente en Nueva York, pero la importancia de las revalorizaciones que comenzaron en los años parisinos posteriores a 1933 para la manera final de Mondrian es muy considerable.
Si la «explosiĂłn» del motivo de la cruz griega sugerĂa el camino hacia el nuevo cerramiento espacial de obras como ComposiciĂłn con azul de 1937, entonces el motivo original ha sido subsumido con Ă©xito en favor de la imagen total. SĂłlo con dificultad se impone la configuraciĂłn interna frente a la acentuaciĂłn del borde creada por la colocaciĂłn de las lĂneas exteriores tan cerca de los lĂmites de la superficie del lienzo. Pero, como en la mayorĂa de las obras de ParĂs (y a diferencia de la ComposiciĂłn con rojo, amarillo y azul), el acento vertical permanece y se apoya en un efecto de gravedad que consiste en agrupar las lĂneas para formar un borde en forma de U alrededor de esta composiciĂłn. En cambio, la mayor equivalencia de elementos verticales y horizontales en la ComposiciĂłn con rojo, amarillo y azul de Londres-Nueva York es tĂpica de las Ăşltimas obras de Mondrian. La preocupaciĂłn de Mondrian por los espacios cerrados a finales de los años treinta hace que se desarrolle este tipo de equivalencia vertical-horizontal, y se pueden rastrear los temas preocupantes de este periodo hasta las obras maduras de Nueva York, cuadros como Nueva York de 1941-42 y Nueva York I, de los mismos años, donde los efectos totales son el flanqueo de los bordes, el cerramiento central y algĂşn resto de Ă©nfasis vertical (a travĂ©s de la colocaciĂłn del color en forma de U en el primero y la proliferaciĂłn de lĂneas verticales en el segundo). Puede incluso afirmarse que Broadway Boogie-Woogie (1942-43) is a direct descendant of the various space-channel compositions of the thirties, though here, of course, the radical employment of a multi-colored grid, within which color can operate, resolves the problem of tensions between a differentiated linear and chromatic structure.
El uso de lĂneas de color en lugar de lĂneas negras fue anticipado a principios de los años treinta por la ComposiciĂłn con lĂneas amarillas (1933). Max Bill ha sugerido que las composiciones de rombos de Mondrian contienen implicaciones del tipo de extensiĂłn extrapictĂłrica que hemos observado en la ComposiciĂłn con azul y blanco, salvo que son sĂłlo las lĂneas y no los espacios los que se supone que se extienden.12 Sin embargo, si centramos nuestra atenciĂłn en los espacios (recordando al mismo tiempo las aparentes afirmaciones de Mondrian de que los fenĂłmenos secundarios eran incidentales a sus objetivos), entonces ComposiciĂłn con lĂneas amarillas, y algunos rombos comparables,13 exhiben el tipo de espacio cerrado de. otras obras de los años treinta; y de forma asertiva, pareciendo incluso subrayar ese «centro y todo vacĂo pasivo» de la composiciĂłn concĂ©ntrica. La palabra «concĂ©ntrico» se utiliza aquĂ deliberadamente, ya que esta composiciĂłn aparentemente sencilla revela sutilezas y ambigĂĽedades que tipifican de algĂşn modo la obra de los años treinta en su conjunto. Hay dos tipos de concentricidad en esta obra. Una se advierte al aceptar la lectura de Max Bill de que las bandas de color se extienden por el espacio circundante. En este caso, de todas las composiciones de rombos de Mondrian, Ă©sta es la más atrevida, ya que las cuatro supuestas «intersecciones» se producen fuera del cuadro e implican un espacio mayor que el presentado fĂsicamente y que se superpone a Ă©l, creando una especie de imagen centralizada octogonal en la que se encuentran lo real y lo imaginado. La otra aparece al considerar el carácter de las propias bandas: las dos bandas más anchas y las dos más estrechas se oponen en una diagonal y se reflejan en la otra, mientras que el aumento de la anchura de las bandas de derecha a abajo, a izquierda y arriba casi sugiere un movimiento en el sentido de las agujas del reloj que cobra impulso cuando se detiene (un efecto que se acentĂşa cuando la obra se cuelga siguiendo las instrucciones de Mondrian, «con el centro a la altura de los ojos de un hombre de pie y, si es posible, con la esquina inferior a la altura de los ojos “14 , cuando la sugerencia de una especie de movimiento ”cĂłsmico» es más pronunciada). En Nueva York, Mondrian le dijo a J. J. Sweeney que » . . es importante discernir dos tipos de equilibrio en el arte: (1) equilibrio estático, (2) equilibrio dinámico», y que aunque »siempre es natural que los seres humanos busquen el equilibrio estático … la vitalidad en la sucesiĂłn continua del tiempo siempre destruye este equilibrio. El arte abstracto es una expresiĂłn concreta de esa vitalidad «15. Curiosamente, se referĂa a sus obras de rombos; la descripciĂłn encaja bien con Ă©sta. En la misma entrevista, Mondrian hablĂł de la «lucha desesperada» por lograr el «movimiento dinámico en equilibrio». Este concepto habĂa sido formulado al principio de su carrera como artista abstracto: la idea de que «la expansiĂłn como aspecto exterior del poder primitivo activo da como resultado una creaciĂłn fĂsica-forma… . La forma se crea cuando la expansiĂłn está limitada. Si la expansiĂłn es fundamental (porque la acciĂłn se basa en ella) esto debe prevalecer en la representaciĂłn». Esto fue en el primer volumen de De Stijl.16 Y aquĂ continuĂł sugiriendo que la expansiĂłn y la limitaciĂłn eran los dos extremos de la creaciĂłn formal que requerĂan expresiĂłn en cualquier obra. La «lucha desesperada» por contener ambos extremos nunca es tan evidente como en la obra de los años treinta: un periodo, por un lado, de extremo refinamiento y sofisticaciĂłn del mĂ©todo, pero tambiĂ©n de ambigĂĽedad espacial tanto dentro como fuera del lienzo. La creciente complejidad de los efectos, utilizando lĂneas dobles y mĂşltiples, permitiendo que los llamados fenĂłmenos secundarios confundan la percepciĂłn de la composiciĂłn, hablan más de bravura que de equilibrio e implican cada vez más al espectador en su juego formal, situándose entre el equilibrio clásico de la pantologĂa neoplástica y el complejo pictorialismo del exiliado Mondrian, el pintor.
-John Elderfield
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NOTES IN ENGLISH
1. De Stijl, VI, 108.
2. Cf. Seuphor’s accounts of this period in: L’Art Abstrait, Paris, 1950; Dictionary of Abstract Painting, New York, 1958; Abstract Painting, New York, 1964. Additional information was kindly given me by Cesar Domela, Jean Gorin, Jean Hélion and Paule Vézelay. The principal Paris journals of this period concerned with abstraction are: Cercle et Carré (ed. Seuphor & Torres-Garcia), Nos. 1–3, 1929–30; Art Concret (ed. Van Doesburg, Hélton, et al), single number, 1930; Abstraction-Création-Art non-figuratif (ed. Herbin, Vantongerloo, et al), Nos. 1–5, 1932–36; Plastique (ed. Arp, Taueber-Arp, Domela, et al), Nos. 1–5, 1937–39.
3. Review by Zervos in No. 1, Jan. 1926, 16.
4. Quoted by Michel Seuphor, Piet Mondrian. Life and Work, New York, 1956, 151.
5. Cf. Clement Greenberg’s mention of Mondrian in “Modernist Painting,” Art and Literature, No. 4, Spring 1965.
6. Cf. Reyner Banham, “Mondrian and the Philosophy of Modern Design,” Architectural Review, CXXII, 729, October 1957, 227–229.
7. Cf. Richard P. Lohse, “Standard, Series, Module: New Problems and Tasks of Painting” in G. Kepes, Module, Symmetry, Proportion, London, 1966, 128–161.
8. Composition with Red, Yellow and Blue (Seuphor catalog, 387), Composition (S. 386), Composition (reproduced Frank Elgar, Mondrian, London, 1968, 201). All 1935–42.
9. Cf. the sketchbook page with composition diagrams by Mondrian discussed in Robert P. Welsh’s excellent catalog, Piet Mondrian, Toronto, Philadelphia, The Hague, 1966, 188.
10. “Schilderkunst en plastiek. Over contra-compositie en contra-plastiek.”
11. Cf. Welsh, Piet Mondrian, 202.
12. Cf. Max Bill, “Die Komposition 1/1925 von Piet Mondrian,” Jahresbericht 1956 der Zürcher Kunstgesellschaft.
13. Such as Composition 1 A, 1930 (S. 408) and the more complex Composition in a square with red, 1943 (S. 411); but not lozenges like Composition with Two Lines, 1931 (S. 409) which imply openness.
14. Inscribed by Mondrian on the back of the painting. Cited by L. J. F. Wijsenbeek, Piet Mondrian, London, 1969, 122.
15. J. J. Sweeney, Piet Mondrian, Museum of Modern Art, New York, 1948.
16. “De nieuwe beelding als stijl.”





