POÉTICA DE LA SOLEDAD

       JORGE CONTRERAS parece desvelar, en los mensajes encriptados de sus obras, la desaparición de los caminos en la humanidad actual. En apariencia, la quietud de sus bicicletas, parecen recordar al espectador el contexto desolador de otros rumbos en unas obras sobre el abandono, ya que el cuadro no solo se debe mirar con los ojos sino, también con el ánimo y dejar que nos cree un estado emocional.

       La presencia sin movimiento de una bicicleta pudiera ser la ausencia sin presencia del artista en un autorretrato donde se olvida las cualidades humanas de ser y estar entre unos planos y otros, como la del regreso con la intención de apostar por un creador que comienza a interrogarse sobre la manera de la existencia de la obra de arte y como puede manifestarse la igualdad entre el arte y la vida en solitario.

       JORGE CARDENAS pareciera autografiarse solo, porque un autorretrato en el sentido más simple y puro, es la auto representación del artista a través de un medio de expresión bien sea pintura, escultura, escritura, entre otros rasgos racionales y sensibles como la poesía o las delirantes confesiones de los caos antes de la reinvención de la simbología plástica que lo enmarcan: La belleza interior.

       Para un artista el manejo de los símbolos es algo fundamental que no puede ser desplazado y que, por el contrario, pasa a un primer plano para darle el mayor realce a la cara oculta del arte. Una bicicleta desmontada es más que un aviso de estar abandonada, está sola, triste, a lo mejor en espera de algo o alguien, quizá la parada de las ilusiones como como una sensación de metáfora de fin de mundo.

       JORGE CONTRERAS viene recreando panoramas desoladores, aunque sean obras que cobran vida más allá de quien las recrea, obras de las que nos puede cambiar en las horas y los días dentro de las antologías visuales sobre el viaje eterno cuyo retorno es una aventura, sin saber lo que va a suceder, que se convierte en formalidad. Acaso su pulso como pintor está pendiente de la fuerza intrínseca del forcejeo estilístico.

       Pese a que la naturaleza de lo visual sugiere una imagen que cada receptor adivina de manera extremadamente diferente, la representación se afirma esencialmente como un fenómeno del objeto físico, corpóreo. Una imagen fija, invariable que se le expone ante nuestros ojos y permanece inalterable en el paisajismo donde el arte podría entenderse como la unidad indivisible que sirve a la conciencia del contexto universal.

       JORGE CONTRERAS ha trabajado paralelamente objeto y pintura desde sus primeras obras alusivas a la relación objeto y memoria. A veces lo más superficial permite al espectador ponerse en contacto con el afecto y el mundo interior de los individuos que viajan por el agua gracias a las olas y el viento en atmósferas de segundos planos como asociaciones en direcciones contrapuestas.

                                                       Viajes y viajeros

       JORGE CONTRERAS es tan figurativo como abstracto. Lo más difícil para un artista es describir con formas concretas sus abstracciones cuando provienen de la inmaterialidad de sus sentidos. Posible utopía cuando los medios de comunicación desarrollados son los elementos de expresión plástica que se dejan ver. Sus bicicletas comportan un semblante equivalente y en ocasiones destaca de ellas el regreso.

       En una especie de paisaje imaginado, o tal vez recreado, evoca el halito de vida. Acaso la memoria que permanece en los lugares. Su campo de visión abarca panoramas surreales entre la visibilidad y la invisibilidad de unas atmósferas cargadas de lo frágil y lo efímero de la vida misma. Frente a todos estos seres que habitan sobre espejos de aguas, los cielos se asoman para dar a luz a esas oscuras entrañas de la memoria visual.

      

JORGE CONTRERAS es un artista que no narra sucesos, ni hace mención a acciones momentáneas, sino que nos traslada a un pasado cuyas imágenes que quedaron fijas en la memoria. Como pintor ha sabido mantenerse fiel a su propuesta artística trabajando con dedicación, reflexionando sobre los temas planteados y demostrando que el oficio del artista se logra con perseverancia.

        Cabe resaltar, además de su apariencia poética, como un guiño de ironía se deja ver frente a este vacío de personajes y expresividades puestas a la desorientación del dibujo y la desintegración de la pintura. Cierta fantasía, que se desvanecen en los aires de perspectivas del futuro, renueva lo pictórico. Elegir entre el “que” y el “como” la pintura desaparece para volver a aparecer como una magia de sucesión de acciones.       

       JORGE CONTERAS con su pintura consigue transmitir al espectador una intensa sensación de desasosiego, ya que plantea una reflexión sobre la suerte de la pintura y el artista-sujeto donde la supervivencia parece una frase metafórica sobre el abandono encarnado en la tela. No hay efecto plástico sin plano pictórico, ni plano pictórico sin efecto plástico bajo ésta deslumbrante plenitud figurativa, escenográfica, ilusionista.

       Despojada de anécdota, esencializada al máximo, la realidad -que sigue siendo ficticia- se reduce a un mínimo detalle, a una especie de paisaje humano, por decirlo de alguna manera. Lo que llama poderosamente la atención de quienes se refieren a las imágenes de la vida diaria, sea de carácter documental, descriptivo, técnico, o psicológico, son sus ideas simples, resumibles en una línea autobiográfica.

       JORGE CONTRERAS pinta en realidad la violación de los derechos humanos. En un espacio imaginario denuncia los signos que forman junto con el fondo una sólida unidad de las partes. Tanto el sujeto como el objeto son evidencia o razones para destacar la escena artística. No cabe duda de que existe un concepto que, por encima de cualquier otro, define su valoración simbólica. Carlos Sánchez Fuenmayor/Crítico de Arte. Venezuela