Marchantes
Uno de los riesgos laborales de los coleccionistas de arte son sus encuentros con cierto tipo de marchantes. Presuntuosos, hambrientos de poder y mecenazgo, estos adalides del buen gusto estarían mejor vestidos de traje a la puerta de la discoteca, permitiendo el paso a los que visten de terciopelo. Su comportamiento distancia a los coleccionistas emergentes de una relación con la visión del artista. A estos marchantes les gusta sentir que ellos controlan el mercado. Pero, por definición, una vez que el artista tiene movimiento en el mercado, deja de estar controlado. Por ejemplo, hace poco un prominente marchante neoyorquino dijo que desaprobaba el fuerte mercado de las subastas, porque permitía a los coleccionistas saltarse la cola de su “lista de espera”. Así que en vez de celebrar el éxito económico de un artista, se sienten castrados con cada pérdida en su poder de base. Y después están los marchantes visionarios, sin los cuales muchos de los grandes artistas de nuestro siglo habrían pasado desapercibidos.

Charles Saatchi (9 de junio de 1943) es el co-fundador con su hermano Maurice de la mundial agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, y llevó ese negocio como la agencia de publicidad más grande del mundo, agencia en la década de 1980, hasta ser expulsados en 1995. En el mismo año los hermanos Saatchi formaron un nuevo organismo llamado M&C Saatchi. Charles también es conocido en todo el mundo como un coleccionista de arte y propietario de la Saatchi Gallery, y en particular por su patrocinio de los Young British Artists , entre ellos Damien Hitrst y Tracey Emin.

Entrevista a Saatchi:
A usted se le ha definido tanto como “supercoleccionista” como “el marchante de arte más exitoso de nuestros tiempos”. Echando un vistazo a los últimos veinte años, ¿cómo describiría sus actividades?
Charles Saatchi: ¿A quién le importa cómo se me haya definido? Los coleccionistas de arte son absolutamente insignificantes en el esquema general. Lo que importa y sobrevive es el arte. Yo compro el arte que me gusta. Lo compro para exhibirlo en exposiciones. Después, si me apetece, lo vendo y compro más arte. Como llevo haciendo esto durante 30 años, creo que la mayoría de la gente del mundo del arte entiende el concepto. Eso no significa que haya cambiado mi idea sobre el arte que finalmente vendo. Sólo quiere decir que no quiero atesorar todo para siempre.

Su práctica de comprar obras de artistas emergentes ha resultado ser muy contagiosa, y podría decirse que es la única gran influencia en el mercado actual, porque muchos otros, tanto coleccionistas veteranos como nuevos inversores, están siguiendo su línea, provocando el aumento brusco de la obra de jóvenes, y relativamente desconocidos, artistas. ¿Acepta ser responsable de gran parte de la naturaleza especulativa del mercado del arte contemporáneo?
CS: Espero que sí. Los artistas necesitan muchos coleccionistas, de todo tipo, que compren su arte.

¿Cree que esta especulación ha inflado los precios del arte contemporáneo en la última década? ¿Cree que la burbuja estallará pronto?
CS: Sí. No.

¿Siente cierta responsabilidad personal sobre los artistas cuya obra colecciona? Artistas que se beneficiaron de su patronazgo a finales de los 70 y principios de los 80, como Sean Scully o Sandro Chia, se sintieron traicionados cuando usted sacó su obra en masa al mercado. En el caso de Chia, se le ha acusado a usted de haber destrozado su carrera. ¿Se arrepiente de cómo ha manejado las obras de estos artistas?CS: No compro arte para congraciarme con los artistas, o para entrar en los círculos sociales. Por supuesto, hay artistas que se molestan si vendes su obra. Pero no les ayuda quejarse sobre ello, y contárselo a todo el que quiera escuchar. Sandro Chia, por ejemplo, es más famoso por haber desbordado el mercado. Leí que yo había inundado el mercado con 24 de sus pinturas. En realidad, sólo he poseído 7 pinturas de Chia en mi vida. Una mañana ofrecí 3 de ellas a Angela Westwater, su marchante de Nueva York a quien yo se las había comprado en origen, y 4 a Bruno Bischofberger, su agente en Europa, a quien también se las había comprado yo antes. La obra de Chia era tremendamente deseada en ese momento y las 7 pinturas acabaron en grandes colecciones o museos al final de ese día. Si Sandro Chia no hubiese tenido la necesidad psicológica de haber sido rechazado en público, este tema nunca se habría considerado de mucho interés. Si un artista produce buena obra, aunque alguien venda un grupo de obras importantes, esto no tiene porqué hacerle perjuicio alguno, y de hecho puede estimular el mercado.

¿Qué busca cuando va a comprar una obra de arte?
CS: No hay normas que yo sepa.

¿De quién, si es que hay alguien, escucha consejos cuando compra arte?
CS: No hay nadie que pueda aconsejarte cuando llevas ya un tiempo coleccionando arte. Si no disfrutas tomando tus propias decisiones, no llegarás a ser un buen coleccionista. Sin embargo, esto no ha frenado la creciente armada de consejeros de arte que crean portfolios de colecciones para sus clientes.

Cuando usted expresa interés en un artista, el mundo del arte toma nota inmediatamente. El resultado es un aumento de los precios. ¿Alguna vez ha comprado obras anónimamente para prevenir que esto suceda?
CS: No.

¿Le preocupa su influencia en el gusto cuando afecta al arte británico contemporáneo? ¿No le inquieta que sus compras (o ventas) tengan tal impacto en el mercado? ¿O , por el contrario, disfruta de ello?
CS: Nunca pienso demasiado en el mercado. No me importa pagar tres o cuatro veces el valor de mercado de una obra que realmente me gusta. Sólo hay que preguntar a las casas de subastas. En cuanto a la preocupación por el gusto, como afirmé antes, primeramente compro arte para mostrarlo. Así que para mí es importante que el público responda a ello y al arte contemporáneo en general.

¿De qué disfruta más: de la búsqueda que supone crear una colección o
del placer de poseer importantes obras de arte?
CS: De ambas cosas.

¿Cómo decide qué vender y cuándo venderlo?CS: No hay una lógica o patrón en el que pueda confiar. No tengo un apego romántico a “lo que pudo haber sido”. Si me hubiera quedado con todas las obras que he comprado en mi vida me sentiría como Kane sentado en Xanadu rodeado de su botín. Es suficiente saber que he poseído y he exhibido tantas obras maestras de nuestro tiempo.

¿Cree en la filantropía? ¿Cree que la gente con dinero y éxito tiene una responsabilidad con la sociedad?
CS: Los ricos siempre estarán con nosotros.

Usted presta generosamente obras para exposiciones. Sin embargo, algunas de susdonaciones a escuelas de arte o institutos se diría que son un modo de purgar su colección de obras de segundo nivel que no se venderían fácilmente. ¿Es un razonamiento justo?
CS: Los artistas cuya obra he donado a colecciones nacionales probablemente no le agradecerían el juicio que acaba de hacer sobre sus obras. Y, por ejemplo, los 4 paneles que conforman la obra de Glenn Brown que doné a el Arts Council habría sido fácil de vender, y por unos 500.000 dólares. Por supuesto que me gustan las obras que regalo; de otro modo nunca las hubiera comprado. Pero, ¿sería yo una persona mejor si regalase las obras más conocidas de mi galería?

¿Qué le hizo decidirse a abrir una galería al público? ¿Sentía que era un deber público o fueron razones más pragmáticas?
CS: Me gusta exhibir el arte que me gusta.

¿Alguna vez se ha enamorado de la obra de un artista cuya obra no fuera vendible, por ejemplo, de una performance o de una instalación en la que se emplee un público masivo?
CS: Muchas de las ambiciosas obras de jóvenes artistas terminan en el contendor después de su debú en el almacén. Así, una vitrina conteniendo una cabeza de vaca cubierta por moscas de un artista desconocido sería fácilmente invendible. Hasta que el artista se convierte en una estrella. Entonces puede vender todo lo que toque. En general, las instalaciones como la habitación de aceite de Richard Wilson [comprada por Saatchi en 1990] sólo se puede comprar si tienes un lugar donde exponerla. Siempre me he sentido intimidado por Dia, por hacer posibles tantas obras de land-art e instalaciones para lugares específicos; ésa es la excepción –un coleccionista cuyo significado sobrevive. En pocas palabras, a veces tienes que comprar arte que no tendrá valor para nadie excepto para ti, porque te gusta y crees en ella. El coleccionista que más he admirado en mi vida, el conde Panza di Biumo, encargó enormes instalaciones de Carl Andre, Donald Judd y Dan Flavin en un momento en que nadie, excepto algunos pocos bichos raros, estaban interesados.

¿La obra de qué artistas está expuesta en su casa? ¿Cambia habitualmente las obras que tiene allí? ¿Hay alguna sección de favoritas?
CS: Mi casa es un lío, pero cualquier día de éstos nos decidiremos a colgar alguna de las pilas de pinturas que se amontonan en el suelo.

Exceptuando las exposiciones de su galería, ¿cuáles han sido sus tres muestras favoritas, tanto en museos como en galerías, en los últimos veinte años?
CS: Me voy a limitar a las exposiciones que no han sido superéxitos/bombazos, así que quedan fuera la exposición de Picasso en el MoMA o la de El Greco en la National Gallery o cualquier otra de la docena de exposiciones espectaculares con las que me he deleitado.
1. Clyfford Still en el Metropolitan Museum de Nueva York (1980).
2. Jeff Koons en la International with Monument Gallery de Nueva York (diciembre de 1985).
3. Exposición de graduación del Goldsmiths College (1997).

¿Por qué no asiste a sus inauguraciones?CS: No voy a las inauguraciones de otros, así que tengo la misma cortesía conmigo mismo.

¿Le sorprendió que la National Gallery de Australia se decidiese por no realizar la exposición de “Sensation” en el 2000? ¿Cómo responde a la razón argumentada por el director para la cancelación de la misma, referida a la “ética del museo” en relación al borroso límite entre los intereses públicos y privados? El entonces director, Brian Kennedy, incluso escribió un ensayo sobre la ética del museo, sobre el que dirigió la atención de los medios. ¿Cree que el asunto implicaba una cuestión ética?
CS: La National Gallery se desentendió de “Sensation” porque en Nueva York estaba causando un gran revuelo, y algunos de los políticos locales decidió bajarse del carro. Brian Kennedy cedió; quién puede culparle. La vida es lo suficientemente dura como para buscar además ser un héroe. Pero el recurso a la “ética del museo” fue un recurso débil para intentar levantar una cortina de humo. El motivo central fue el poder de grupos religiosos, que se enfurecieron por la Virgen Negra cubierta por excremento de elefante.

¿Fue usted mismo quien incendió su almacén repleto de obras artísticas o contrató a un pirómano profesional?
CS: Cuando los primeros pesados sin gracia me vinieron con este tema no me resultó divertido. Ésta es la centésima vez.

Un ejecutivo de publicidad se centra en la novedad, el impacto y la actualidad como blancos del mercado. Mucha gente diría que estas características definen su colección. Un coleccionista serio se basa en la calidad, la capacidad de trascendencia en el tiempo, destreza y cierta significancia histórica. ¿Hasta qué punto cree que estos criterios divergentes pueden entrar en conflicto?
CS: La teoría del “hombre publicidad” es muy atrayente, muy popular entre los comentaristas. Sin embargo, el esnobismo de aquéllos que buscan un beneficio en el arte pertenece a la esfera de almas cándidas de sensibilidad enrarecida que nunca consiguen divertirse. El cielo previene a las almas “mercantiles” de entrar en los sagrados campos de la Estética.  Me gusta trabajar en publicidad, pero no creo que mi gusto artíctico se haya formado exclusivamente con los anuncios de televisión. Y no me siento en conflicto si un día disfruto de Mantegna, al día siguiente de Carl André, y al siguiente de la obra de un estudiante.

¿Qué opina de el gran cambio en la estética externa de la arquitectura de los museos? ¿Le resta mérito al arte en sí mismo o es necesario para atraer a una mayor audiencia? ¿Cree que estamos viviendo el fin del cubo blanco como espacio galerístico, debido a la naturaleza del arte moderno?
CS: Si el arte no puede lucir bien excepto en los asépticos espacios distados por la moda de los museos de los últimos 25 años, entonces está condenado a un vocabulario limitado. Generalmente es más interesante ver arte en edificios apropiados para ello, como el Schaffhausen de Suiza, o el Arsenale de Venecia, o el señalado edificio que alberga “Zeitgeist” en Berlín. Estos edificios son suficientemente flexibles para todo lo que un artista quiera hacer, y a veces con un resultado mucho mejor que cualquier lugar de moda del momento. Así que, aunque uno o dos “Bilbaos” son emocionantes, no creo que sea una gran cosa gastar millones en crear palacios idénticos y austeros en todas las ciudades del mundo, en vez de usar ese dinero en comprar arte. Si lo que buscas es un “lugar de encuentro” que traerá hordas felices a tu ciudad, probablemente Frank Gehry es sin duda una muy buena opción.

Blake Gopnik, el director de crítica de arte del Washington Post, ha declarado que “la pintura está muerta y lleva muerta 40 años. Si quieres ser considerado un artista contemporáneo serio, lo único que deberías crear es vídeo o fotografía manipulada”. ¿está de acuerdo y por qué?
CS: Es cierto que la pintura contemporánea responde a la obra creada por video-artistas o fotógrafos. Pero también es cierto que la pintura contemporánea está influenciada por la música, la literatura, la MTV, Picasso, Hollywood, los periódicos, los antiguos maestros. Pero, a diferencia de los pesos pesados del mundo del arte y de sesudos pensadores, yo no creo que la pintura sea de clase media y burguesa, incapaz de decir ya nada interesante, demasiado impotente para defender su dominio. Para mí, y para todo el mundo cuyos ojos disfrutan con el arte, nada es más edificante que colocarse ante una buena pintura, tanto si ha sido pintada en 1505 como si lo fue el pasado martes.

¿Es la pintura mejor inversión que los tiburones en formaldehído? El tiburón de Hirst para haberse marchitado mucho, pero un lienzo de Peter Doig se verá todavía estupendo dentro de 10 años y es mucho más fácil de restaurar.
CS: No hay reglas en la inversión. Los tiburones pueden estar bien. El excremento de artista puede estar bien. El óleo sobre lienzo puede estar bien. Hay un pelotón de restauradores ahí fuera esperando a cualquier cosa que el artista desee realizar.
En la cima del mercado del arte, los espacios públicos y privados han llegado casi a ser intercambiables. Por ejemplo, en “in-A-Gadda-Da-Vida”, exposición en Nueva York de Damien Hirst, Sarah Lucas y Angus Fairhurst que se había presentado ese mismo año antes en la Tate Britain, la mayoría de las obras expuestas estaban a la venta y provenían únicamente de dos marchantes: Jay Jopling de White Cube y Sadie Coles.

¿Cree que puede haber un conflicto de intereses en un museo creado con fondos públicos que se utiliza como lugar de ventas?
CS: Me gusta todo aquello que ayude al arte contemporáneo a conseguir una audiencia mayor. Sin embargo, a veces las exposiciones son tan tristes que disuaden al público. Muchos comisarios, e incluso el original jurado del Premio Turner, organizan shows que carecen de atractivo visual, luciendo su profunda impenetrabilidad como una insignia de honor. Minan cualquier esfuerzo de animar a la gente a disfrutar del arte nuevo. Así que aunque no me encantó “In-A-Gadda-Da-Vida”, fue interesante ver en la Tate algo fresco llegado directamente del estudio de los artistas. Ayudó a que la Tate fuera más relevante para os artistas de hoy. Por supuesto que las obras provenían directamente de los marchantes –eran artistas completamente nuevos. En todo caso, ¿qué hay de malo en que Jay Jopling se hiciera un poco más rico?

¿Cómo valora la actuación de la Tate como museo de arte contemporáneo?
CS: Obviamente la Tate Modern es un estupendo regalo para Gran Bretaña, y Nicholas Serota [director de la Tate] es mi héroe, por haberlo llevado a cabo de forma tan magistral. Me gustan algunas exposiciones de la Tate, pero muchas son decepcionantes. Los comisarios deberían salir más y ver más estudios y más exposiciones locales. Evidentemente carecen de ambición curatorial aventurera. Y para que llamen a comisarios de fuera para que seleccionen obras en la Frieze para la colección de la Tate… La última instalación de la Sala de Tubinas de la Tate o el Premio Turner no son suficientes para generar interés. La Tate parece que tristemente se ha desconectado de la comunidad artística británica. Tendría que haber reflejado la energía y diversidad del arte británico de los últimos 15 años tanto en las exposiciones como en la política de compras. Curiosamente, los museos europeos y norteamericanos tienen más interés en mostrar los logros del último arte británico.

¿Por qué los museos del extranjero tienen mejores colecciones de arte británico que la Tate?
CS: Porque los comisarios de la Tate no sabían lo que miraban durante los primeros años 90, cuando con un mínimo presupuesto se habrían podido comprar muchas grandes obras. Pero yo no soy mejor. Muchas veces me encuentro a mí mismo descubriendo arte que antes había pasado de largo o simplemente ignorado.

Mirando al futuro, ¿qué cree usted que quedará dentro de 100 años del arte británicodel siglo XXI? ¿Quiénes son los artistas que pasarán la prueba del tiempo?
CS: Los libros generales de arte del año 2105 serán tan despiadados con finales del siglo XX como lo son con casi todos los otros siglos. Todos los artistas que no sean Jackson Pollock, Andy Warhol, Donald Judd y Damien Hirst serán una simple nota a pie de página.

Quizá su gran legado sea que usted, más que nadie, ha sido el responsable del lanzamiento del arte moderno y contemporáneo en la corriente cultural dominante del Reino Unido. El arte contemporáneo se discute hoy incluso en los taxis y el gobierno piensa en “tanques”. ¿Se propuso desde el principio conseguir esto?
CS: Sí.

¿Qué opina del mundo del arte?
CS: David Sylvester [crítico fallecido] y yo solíamos jugar a un pequeño juego tonto. Nos solíamos preguntarnos con quién de los siguientes –artistas, comisarios, marchantes, coleccionistas o críticos- nos gustaría menos permanecer en una isla desierta durante unos años. Por supuesto, pronto nos venía a la mente algún ejemplo repelente de cada categoría, y la selección siempre cambiaba, dependiendo de con quién nos habíamos encontrado la semana anterior y nos había aburrido más.

Saatchi promueve el arte joven de EEUULa nueva exposición de Saatchi en la Royal Academy de Londres tiene lugar casi diez años después de la polémica Sensation, que tanto escandalizó por montajes como el retrato gigante de una asesina de niños y una representación de la Virgen María al lado de imágenes de revistas pornográficas. Se convertía así en el mecenas de la nueva e irreverente generación de artístas británicos, con Damien Hirst yTracey Emin entre sus más internacionales exponentes. Ahora es el turno de la última hornada de creadores norteamericanos en USA Today, que también se puede ver en la Royal Academy y donde solo aguantará un mes, hasta el 4 de noviembre. Como era previsible, el escándalo ha vuelto a rodear a las propuestas del publicista reconvertido en coleccionista Charles Saatchi. La crítica no es nueva: el contenido iconográfico de las obras ha vuelto a molestar e incluso se le ha hechado en cara que los artistas seleccionados no sean británicos.

LIBRO EN EL QUE QUEDA DEFINIDA SU PERSONALIDAD.

Desde un primer momento el título del libro, Me llamo Charles Saatchi y soy un Artehólico, te seduce ya que aparecen en el mismo dos elementos que a quien más quien menos nos suenan interesantes y controvertidos: Charles Saatchi y Artehólico. El subtítulo “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el arte, la publicidad, la vida, Dios y otros misterios y no temió preguntar…” incrementa la curiosidad y te hace intuir el tono de la batería de preguntas que componen el libro.

En esta entrevista ampliada Saatchi nos va llevando a través de las preguntas que distintos críticos y periodistas de renombre y prestigio, así como el público general, le van haciendo. El resultado es un recorrido ideológico e ideario personal al que contesta sobre su visión del mundo sin pudor ni tapujos a toda clase de curiosidades, e incluso intimidades, que tienen que ver con su vida, la publicidad, sus gustos alimenticios, sus relaciones institucionales y su vida con su pareja, la conocida Nigella.

Resulta un manual desenfadado de cómo llegar a ser Charles Saatchi, un personaje público muy controvertido que ha realizado intervenciones en el mundo del arte tan polémicas como su inolvidable Sensation.
Hay que destacar también que el autor, además, no suele acceder a ningún tipo de entrevistas, de hecho y como cuenta en el libro el coleccionista artehólico ni siquiera asiste a sus inauguraciones.

Varias cosas nos quedan claras tras su lectura: que el arte le apasiona, las exposiciones por lo general le aburren y que, eso defiende en el libro, sólo le interesa el arte que le emociona. Sus controvertidas compras y ventas según parece nada tienen que ver con el mercado y, sobre todo, el autor no tiene ningún tipo de remordimientos en sus posibles influencias en el mercado o en la carrera de los artistas. Cosas más que cuestionables pero que Saatchi, creador de una de las empresas más prestigiosas de publicidad Saatchi&Saatchi, nos vende con guante blanco.


GAGOSIANLawrence Gilbert Gagosian nació en el condado de Los Ángeles el 19 de abril de 1945. Con sus escasas apariciones públicas y contadísimas declaraciones, la vida y avatares del más famoso marchante de arte del mundo son un enigma.La biografía del pintor Jean-Michel Basquiat (A quick killing in art) escrita por la periodista Phoebe Hoban, arroja algo de luz sobre los primeros años de Gagosian. En 1979, abría su propia galería en Los Angeles especializada en arte moderno, y se estrenaba vendiendo obras al multimillonario constructor angelino Eli Broad. Un lustro después ampliaba su radio de actividades a Nueva York, con la apertura de una galería en el barrio de Chelsea . Hacia 1996 se convirtió en co-propietario, junto con Leo Castelli, de otra galería en el número 65 de Thompson Street, donde solían montar exposiciones sobre piezas de grandes dimensiones, como las esculturas en bronce decorado de Roy Lichtenstein. Dos años más tarde, Gagosian se adjudicaba en Sotheby´s, un Jasper Johns (False Start) que se remató en 17 millones de dólares, récord entonces para el artista.
Que las crisis económicas son el mejor momento para conquistar nuevos mercados es una verdad empresarial universalmente demostrada. Y en eso, el planteamiento de Gagosian no difiere del de otras empresas. El pasado 20 de octubre, coincidiendo con la celebración de la feria FIAC en París, Larry Gagosian inauguraró su novena galería en la capital francesa. Cuenta con una superficie de 900 metros cuadrados y está ubicada en el distrito 8 de París, en la zona conocida como triángulo de oro, entre la avenida Matignon y los Campos Elíseos, a escasos pasos de la sede de Christie´s.  El centro ha sido diseñado por los estudios de  Jean-François Bodin y el de Caruso St John. Ambos han transformado un edificio de viviendas en una galería de arte contemporáneo.
Para su debut preparó dos exposiciones: las últimas creaciones de Cy Twombly,  y una antológica sobre el pionero del diseño Jean Prouvé. La estrella será Metropole, la casa de aluminio diseñada por Prouvé que busca nuevo dueño por 2,2 millones de euros.
Gagosian, que admitió que «invertir en arte también puede ser una mala inversión» (Coleccionar Arte Contemporáneo, Adam Lindemann. Taschen) ha sido el responsable de muchos récords conseguidos en los últimos tiempos en las subastas gracias a clientes como Charles Saatchi o el actor Steve Martín.Nombrado por ArtReview la segunda personalidad más influyente del mundo del arte (desbancado solo por François Pinault, presidente del conglomerado de marcas de lujo LVMH), Gagosian es el epítome del tiburón de los negocios americano.

Robar artistas
Gagosian, quien no oculta que vive mejor que muchos de sus clientes, es alabado por sus ambiciosas exposiciones y los riesgos económicos que asume con algunas de ellas (como con Torqued Ellipses de Richard Serra), al tiempo que sus fórmulas poco ortodoxas son objeto de críticas y sarcasmos: no duda  en ofrecer a sus clientes, obras de arte que, en ese preciso momento, todavía no pertenecen a su galería, o en «robar» artistas a otras galerías haciéndoles. Con más de tres décadas de carrera a sus espaldas, su reputación se ha cimentado gracias a un programa de exposiciones sin parangón protagonizado por leyendas como Francis Bacon, Constantin Brancusi,  y Alexander Calder. Todas sus exposiciones van acompañadas de una sofisticada puesta en escena, la edición de catálogos académicos y enjundiosas monografías. El año pasado su exposición Picasso: Mosqueteros, en la sede de Nueva York, atrajo a más de 100.000 visitantes.
Nadie cuestiona su célebre sagacidad, pero no es raro leer duros reproches por su nula capacidad para relacionarse con los demás. El guitarrista de Sonic Youth, Kim Gordon, que trabajó para Gagosian cuando éste aún vendía litografías en Los Angeles, confesó «era un gilipollas. Solía gritarnos desaforadamente, por lo que trabajar con él, fue una experiencia muy dolorosa». Otro ex empleado que trabajaba para Gagosian en 1980, John Seed, escribe en su página web las siguientes lindezas del marchante: «Lo que llamaba la atención era ver que su grosería fuera aceptada con absoluta normalidad por algunos de sus clientes».Abu Dhabi, nuevo punto caliente
Gagosian mostrará por primera vez al público algunos de los fondos que atesora en su colección particular en Manarat Al Saadiyat. La elección de este lugar no es inocente, pues no en vano este nuevo espacio expositivo levantado en el distrito cultural de Saadiyat Island, en Abu Dhabi, aspira a convertirse en el máximo destino cultural del mundo con cerca de 27 kilómetros cuadrados. El día de la inauguración de esta muestra,  el galerista declaró: «Estoy encantado de poder exponer parte de mi colección aquí, y espero ser testigo del desarrollo de Abu Dhabi en la escena artística mundial»,Sus amigos Koons y Hirst
En su elegante apartamento de Nueva York, y en su residencia campestre en los Hamptons, Gagosian celebra animadas veladas veraniegas para sus amigos, entre ellos el rolling Mick Jagger y el productor de cine David Geffen. No es extraño ver sus fotografías colgadas en internet. A algunas de ellas invita a sus artistas, la cuadrilla de la galería, que encabezan los super mediáticos Damien Hirst, Jeff Koons y Julian Schnnabel.

La Gagosian Gallery presenta The Complete Spot Paintings 1986-2011 by Damien Hirstuna gran exposición dedicada a las pinturas de Hirst organizada simultáneamente en las once sedes con las que cuenta en las ciudades de Nueva York, Londres, París, Los Ángeles, Roma, Atenas, Ginebra y Hong Kong.A partir de la primera ‘spot painting’ (pintura de puntos) de 1986, pasando por cuadros monumentales donde los colores se repiten, llegando a los trabajos más recientes, algunos de los cuales incluyen puntos de sólo 1 milímetro de diámetro, esta exposición presenta el característico mundo de los puntos de Damien Hirst en un contexto inédito.

                                   Jose Antonio García Martínez