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Passports, de Keisha Scarville: identidad, migración y resistencia frente a la imagen burocrática

Passports, de Keisha Scarville

Passports, de Keisha Scarville: identidad, migración y resistencia frente a la imagen burocrática

En Passports, Keisha Scarville convierte una fotografía destinada originalmente a identificar, clasificar y controlar a una persona en el núcleo de una investigación profundamente íntima sobre migración, memoria, ciudadanía y pertenencia. Publicado por MACK en 2026, el libro se construye alrededor de la primera fotografía de pasaporte de su padre, tomada en Guyana antes de su emigración a Estados Unidos. Scarville ha reinterpretado esa imagen más de trescientas veces mediante pintura, collage, fragmentos fotográficos, cuentas, pan de oro, brillo y otros materiales.

La repetición no funciona aquí como copia mecánica. Cada transformación abre una posibilidad distinta de leer el rostro paterno. La imagen de pasaporte deja de ser un documento estable y se convierte en una superficie vulnerable, fragmentada y cambiante. Scarville cuestiona así la supuesta neutralidad de la fotografía burocrática: el pasaporte parece limitarse a registrar un rostro, pero en realidad participa en sistemas que determinan quién puede cruzar fronteras, quién pertenece a una nación y bajo qué condiciones una identidad resulta legible para el Estado.

Passports, de Keisha Scarville

El pasaporte como dispositivo de poder

La fotografía de identidad pretende ofrecer una representación objetiva. Exige frontalidad, inmovilidad, expresión contenida y un fondo neutral. El sujeto debe aparecer separado de su historia, su comunidad y su entorno. Sin embargo, Passports demuestra que ninguna imagen es completamente neutral.

El retrato del padre contiene más de lo que el documento puede reconocer: su juventud en Guyana, el proceso migratorio, la experiencia racial en Estados Unidos, la transformación de su sentido de pertenencia y la relación posterior con su hija. Al intervenir repetidamente la fotografía, Scarville devuelve al rostro aquello que el procedimiento burocrático había excluido: tiempo, materia, afecto, contradicción e incertidumbre.

El título en plural, Passports, resulta significativo. No se refiere únicamente a distintos documentos, sino a múltiples versiones de una persona. El padre no posee una identidad única y definitiva. Es simultáneamente guyanés, inmigrante, estadounidense, hombre negro, padre, archivo familiar y presencia afectiva. Cada intervención funciona como un pasaporte simbólico hacia una dimensión diferente de esa existencia.

Passports, de Keisha Scarville

Migración y desdoblamiento identitario

El punto de partida conceptual del proyecto es una conversación en la que el padre declara que ya no se considera guyanés, sino estadounidense. Esa afirmación revela la complejidad de la asimilación: emigrar no significa simplemente trasladarse entre territorios, sino reorganizar la relación con el pasado, el cuerpo y la identidad.

Las fragmentaciones, cortes, superposiciones y borramientos presentes en el libro visualizan ese proceso. Los rostros divididos sugieren identidades desdobladas; la eliminación de ojos o boca evoca pérdida de visibilidad, silencio y dificultad para nombrarse; las nuevas capas incorporadas al retrato representan las presiones culturales y sociales que modifican al individuo migrante.

Estas intervenciones no deben entenderse necesariamente como ilustraciones literales. Funcionan como operaciones poéticas. Scarville no pretende ofrecer una cronología cerrada sobre la experiencia de su padre, sino construir una gramática visual de la migración: cortar, desplazar, cubrir, recomponer, duplicar y volver a mirar.

La propia artista ha descrito su práctica como una exploración de la ausencia, el cuerpo elusivo y los efectos transformadores de la migración, vinculando esas preocupaciones con su herencia caribeña y estadounidense.

Passports, de Keisha Scarville

El archivo familiar como espacio vivo

El libro combina las intervenciones sobre la fotografía de pasaporte con imágenes de archivo tomadas entre las décadas de 1960 y 1980 en Guyana y Nueva York, autorretratos del padre, fotografías realizadas por Scarville, paisajes guyaneses y fragmentos de conversaciones familiares.

Esta estructura amplía el concepto tradicional de archivo. El archivo no aparece como un depósito objetivo de evidencias, sino como un espacio incompleto, emocional y sujeto a reinterpretación. Scarville no intenta reconstruir el pasado de manera definitiva. Trabaja desde sus vacíos.

Las zonas blancas, los rostros parcialmente ocultos y las fotografías incompletas reconocen que toda historia familiar contiene silencios. El objetivo no es llenar artificialmente esos vacíos, sino hacerlos visibles. En este sentido, el libro trabaja tanto con lo que la imagen muestra como con aquello que no puede recuperar.

Las manos desempeñan un papel especialmente importante. La mano que sostiene la fotografía señala que el archivo nunca llega hasta nosotros de manera intacta: alguien lo guarda, lo selecciona, lo toca y lo interpreta. El gesto de sostener la imagen también convierte la investigación histórica en un acto afectivo. Scarville no estudia a un sujeto distante, sino a su padre.

Passports, de Keisha Scarville

Fotografía, collage y materialidad

Uno de los debates provocados por Passports consiste en determinar si una obra basada en la intervención reiterada de una sola fotografía continúa siendo fotografía. La respuesta depende de abandonar una definición reducida del medio.

La fotografía contemporánea no se limita al instante de la toma ni a la preservación de una imagen técnicamente pura. Incluye procesos de edición, secuenciación, apropiación, montaje, reproducción, intervención y circulación. En Passports, la fotografía funciona como materia prima, documento, objeto, memoria y superficie de conflicto.

La pintura, el collage, el pan de oro y otros materiales no anulan la fotografía; revelan sus límites. Scarville no destruye la imagen original, sino que la obliga a producir nuevos significados. La fotografía deja de presentarse como una ventana transparente hacia la realidad y se manifiesta como un objeto construido.

Esta dimensión material es central. Las capas agregadas al retrato evocan las capas culturales y psicológicas que constituyen una identidad migrante. El rostro puede aparecer cubierto, perforado, ornamentado o dividido, pero nunca desaparece completamente. Persiste como una presencia que resiste toda clasificación definitiva.

Una narrativa específicamente concebida como fotolibro

Passports no es simplemente una colección de imágenes reunidas en un volumen. Es un fotolibro porque el significado surge de la secuencia, el ritmo, las relaciones entre páginas y la interacción entre fotografías, archivos y textos.

Las imágenes íntimas y relativamente contenidas alternan con fotografías reproducidas a doble página. Ese cambio de escala interrumpe el ritmo y produce momentos de expansión emocional. Los paisajes acuáticos, por ejemplo, pueden leerse como metáforas del tránsito migratorio, la distancia geográfica y la inestabilidad psicológica. Las aguas turbulentas sugieren desplazamiento y conflicto; las aguas más serenas pueden expresar adaptación, sin que ello implique una resolución completa.

Los fragmentos de conversaciones introducen la voz del padre, pero tampoco ofrecen una explicación total. Actúan como puntos de orientación dentro de una narrativa deliberadamente fragmentaria. La historia se construye mediante resonancias, no mediante una cronología convencional.

La edición, el diseño y la disposición física de las imágenes convierten la lectura en una experiencia corporal. El lector avanza, compara, recuerda una imagen anterior y detecta pequeñas transformaciones. La reiteración del rostro produce reconocimiento, pero también extrañamiento: cuanto más se observa, menos estable parece la identidad representada.

Diáspora y experiencia racial en Estados Unidos

La migración del padre ocurre en un momento decisivo de la historia estadounidense, marcado por las luchas por los derechos civiles y los conflictos raciales. La incorporación de referencias a Martin Luther King Jr. y al gesto del Black Power en los Juegos Olímpicos de México de 1968 conecta la historia familiar con una historia política más amplia.

El padre no llega únicamente a un nuevo país; entra en un sistema racial específico. Su identidad caribeña comienza a ser leída dentro de las categorías estadounidenses de raza y ciudadanía. La transformación del sujeto migrante no es, por tanto, exclusivamente voluntaria. También está determinada por la manera en que la nueva sociedad clasifica su cuerpo.

Scarville sitúa la experiencia individual dentro de una diáspora negra transnacional. Guyana y Estados Unidos no aparecen como espacios aislados, sino como territorios vinculados por historias coloniales, desplazamientos, aspiraciones y desigualdades. La identidad estadounidense que el padre termina asumiendo no elimina por completo su pasado guyanés; ambos continúan coexistiendo, aunque a veces de manera conflictiva.

La imposibilidad de conocer completamente a través de una imagen

La pregunta central del libro podría formularse así: ¿hasta qué punto podemos conocer a una persona mediante una fotografía?

El documento de pasaporte reduce al individuo a una apariencia reconocible. Scarville realiza el movimiento contrario: multiplica la imagen para mostrar que una persona nunca puede agotarse en un solo retrato. Paradójicamente, después de más de trescientas reinterpretaciones, el padre no se vuelve completamente comprensible. Se hace más complejo.

Esa imposibilidad no constituye un fracaso. Es el fundamento ético del proyecto. Scarville evita apropiarse completamente de la historia paterna. Lo observa, lo escucha y lo interpreta, pero mantiene un espacio para aquello que no puede conocer. El libro reconoce que incluso dentro de una relación íntima existe una distancia irreductible.

Por ello, Passports no solo trata de la identidad del padre. También examina la posición de la hija que intenta comprenderlo y, al hacerlo, comprender su propia condición de primera generación estadounidense. El retrato paterno funciona como espejo parcial: cada intervención interroga simultáneamente la historia del padre y la herencia de la artista.

Conclusión

Passports es un fotolibro porque construye su pensamiento mediante imágenes, secuencias, materiales, archivos y relaciones espaciales. También es fotografía, aunque amplíe deliberadamente las fronteras tradicionales del medio.

Su importancia reside en demostrar que una imagen oficial puede ser desobedecida. Scarville toma una fotografía diseñada para fijar una identidad y la convierte en un campo abierto de transformación. Frente a la rigidez del documento, propone una identidad múltiple; frente a la neutralidad burocrática, introduce afecto; frente al archivo cerrado, activa la imaginación; frente a la idea de una pertenencia estable, presenta la migración como una experiencia continua de negociación.

El libro fue incluido en la selección de los Premios del Libro 2026 de Les Rencontres d’Arles, pero la información oficial consultada no indica todavía que haya resultado ganador; por eso sería más preciso describirlo como seleccionado o nominado, salvo que exista un anuncio posterior del premio.

En última instancia, Passports plantea que la identidad no es un rostro inmóvil frente a una cámara. Es una construcción histórica y afectiva, atravesada por países, memorias, pérdidas y transformaciones. Scarville no busca restaurar una versión pura de su padre anterior a la migración. Reconoce que esa pureza nunca existió. En su lugar, ofrece una imagen abierta: fragmentaria, material, cambiante y profundamente humana.