EL MUSEO DE LA NO MATERIA

Por Luz Ángela Mastrodoménico / SKY Colombia

Play. Y segundos después habló la voz: “Se encuentra usted delante de la obra maestra de Diego Velásquez, uno de los cuadros más famosos de toda la historia del arte. Aunque su título original era La Familia de Felipe IV, es popularmente conocida como Las Meninas”.

Así inició mi recorrido virtual por el Museo del Prado, en Madrid. Notable, pero, ¿realmente estoy delante de Las Meninas?, me pregunté, mientras la voz masculina, que normalmente retumbaría en audífonos alquilados en el lobby del Museo, se expandía, esta vez, a través de las bocinas de mi computador, en Ecuador, a miles de kilómetros de distancia del espacio real allí referido.

Después me fui de paseo por ahí, pasando de estrechas escaleras subterráneas en la tumba de la reina Meresankh III, en Egipto, a salas inmensas, hermosamente ambientadas con pianos y violines en el Museo de Van Gogh, en Ámsterdam. Por un lado, una vista virtual de 360º de la tumba entera. Pinturas eternas preservadas aún sobre la piedra.

Por otro lado, relucientes pisos de madera, sobrios colores en las paredes, haciendo de fondo de una vasta colección de pinturas, cartas y dibujos de Van Gogh. Un tour virtual de 4K, minuciosamente dispuesto en siete videos, publicados en YouTube por la cuenta oficial del Van Gogh Museum, entre marzo y abril del 2020, en donde, quien así lo desee, puede generarse una experiencia, quizás no similar a la de un museo físico, pero sí lo suficientemente contundente como para conectar desde algún lugar con el arte que allí habita.

“¿Alguna vez has querido estar solo en el Museo de Van Gogh? Adéntrate en el mundo de Vincent y disfruta del video tour privado”. Así se lee en la descripción del video tour, no siendo este el único espacio cultural con una propuesta virtual que busca trascender y convertir en oportunidades los obstáculos que, inevitablemente, han surgido a partir de la pandemia mundial.

El 18 de mayo del inolvidable 2020, para conmemorar el Día Internacional del Museo, la Fundación BBVA publicó un artículo llamado “Diez visitas virtuales a los mejores museos del mundo”, en el cual, bajo la premisa “Museos con las puertas virtuales siempre abiertas”, dio acceso a una lista detallada de los universos artísticos que han elaborado nuevas respuestas, no solo para alinear un propósito al momento actual, generando propuestas creativas para sobrellevar el aislamiento, sino, también, para fomentar el arte y la cultura.

Se encontraban en dicha lista el Museo del Prado, en Madrid; el Museo del Louvre, en París; el MOMA, en Nueva York; el Museo del Vaticano, en Roma; el Museo del Pérgamo, en Berlín, entre otros. Y aunque bien es cierto que los recorridos virtuales no tienen nada de nuevo, para nadie es un secreto que la pandemia ha movilizado creativamente -casi por supervivencia- a todo aquel que depende -o dependía- de un espacio físico para la expansión de su quehacer. Cada uno con su propuesta, con sus formas, sus colores y recursos.

“Realizamos videos en directo, de lunes a viernes, de 9:50 a 10am, comentando obras y curiosidades del museo. ¡Te esperamos!”, se lee en el perfil de Instagram del Museo del Prado, seguido por un despliegue numeroso de pinturas hecha imagen, de óleo hecho pixel, de pasos sobre maderas crujientes convertidos en deslizamientos dactilares sobre la pantalla del celular.

Y es aquí en donde viene la pregunta inevitable. ¿Es un museo virtual un museo? Y todo depende de qué entendamos por museo. Según la RAE, “un museo es un lugar en que se conservan y exponen colecciones de objetos artísticos, científicos, etc”. También lo definen como una “institución, sin fines de lucro, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición al público de objetos de interés cultural”. Cabe también mencionar lo relatado en la Revista Digital Nueva Museología acerca la historia del museo, en la cual afirma que esta no es distinta a la historia misma del coleccionismo, continuada y hecha pública, ya que, en tiempos más remotos, las colecciones y las galerías privadas eran visitadas únicamente por intelectuales, eruditos, científicos o amigos de los propietarios.

De tales definiciones, surgen varias palabras clave: Lugar, institución, conservación, objetos, colección, público. Y si no fuese por las palabras “lugar y objeto”, podríamos atrevernos a pensar que un museo no necesitaría de una materialidad para ser museo. Sin embargo, estas palabras nos hacen descender a la materia, la idea de la conservación de la memoria, para encontrar allí un soporte físico o lugar que contenga y sostenga la presencia del objeto.

El arquitecto cubano José Ramón Linares, quien ha dedicado su carrera a la adecuación, rehabilitación y sistematización de instalaciones museísticas en edificios históricos, sostiene en su libro Museo, Arquitectura y Museografía que “la idea de museo está asociada a la identificación del hombre con su cultura y al reconocimiento del valor testimonial de ciertas evidencias como patrimonio”.

Evidentemente nuestra evolución -o involución- está también reflejada en los museos que como seres impermanentes hemos creado. Ellos dan cuenta de nuestro paso por la Tierra, y al ser la web parte de nuestra historia, ¿sería entonces digna de ser llamada museo? Quizás no sería la virtualización de un museo ya existente, sino una variable de museo en sí mismo, adaptado a lo que como humanos hemos convertido en realidad, en objeto contenido y en espacio contenedor. Quizás sería la web el museo infinito de la reproducción. En pocas palabras: el museo del museo.

Estos son algunos extractos de la reflexión escrita en 1936 por el pensador alemán Walter Benjamin, en donde refiere la relación entre la obra de arte y lo que su reproducción genera sobre la misma: “Hasta a la más perfecta reproducción le faltaría algo: el aquí y el ahora de la obra de arte, su existencia siempre irrepetible, en el lugar mismo en que se encuentra». «En la época de la reproductibilidad técnica, lo que queda dañado de la obra de arte, eso mismo es su aura”.

Así mismo, retumban con fuerza las palabras de Philipp R. Ward, especialista en conservación de patrimonio cultural. “Todo lo que realmente conocemos de nosotros mismos y sobre nuestro mundo, proviene del pasado. Y todo lo que conocemos verdaderamente del pasado es aquella parte que ha sobrevivido bajo la forma de objetos materiales”.

Pareciera entonces la materia un aspecto imprescindible para la preservación de la memoria. Si algo de memoria se recuerda aún en la no materia, sería labor de quien la intuye, desde su aún vigente materialidad, conectar con aquello que trasciende lo que ninguna cercanía podría asegurar: el contacto inmaterial con la esencia original.

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