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UN DÍA CON UN ARTISTA: Danilo Maldonado Machado, “El Sexto”

Danilo Maldonado Machado
Danilo Maldonado Machado

Grethel Delgado

Es mediodía y entro al estudio de Danilo Maldonado Machado, “El Sexto”. Llego al territorio donde conviven la pintura, la memoria y la libertad. Suena un blues, descorchamos un vino tinto y nos sentamos en el suelo a ver lienzos, rostros borrosos, colores, materiales dispersos y una alfombra manchada. Los personajes emergen como si acabaran de cruzar desde otro mundo. Son las creaciones de Danilo, sus demonios, sus salvadores también. 

Nacido en Nuevitas, Camagüey, Danilo recuerda que su relación con la imagen comenzó muy temprano. 

“Desde niño me enamoré de la imagen”, confesó. Lo primero que pintó fue un payaso. Después, otro, y otro, y otros. Le fascinaban el maquillaje, la estridencia de sus risas, el ingenio y esa capacidad del payaso para mostrar, exagerada y grotescamente, una manera distinta de mirar la vida.

Cuando sus padres descubrieron su amor por el dibujo, hicieron lo posible por nutrir la imaginación de su hijo aunque contaban con pocos recursos. Así llegaron juguetes de cartón, hojas y crayolas. “Viene por una necesidad. No había otra salida”, dijo sobre ese impulso inicial de dibujar.

Y esa urgencia por la imagen, por sacar a la superficie a tantos personajes para que desarrollen sus historias, todavía se percibe en su estudio.

Dentro de lo figurativo, Danilo prefiere construir seres cuyos rostros no estén completamente definidos. Son entidades que parecen provenir de un espacio interior difícil de describir, muy suyo: “Hay cosas que veo y que se van mostrando. Así es como voy creando”.

Su obra siempre ha estado ligada a su historia personal. Durante su etapa como grafitero en La Habana nació “El Sexto”, un alter ego cuyos mensajes fueron inundando las calles e insertándose en el imaginario popular. Tenía un lenguaje propio. Era, y es, un artista irreverente e inquieto.

Danilo Maldonado Machado

“Quería crear un personaje que tuviera que ver con una especie de Zorro o Superman cubano, y que tuviera carga mística, como cosas que tengan que ver con escritos antiguos, o sea, en el sexto día, Dios hizo al hombre, y lo hizo libre, por eso tiene una estrella”, explicó.

A medida que sus grafitis y flyers fueron reconocidos, también creció la vigilancia sobre él: “Un día ya siento que había mucho revuelo alrededor de mi obra”.

Un día conoció al escritor Orlando Luis Pardo Lazo, quien escribió sobre su trabajo en el artículo “El ruido del pueblo”. Eso provocó que su nombre comenzara a ser molesto para el régimen castrista. 

“Me quitaban los carboncillos, los sprays, entraban a los lugares donde yo estaba y me revisaban la mochila, me quitaban los materiales. Se metían a las casas donde pintaba y me quitaban los cuadros”, afirmó.

En 2014, su intención de realizar un performance con dos cerdos pintados de verde olivo y nombrados Fidel y Raúl terminó con su arresto antes de que pudiera completar la acción. Fue una de varias ocasiones en que estuvo encarcelado en Cuba por su obra y su activismo. En 2015 recibió el Václav Havel Prize for Creative Dissent, reconocimiento otorgado por la Human Rights Foundation. 

Danilo Maldonado Machado

Emigró a Estados Unidos en 2017, y en Miami también mantiene su activismo.

Pero en su estudio, toda esa historia se transforma en pintura, escultura y performance. Danilo siente la creación como un estado permanente de atención, de asombro por la imagen.

“Estoy receptivo. El ejercicio de crear es como hacer ejercicio, el músculo crece. Cuando estás creando constantemente, te pones más sensible. Ya sea un performance, una escultura, un dibujo, trato de estar ahí y anotarlo”, constató.

Por eso, estar en su estudio es una experiencia que va más allá de observar obras terminadas e ideas en movimiento. Aquí, los rostros hablan, critican, duelen, pero, sobre todo, son libres. 

“El statement de mi obra es mostrar que puedes ejercer tu libertad. No importa cómo sea ni dónde sea, tienes el derecho de proyectarte como un individuo libre”.

Danilo Maldonado concibe una sola forma de crear, conectada con su visión más íntima, donde hacer arte es también una manera de existir sin pedir permiso ni rendir cuentas a nadie.