Him. Mauricio Cattelan
Paris. Un sábado cualquiera. La Colección Pinault anuncia una nueva exposición en la icónica Bourse de Commerce. Cada visita es una aventura, arte contemporáneo puro y duro. Investigo poco antes de ir, quiero sorprenderme, no quiero influenciarme con ideas y percepciones ajenas. Subo al segundo piso, siempre empiezo mi recorrido allí. Entro a la gran sala. Para esta exposición la han oscurecido: luces bajas, ambiente sombrío, empiezo a recorrerla poco a poco, deteniéndome de vez en cuando, el recorrido me lleva inevitablemente a una pequeña sala, está casi completamente oscura, solo hay una luz potente que ilumina insistentemente a una figura que se encuentra en el medio de la sala. Es una escultura hiperrealista, parece un niño de unos 8 años, está arrodillado, totalmente de espalda a mí. Está vestido con un traje color gris, abrigo, y pantalón, me hace pensar que es un niño de otra época. Un corte de pelo impecable. Por reflejo, necesito ver su cara. Me acerco lentamente, rodeándolo para ver todos los detalles posibles, hasta que me encuentro frente a frente, un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Es Hitler.
Se trata de la escultura llamada Him del artista italiano Maurizio Cattelan, nacido en Padua en 1960. Sus obras se caracterizan por ser principalmente controversiales, a través del arte parece obligarnos a mirar, a enfrentarnos a nuestras propias ideas de lo que nos rodea, crear discusión en torno diferentes temas, hacernos reaccionar.
En el caso de la escultura Him el artista expone a este personaje, una figura innombrable, que suscita un rango infinito de emociones, que hace reflexionar al espectador. Lo pone frente a frente con aspectos de la humanidad que existen y no los podemos negar, la existencia del bien y del mal, la inocencia y la maldad. El artista parece tener la necesidad de urgir a la sociedad a no cubrir en silencio a esta figura que encarna la crueldad, en mostrarla y hacerla presente, no permitir que se convierta en un fantasma y nos mire directamente a los ojos. Que nos hagamos preguntas, que no confiemos en primeras impresiones. ¿Qué significa el hecho de que la escultura estuviera de rodillas? ¿Arrepentimiento? ¿Conflicto moral? ¿Pide perdón? ¿Qué expresión tiene en su cara? La interpretación está reservada para cada uno.
Después de ese encuentro, no recuerdo ninguna otra obra de esa exposición. Unos meses más tarde, asistí a una feria de arte y para mi sorpresa, prácticamente desde la puerta, reconocí la escultura, me parecía increíble que estuviera en Suiza, expuesta en un stand de una galería que no recuerdo, evidentemente caminé directamente a ella, la volví a encontrar de espalda a mí, ya sabía lo que me
esperaba, la rodeé lentamente, como si quisiera comprobar que era la misma. Tenía el mismo traje, el mismo corte de pelo, al tenerla de frente, sorpresa, tiene la cara cubierta con una especie de bolsa marrón de yute. Me pregunto cuál sería mi reacción si nunca hubiese visto esa escultura en París. Si ignorara quien se esconde detrás de esa bolsa de yute. Nunca lo sabré. ¿Pero, será él? Tal vez no tiene cara. ¿Qué cara le pondría yo?
Isabel C. Yrausquin





