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Álvaro J. Caviedes 

Alvaro Caviedes PORTALES II
Title: Portales II Artist: Álvaro J. Caviedes Location: Pueblo Bello - Colombia Year: 2023 Size: 16 x 24 IN

Álvaro J. Caviedes 

En la práctica de Álvaro J. Caviedes, la fotografía deja de ser un mero registro de lo visible para convertirse en un campo de resonancia donde luz, memoria y conciencia se entrelazan. Su aproximación al medio—que él mismo describe como un “oficio alquímico”—desplaza la imagen hacia un territorio donde lo técnico y lo místico coexisten en tensión constante. A través de exposiciones múltiples analógicas, Caviedes no busca fijar un instante, sino expandirlo, permitiendo que distintas capas de tiempo, percepción y experiencia se inscriban sobre una misma superficie.

Su obra transita entre la intimidad del cuerpo, la vastedad del paisaje y la dimensión simbólica de la luz como portadora de memoria. Ya sea en la desnudez como gesto de comunión con la naturaleza, o en la exploración del paisaje urbano como un organismo vivo y mutable, su práctica revela una búsqueda persistente por disolver las fronteras entre sujeto y entorno, entre lo vivido y lo recordado.

En esta conversación, nos adentramos en los procesos, tensiones y preguntas que atraviesan su trabajo: la relación entre control técnico y azar, la imagen como acto de revelación, y la posibilidad de que la fotografía no solo capture la realidad, sino que la reconfigure desde una conciencia más profunda.

Alvaro Caviedes PORTALES I
Title: Portales I
Artist: Álvaro J. Caviedes
Location: Pueblo Bello – Colombia
Year: 2022
Size: 16 x 24 IN

AMM.  Describes la fotografía como un “oficio alquímico que inscribe la luz sobre haluros de plata” y afirmas que “la luz recuerda”. En tu proceso de trabajo con exposiciones múltiples analógicas, ¿cómo decides el momento exacto de cada superposición? ¿Existe un diálogo intuitivo entre la primera imagen capturada y las que vendrán después, o es un acto de rendición total al azar y la fortuidad? Me interesa entender cómo navegas la tensión entre control técnico e intuición mística en el cuarto oscuro.

AJC. A la hora de hacer fotografías de múltiple exposición siempre hay un diálogo entre capturas; es como la conciencia del camino, que traducida visualmente es una constante sumatoria de sujeto, paisaje y texturas del entorno, que van silueteando y dando forma a esa mirada transitoria. Me gusta decir que es fortuito, pues más allá de no sobreexponer demasiado la película, no hay fórmulas exactas para lograr retratar la esencia de aquello que se presenta ante nuestra lente.

Al manipular mi cámara para lograr la superposición siempre influyen factores externos que determinan el resultado, es crucial la delicadeza o brusquedad con la que se mueve o se mantiene la posición de la película; un factor que está cien por ciento ligado a la presión del entorno y la presencia en mente y cuerpo. Hay ocasiones en donde una fotografía puede tomar dos horas de recorrido para meditar su imagen complementaria, como otros momentos en donde el ejercicio es inmediato, sin miramientos. Algo que realmente me encanta es romper el marco tradicional de 35mm y encontrar secuencias panorámicas de imágenes en donde encuentras tres, cuatro y más exposiciones.

El ensayo y el error, la inmensa cantidad de material velado y la incongruencia de muchas fotografías que se sentían perfectas en el instante; me ha enseñado a soltar el control técnico sobre la imagen análoga.  Me permito recibir con sorpresa y satisfacción cada nuevo grupo de negativos revelados así no encuentre en ellos la imagen deseada.  En ese sentido yo hablo de la alquimia, la mística y la memoria implícita de la luz, pues de ese caótico azar una verdad mayor se imprime sobre el acetato e ilumina una nueva conciencia, la imagen se constituye a sí misma y nosotros solo somos el canal.

Alvaro Caviedes CUERPO LUMINISCENTE
Title: Cuerpo Luminiscente
Artist: Álvaro J. Caviedes and Maya Sebastianelli
Location: Eje Cafetero – Colombia
Year: 2023
Size: 16 x 24 IN

AMM.  En “Light Intuition” propones que “la desnudez se ofrece como un gesto de sublimación al ser, un acto de entrega y celebración”. Dado que trabajas tanto con amigos, artistas y seres queridos como modelos, ¿Cómo se asegura que esa vulnerabilidad no se convierta en una pose, sino que conserve su autenticidad? ¿Cómo se negocia la intimidad cuando el cuerpo desnudo se fusiona con el paisaje natural en una imagen que será eventualmente pública, expuesta en galerías y ferias internacionales como Red Dot Miami?

AJC. La desnudez fue un gesto espontáneo, como una ofrenda a nuestra propia divinidad, a la esencia animal y libre que sentimos al estar en contacto con la tierra. Estos retratos nacieron de esa forma, son el reflejo de una profunda búsqueda de identidad y reconocimiento en la naturaleza y sus fuerzas elementales, tienen gran relación con la poesía y el idilio.

Durante años tuvimos la fortuna de recorrer y admirar diferentes ecosistemas de Colombia, fue un periodo de grandes exploraciones y una inmensa expansión de nuestro ser. La cámara fue la bitácora de estos viajes, guardando memorias tangibles y emocionales de aquellas dimensiones que solo nuestras almas alcanzaron, eso es lo que quisimos expresar con el cuerpo.

Estar al desnudo fue el mayor desafío y sostener este argumento ante las circunstancias de separación y el tiempo, el mayor acto de autenticidad y respeto por nuestra obra. Por años estas fotografías fueron crudos que solo apreciamos en la intimidad, se volvieron amuletos y oráculos a los que muchas veces acudimos en busca de claridad e inspiración, sentido y belleza, podría decir incluso que fueron un catalizador y un salvavidas en momentos de mucha tensión e incertidumbre luego de dejar mi país.

El diálogo, la escritura y el mutuo acuerdo de hacer honor a estas memorias fue el puente que permitió que una selección de imágenes fueran expuestas al público e imaginadas en nuevos formatos y prácticas por venir. 

AMM. Tu formación es en cine y televisión, y has sido reconocido por tu cinematografía en películas como “La Europa”, “Rojo Marqueza”, “LIEBRES” y “Los Sueños Viajan Con El  Viento”. Sin embargo, tu práctica fotográfica parece operar en una temporalidad radicalmente diferente: no la narrativa secuencial del cine, sino el instante detenido, el “aura de un instante” como lo describes. ¿Cómo dialogan o se tensionan estos dos lenguajes visuales en tu trabajo? ¿Hay técnicas, filosofías o formas de mirar que transfieres del cine a la fotografía, o son mundos completamente separados en tu práctica creativa?

AJC. Ambas prácticas están eternamente conectadas, la luz y las fotografías guardarán la memoria de todo el cine que soñamos e hicimos junto a amigos, artistas y colegas, también son el corazón de decenas de historias que están por contarse. 

Una fotografía podría contarte toda la trama detrás de una película. 

Las herramientas que usamos para crear son la escritura de guiones y de poemas, la investigación de campo, la inspiración y fuerza que viene de la música que nace al interior del país, la lectura de oráculos y el deseo de inspirar e impactar al mundo más allá del lente. El cine y la fotografía son búsquedas tan personales como compartidas. 

Como por ejemplo la historia de Portales I – II 

Portales I–II (2022) más que una serie de fotografías, son el eco visual de una amistad. Estas imágenes, capturadas en los últimos días de rodaje del documental “El Silencio de la Montaña” son testimonio de una visión compartida entre mi amigo, el director del film y yo que lo acompañé con la cinematografía.

En el corazón de la Sierra Nevada, en Pueblo Bello, entre abundantes ríos y montañas se encuentran sus abuelos, el alma de la historia. En cada viaje de investigación, nos sumergimos en su cotidianidad. Nos unimos a sus tareas diarias en la casa y el campo, compartiendo el ritmo sereno de su vida. En ese territorio, el tiempo parecía detenerse y sublimarse en una dimensión cálida, silenciosa y pacífica. El sonido del río, el silbido de la brisa entre los árboles y el latir de la montaña eran la guía de estos viajes donde los segundos se disuelven en un arrullo continuo, en un ciclo hipnótico que envolvía todo en una meditación profunda e íntima.

En ese viaje buscamos hacer la fotografía del póster, el reto de lograr una imagen que reflejase la mística y la profundidad en los matices de nuestro discurso cinematográfico, el legado de un trabajo visceral desarrollado por años para homenajear en vida la memoria de la familia Iguaran. Inspirados por el póster de “Memoria” de Apichatpong, queríamos capturar la fusión entre el ser y el paisaje, entre la realidad y el sueño: fundir el rostro del abuelo con la bruma sobre la montaña y enaltecer los detalles como los rayos de sol que se cuelan en la selva.

Ese día iniciamos nuestro recorrido recolectando texturas y posibles ángulos para la foto, yo empecé a disparar intuitivamente sabiendo que pronto llegaría el momento preciso para lograr la foto del abuelo y luego las sobre exposiciones. La primera fotografía de esta secuencia resultó ser Portales II, que es el umbral del corazón: el reflejo en el río y el follaje entrelazado creando una ventana natural, un símbolo de lo que permanece más allá del tiempo, el corazón en la mirada. 

Portales I, tomada poco después, es su imagen hermana: la mimesis silenciosa entre la luz, el agua, la oscuridad de la trama y el jardín de la casa. En ella aparecen símbolos difíciles de advertir a primera vista: miradas, halos de luz y el fragmento de un brazo que acaricia una flor y se desliza como serpiente hacia el portal.

Al atardecer por último, el retrato del abuelo. Subimos la montaña y también regresamos al río. Esa última toma quedó como testigo de la magia y de la cosmovisión plasmada en el negativo, el gran guardián de esta historia.

La película y las fotografías son el resultado de esa complicidad, un reflejo de la amistad y de la búsqueda compartida para honrar en vida las memorias del abuelo y escribir cartas de amor al mundo a través del cine. También hacen parte de mi testimonio de cómo la cámara se ha convertido en mi diario visual: una forma de ilustrar los viajes, de trascender la palabra no dicha y materializar el vínculo eterno que queda impregnado a los territorios.

Alvaro Caviedes NIÑO SELVA
Title: Niño Selva
Artist: Álvaro J. Caviedes
Location: Eje Cafetero – Colombia
Year: 2021
Size: 16 x 24 IN

AMM. Tu serie fotográfica Espejismos sobre Entramados, galardonada por la Fundación Gilberto Alzate en 2023, lleva el subtítulo “El Centro: Un Paisaje Ruderal”. A primera vista, este trabajo parece alejarse de la naturaleza prístina que habita en Light Intuition, para adentrarse en un entorno urbano marcado por el deterioro y la resistencia. ¿Cómo dialogan estos dos cuerpos de obra en tu práctica? ¿Consideras que el paisaje ruderal urbano —esas plantas que brotan entre los escombros, esa naturaleza que persiste en medio del concreto— constituye otra forma de explorar la no-separación entre humanidad y naturaleza que atraviesa tu trabajo reciente?

AJC. En Light Intuition, la trascendencia del cuerpo y la presencia envolvente de la selva se convierten en lenguaje. La imagen nace de una mímesis entre la piel y el follaje, de un diálogo íntimo donde el cuerpo se ofrece y se deja atravesar por las fuerzas del entorno. Allí, la experiencia es corporal, sensible, casi un ritual.

En Espejismos sobre Entramados, en cambio, la figura humana se desvanece y es la mirada la que toma la palabra. Una mirada errante y delirante que recorre la ciudad, explora fachadas, grietas, monumentos y reflejos, y se detiene en los vestigios: restos de vida, naturalezas detenidas, destellos de luz atrapados en el concreto. La ciudad se presenta como un territorio vivo, mutable, lejos de ser solo infraestructura o diseño urbano.

Esta misma búsqueda se desplaza hacia la urbe entendida como organismo en constante transformación. Me interesa observarla desde el caminar, desde un recorrido atento y descentrado, donde el entorno deja de ser un fondo y se convierte en experiencia directa, en un estado alterado de percepción. Caminar sin un destino fijo permite que el espacio se revele poco a poco, que la imagen emerja como un espejismo sensible.

En este proceso, el yo se diluye a través del movimiento, la doble exposición y la superposición de tiempos y capas visuales. La ciudad no se representa: se atraviesa. Se inscribe en la imagen del mismo modo en que se inscribe en la memoria.

Más que un cambio de temática, entiendo estos proyectos como distintos capítulos de una misma investigación sobre la relación entre cuerpo, territorio y memoria. Ya sea en la selva, junto a un río o en una calle agrietada, el paisaje no es algo que se contempla desde afuera, sino algo que se inscribe en nosotros.

AMM. En 2022 fundaste La Ventanart.com, descrito como “estudio independiente y galería dedicada a la producción cinematográfica, narrativas culturales y promoción de artistas emergentes”. Existe una tensión inherente entre ser artista —con una práctica profundamente personal, íntima, casi eremítica como la que describes en tu statement— y ser gestor cultural que construye plataformas para otros. ¿Cómo equilibras tu necesidad de introspección creativa con las demandas extrovertidas de la gestión cultural? ¿De qué manera tu propia búsqueda espiritual a través de la imagen informa tu criterio curatorial al seleccionar y promover el trabajo de otros artistas emergentes?

AJC. Fundar y sostener La Ventanart, tal como la presento en mi statement, ha sido y sigue siendo uno de los mayores desafíos de mi vida. Hoy la entiendo como un organismo en proceso, un cadáver exquisito hecho de intentos, aprendizajes, avances y retrocesos, pero también de un propósito muy claro que me acompaña desde hace muchos años. No es un proyecto acabado, es una construcción viva.

Existe, sin duda, una tensión constante entre la introspección que exige mi práctica artística y la apertura, la energía y la responsabilidad que demanda la gestión cultural y la producción audiovisual. En muchos momentos esta dualidad puede ser abrumadora. Sin embargo, con el tiempo he comprendido que no se trata de elegir entre una y otra, sino de permitir que dialoguen como fuerzas complementarias.

Mi búsqueda espiritual y sensible a través de la imagen informa directamente mi manera de acompañar y resonar con el trabajo de otros. No me interesa promover obras únicamente por su valor estético o por su potencial de circulación, sino por su honestidad, la profundidad de sus historias y su capacidad de generar preguntas, vínculos y acciones con impacto real. Mi proyecto nace desde ahí como una extensión de mi propia práctica y como una ventana abierta para acompañar otras voces, así como yo mismo he sido apoyado en distintas etapas de mi carrera.

Equilibrar estos roles implica aprender a respetar los ritmos, acoger nuevos puntos de vista y lenguajes. Hay etapas de silencio, de repliegue y escucha, y otras de encuentro, colaboración y construcción colectiva. Creo profundamente en la comunidad como un espacio de aprendizaje mutuo, y en la colaboración como un acto poderoso y transformador. Sé que soy un soñador, pero también sé que no estoy solo. Camino junto a artistas y gestores que comparten esta misma visión. Así como ellos son ejemplo y sostén para mí, deseo ser también una mano amiga, un punto de apoyo y un espacio de cuidado para quienes buscan construir algo con sentido para el mañana.

Acompañar a otros no me aleja de mi camino. Lo profundiza, lo expande y le da un lugar en el mundo.

CANADA Gallery New York

Anke Weyer

CANADA Gallery New York

CANADA opened in Lower Manhattan in 1999 by a small group of artists committed to promoting the needs and energies of an improvised community. Artists and audiences contribute to the culture of CANADA, which has presented and promoted art in an irreverent, serious, and approachable way. The gallery has two spaces in Tribeca on Lispenard Street. As an artist-run gallery, CANADA remains unconventional in its structure and divergent in its programming.

b60 Lispenard Street
New York New York 10013
Canadanewyork.com

Artists:

David Askevold

Katherine Bernhardt

Katherine Bradford

Joe Bradley

Sarah Braman

Gerald Ferguson

Jess Fuller

Samara Golden

Marc Hundley

Denzil Hurley

Kahlil Robert Irving

Xylor Jane

Robert Janitz

Sahar Khoury

Elisabeth Kley

Sadie Laska

Willy Le Maitre

Lily Ludlow

Michael Mahalchick

Joanna Malinowska

Lee Mary Manning

Elizabeth McIntosh

RJ Messineo

Luke Murphy

Elena Pankova

Robin Peck

Scott Reeder

Tyson Reeder

Ken D. Resseger

Hasani Sahlehe

Anke Weyer

Wallace Whitney

Rachel Eulena Williams

ACA Galleries Through the Years

Ilya Bolotowsky

ACA Galleries Through the Years

73 10th Avenue (on the corner of 20th street)
New York, New York 10011
Open Tuesday – Saturday, 11am – 6pm.
529 West 20th Street, 5th Floor
New York, New York 10011
Open Tuesday – Friday, 11am – 6pm (Saturday by appointment only).
+1 (212) 206 8080
[email protected]

Founded in 1932 by Herman Baron, with modernist pioneers Stuart Davis and Yasuo Kuniyoshi among its founding charter members, ACA Galleries (American Contemporary Art Gallery) is one of New York’s most enduring and influential art institutions. At its inception, ACA was one of just three galleries in the city dedicated exclusively to exhibiting American art.

Over the past nine decades, the gallery has expanded its curatorial vision to include 19th-century, Modern, and Contemporary American and European painting, sculpture, and photography. ACA has mounted more than 800 exhibitions and published over 400 books and catalogues, while also organizing significant traveling museum exhibitions both nationally and abroad. Throughout its history, ACA has served as a trusted advisor to leading collectors, institutions, and investors.

From the beginning, ACA has been a champion of socially engaged art, presenting early exhibitions of artists such as Rockwell Kent, Alice Neel, Barnett Newman, Irene Rice Pereira, David Smith, and Charles White. In 1935, ACA hosted the inaugural meetings of the American Artists’ Congress (AAC), which later catalyzed the Federal Art Project (FAP) and Works Project Administration (WPA), pivotal programs supporting American artists during the Great Depression.

The gallery’s international footprint has also grown across decades. It established branches in Rome and Munich and presented major exhibitions in Hong Kong and Dubai, including the first large-scale show in the UAE of artists ranging from Brueghel to Warhol.

Today, ACA Galleries is led by Casey Bergen, fourth-generation owner and president. He continues the gallery’s legacy while expanding its global reach and contemporary relevance. Under his leadership, ACA has launched new gallery spaces, strengthened its curatorial presence in Europe and Asia, and developed a private sales division specializing in blue-chip American and European art.

A cornerstone of ACA’s current mission is its artist representation program, which is dedicated to identifying, empowering, and championing the most profound visual storytellers. These are artists whose work is stylistically singular and technically exceptional. The gallery’s curatorial focus centers on narrative figurative artists, whose distinctive visual languages and technical mastery challenge conventions and inspire cultural discourse. With a long-term, legacy-focused approach, ACA nurtures artistic careers that unfold over decades and endure across generations.

Now operating from its main location at 173 Tenth Avenue and a second exhibition space at 529 West 20th Street in Chelsea, ACA continues to honor its rich history by reimagining it in a contemporary context. The gallery remains committed to supporting artists who make bold and meaningful contributions to the field, reinforcing its role as a vital cultural force in American and global art.

Artists:

Phase 2

Pablo Amaringo

John Baeder

E.M. Bannister

Romare Bearden

George Bellows

Leon Berkowitz

Oscar Bluemner

Peter Blume

Aaron Bohrod

Ilya Bolotowsky

Achsah Barlow Brewster

Earl H. Brewster

David Burliuk

Robert Carter

Judy Chicago

Alan Davie

Joseph Delaney

David DeSimone

Philip Evergood

Augustus Francis

William Gropper

Robert Gwathmey

Richard Haas

Richard Hambleton

Grace Hartigan

Alonzo Hauser

Anita Huffington

Edgar Jerins

Luis Jimenez

Frederick Jones

Greg Lamarche

Jacob Lawrence

Ernest Lawson

Doowon Lee

Jack Levine

Norman Lewis

Rick Librizzi

Kandy G Lopez

Hugh Mangum

Wendy Mark

Reginald Marsh

Richard Mayhew

Francis Luis Mora

Tony Notarberardino

Chinemerem ‘Eme’ Omeh

Joseph Peller

Philip Reisman

Helen McBride Richter

Faith Ringgold

Aminah Robinson

Doug Safranek

Joseph Solman

Moses Soyer

Raphael Soyer

Theodoros Stamos

Bradley Theodore

Charles White

Dondi White

Edmund Yaghjian

Ben Zion

Interdisciplinary Artist vs. Multidisciplinary Artist

caldas candara

Interdisciplinary Artist vs. Multidisciplinary Artist

Beyond Mediums: How Contemporary Artistic Thinking Is Constructed

In contemporary art, the terms multidisciplinary and interdisciplinary are often used interchangeably. However, while both describe practices that operate across multiple mediums, the difference between them is not technical but conceptual. It is not about how many languages an artist uses, but how they are articulated.

Multidisciplinary: The Coexistence of Languages

A multidisciplinary artist works across different mediums—painting, sculpture, photography, video—but each can remain relatively autonomous. It is an expansive practice, where the artist moves between disciplines according to the expressive needs of each work.

Here, knowledge is accumulative: each discipline contributes a different tool, but they do not necessarily merge into a single system of thought. The result can be diverse, versatile, and technically broad, but it does not always imply deep integration between languages.

From a curatorial perspective, the multidisciplinary artist presents a constellation of practices, rather than a unified body of work.

Interdisciplinary: Integration as Thought

The interdisciplinary artist, by contrast, does not simply use multiple mediums—they interconnect them. Disciplines cease to be separate territories and instead become a hybrid field where boundaries dissolve.

Here, the work could not exist within a single medium. Photography becomes installation, sound becomes space, science enters into dialogue with poetry. There are no hierarchies between disciplines, but rather a conceptual synthesis in which each language transforms the others.

Knowledge is no longer accumulative, but relational. The interdisciplinary artist works from complex questions—about perception, memory, identity, technology, or nature—that require multiple systems of thought to be addressed.

From a curatorial standpoint, this practice generates ecosystems of meaning, rather than isolated objects.

Key Difference: Structure vs. System

The distinction can be summarized as follows:

  • The multidisciplinary artist works across mediums.
  • The interdisciplinary artist works across ideas that move through mediums.

One organizes a diversity of tools; the other constructs a system in which those tools become inseparable.

Why Does This Distinction Matter?

In a context where contemporary art increasingly shifts away from the object and toward experience, this distinction becomes crucial. The market may still categorize by medium—painting, sculpture, photography—but artistic practice today responds to questions that exceed those divisions.

The interdisciplinary artist does not simply expand the language of art: they redefine its conditions of possibility.

Toward an Expanded Practice

Today, many artists move fluidly between both categories. The distinction is not rigid, but evolutionary. A practice may begin as multidisciplinary and, over time, become interdisciplinary as the connections between mediums grow more organic and necessary.

Ultimately, the question is not what the artist does, but how the artist thinks.

Because in contemporary art, mediums are no longer the limit.
They are the point of departure.

Artista interdisciplinario vs. artista multidisciplinario

José Caldas
José Caldas

Artista interdisciplinario vs. artista multidisciplinario

Más allá de los medios: cómo se construye el pensamiento artístico contemporáneo

En el arte contemporáneo, los términos multidisciplinary e interdisciplinary suelen usarse indistintamente. Sin embargo, aunque ambos describen prácticas que operan en múltiples medios, la diferencia entre ellos no es técnica, sino conceptual. No se trata de cuántos lenguajes utiliza un artista, sino de cómo los articula.

Multidisciplinary: la coexistencia de lenguajes

Un artista multidisciplinario trabaja en diferentes medios—pintura, escultura, fotografía, video—pero cada uno puede mantenerse relativamente autónomo. Es una práctica expansiva, donde el artista se desplaza entre disciplinas según la necesidad expresiva de cada obra.

Aquí, el conocimiento es acumulativo: cada disciplina aporta una herramienta distinta, pero no necesariamente se fusionan en un mismo sistema de pensamiento. El resultado puede ser diverso, versátil y técnicamente amplio, pero no siempre implica una integración profunda entre los lenguajes.

En términos curatoriales, el artista multidisciplinario presenta una constelación de prácticas, más que un cuerpo unificado.

Interdisciplinary: la integración como pensamiento

El artista interdisciplinario, en cambio, no solo utiliza múltiples medios: los interconecta. Las disciplinas dejan de ser territorios separados para convertirse en un campo híbrido donde los límites se disuelven.

Aquí, la obra no podría existir en un solo medio. La fotografía se vuelve instalación, el sonido se convierte en espacio, la ciencia dialoga con la poesía. No hay jerarquías entre disciplinas, sino una síntesis conceptual donde cada lenguaje transforma al otro.

El conocimiento ya no es acumulativo, sino relacional. El artista interdisciplinario trabaja desde preguntas complejas—sobre percepción, memoria, identidad, tecnología o naturaleza—que requieren múltiples sistemas de pensamiento para ser abordadas.

Desde una mirada curatorial, esta práctica genera ecosistemas de sentido, más que objetos aislados.

Diferencia clave: estructura vs. sistema

La distinción podría resumirse así:

  • El artista multidisciplinario → trabaja entre medios.
  • El artista interdisciplinario → trabaja entre ideas que atraviesan los medios.
  • El artista transdisciplinary → ruptura del sistema de disciplinas

Uno organiza una diversidad de herramientas; el otro construye un sistema donde esas herramientas se vuelven inseparables.

¿Por qué importa esta diferencia?

En un contexto donde el arte contemporáneo se aleja cada vez más del objeto para acercarse a la experiencia, esta distinción se vuelve crucial. El mercado puede seguir categorizando por medios—pintura, escultura, fotografía—pero la práctica artística actual responde a problemáticas que exceden esas divisiones.

El artista interdisciplinario no solo amplía el lenguaje del arte: redefine sus condiciones de posibilidad.

Hacia una práctica expandida

Hoy, muchos artistas transitan entre ambas categorías. La diferencia no es rígida, sino evolutiva. Una práctica puede comenzar como multidisciplinaria y, con el tiempo, volverse interdisciplinaria a medida que las conexiones entre medios se vuelven más orgánicas y necesarias.

En última instancia, la pregunta no es qué hace el artista, sino cómo piensa.

Porque en el arte contemporáneo, los medios ya no son el límite.
Son el punto de partida.

Sol LeWitt: the line, the cube, and expanded consciousness

Sol LeWitt

Sol LeWitt: the line, the cube, and expanded consciousness

A reading of LeWitt’s influence on a contemporary artistic practice where the cube, technology, and artificial intelligence converge as extensions of thought

Rafael Montilla’s Artist Statement — Extract

“The Cube becomes a central structure within my practice, holding both internal and external dimensions, individual and collective awareness. Through the coexistence of natural and synthetic materials, I explore the language of our evolution, where technology and consciousness intersect. Artificial intelligence extends this inquiry as an expansion of thought — another layer of perception.”

I. The Inheritance That Goes Unseen — How LeWitt Remains Alive in Art Today

There are artists whose influence operates like mathematical axioms: it is not cited in every work derived from them, yet without them none of those works would be possible. Sol LeWitt (Hartford, Connecticut, 1928 – New York, 2007) is one such artist. The simultaneous founder of conceptual art and minimalism — though he rejected both labels as insufficient — LeWitt built over four decades a body of work that cannot be understood as a collection of objects, but as a system of thought. A system whose center of gravity is the line and whose supporting architecture is the cube. These two entities — the most elementary form in plane geometry and the most elementary form in three-dimensional geometry — are not, for LeWitt, decorative shapes or references to the visible world. They are the instruments through which thought materializes without betraying itself.

For the artist whose statement accompanies this text, LeWitt is not a historical reference but an active presence. The cube appears in their practice as a “central structure,” as that which “holds both internal and external dimensions, individual and collective awareness.” This description resonates directly with the Lewittian ontology of the cube: a form chosen precisely because, as LeWitt himself explained to the National Gallery of Art, it was “relatively uninteresting in itself… and lacked the expressive force of more interesting forms and shapes.” The neutrality of the cube was its power: it allowed the idea — and not the form — to take center stage. In that sense, the choice of the cube is always a philosophical decision before it is an aesthetic one.

II. “The Idea Becomes the Machine That Makes the Art” — The Founding Texts

In the summer of 1967, Artforum published “Paragraphs on Conceptual Art,” the text in which LeWitt first articulated his principles with precision. The most quoted sentence of that essay is also its most radical: “When an artist uses a conceptual form of art, it means that all of the planning and decisions are made beforehand and the execution is a perfunctory affair. The idea becomes the machine that makes the art.” This declaration is not a nihilistic provocation: it is a statement about the very nature of creative thought. LeWitt was not saying that execution does not matter; he was saying that the intelligence which designs the system is, in itself, the work.

Two years later, in “Sentences on Conceptual Art” (1968–69) — now in MoMA’s permanent collection — LeWitt was even more explicit about the paradoxical nature of his practice. The first sentence asserts: “Conceptual artists are mystics rather than rationalists. They leap to conclusions that logic cannot reach.” And the fifth, equally crucial: “Irrational thoughts should be followed absolutely and logically.” These two propositions together describe with precision the territory in which LeWitt operated: a space where formal rigor and irrational intuition do not oppose each other but feed one another. It is the same space in which the artistic practice this essay accompanies operates: where technology — synthetic, calculated — coexists with consciousness — organic, intuitive — neither one erasing the other.

“Irrational thoughts should be followed absolutely and logically.” — Sol LeWitt, Sentences on Conceptual Art, 1969

Sol LeWitt

III. The Wall Drawings — The Line as System, as Language, as Inhabitable Space

Between 1968 and 2007, LeWitt created 1,274 wall drawings. The number is itself a declaration: these are not isolated works but a permanently expanding system, each piece a variation on the same structural principles. The first wall drawing was exhibited at Paula Cooper Gallery in New York in 1968 — a network of pencil lines drawn directly on the wall — and from that first instance it established the conditions for everything that would follow: the written instruction as origin, the hands of others as execution, the wall as support and as activated space.

Art historian Carmen Juliá, in her essay “Ideas in Transmission: LeWitt’s Wall Drawings and the Question of Medium” (published in Tate Papers), argues that LeWitt’s wall drawings “problematised notions of autonomy, materiality and medium-specificity” in a way that no conventional painting or sculpture could achieve. The instruction as artwork implied a radical separation between the intelligence that generates the system and the hand that executes it — a separation that in the contemporary work this text accompanies acquires a new dimension when artificial intelligence enters as “another layer of perception.” If LeWitt delegated execution to assistants and specialist technicians, the contemporary artistic practice that integrates AI performs an analogous — and more radical — delegation: to algorithms. The distance between concept and materialization has shifted, but the question LeWitt posed remains the same: where does authorship reside, and where is the boundary between conceiving and making?

LeWitt’s instructions for the wall drawings were deliberately open. Wall Drawing #118 (1971) reads: “Place fifty points at random. The points should be evenly distributed over the area of the wall. All of the points should be connected by straight lines.” This instruction, as curator Gary Garrels observed when organizing LeWitt’s 2000 retrospective at the San Francisco Museum of Modern Art, could take — and has taken — many different forms. LeWitt “didn’t dictate,” Garrels recalled. “He accepted contradiction and paradox, the inconclusiveness of logic.” This controlled openness is precisely what makes the wall drawings more than exercises in applied geometry: they are generative systems that produce variation within order, difference within repetition. In the most contemporary vocabulary, they anticipate the logic of machine learning systems: rules that produce results that are not fully predetermined.

“Sol LeWitt: A Wall Drawing Retrospective” — a permanent installation at MASS MoCA, North Adams, Massachusetts — opened in 2008 in collaboration with the Yale University Art Gallery and the Williams College Museum of Art. It presents 105 wall drawings for 25 years, through 2033.

Sol LeWitt

IV. The Incomplete Cube — Structure, Absence, and Perceptual Consciousness

In 1974, LeWitt exhibited at the John Weber Gallery in New York the work many consider his most exhaustive and philosophically richest investigation: Variations of Incomplete Open Cubes. The project consists of 122 frame structures, each a cube from which between one and nine of its twelve edges have been removed, on the condition that the resulting structure remains three-dimensional and connected. Each variation exists in three simultaneous forms: as a three-dimensional model, as a two-dimensional perspective drawing, and as a photograph. The complete installation occupies a platform so wide it cannot be taken in at a single glance.

Art critic and theorist Rosalind Krauss, in her landmark essay “LeWitt in Progress” (published in The Originality of the Avant-Garde and Other Modernist Myths, MIT Press, 1985), wrote about the incomplete cubes with a penetration that has never been surpassed. For Krauss, the work produces “an experience that is obsessional in kind.” She identified in it what she called “the system of compulsion, of the obsessional’s unwavering ritual, with its precision, its neatness, its finicky exactitude, covering over an abyss of irrationality.” This description, seemingly cryptic, illuminates something crucial: LeWitt had followed his own instruction — “irrational thoughts should be followed absolutely and logically” — to its ultimate consequences. The result is a system perfectly closed in its formal logic that simultaneously produces an experience of disorientation, of vertigo, of opening toward the immeasurable.

SFMOMA, in the documentation of the work held in its permanent collection, offers a description that captures another essential dimension. LeWitt explained the visual nature of the cubes in these terms: “With some of the three-dimensional open cube pieces, the idea part is simple, but the visual perception is complex. If you make a drawing of each side, for instance, it’d be a square grid. But when it becomes three-dimensional, you look at it, it becomes chaos. And then you walk around it again and you see it in different lines of sight, it becomes orderly again.” This alternation between order and chaos, between structure and disorientation, is not a side effect of the work: it is its central subject. The incomplete cube is a meditation on the limits of perception.

A mathematical study published in the Nexus Network Journal (Springer, 2015) computationally verified LeWitt’s 122 variations using graph theory, concluding that the artist arrived at the correct number of structures — though the researchers identified a minor error in the presentation of one specific pair of cubes. This fact carries philosophical weight: LeWitt had produced an exhaustive inventory, a complete taxonomy of every possible way to make a cube without making it fully. The title of the work — Variations of Incomplete Open Cubes — contains a paradox within itself: completeness is achieved precisely through systematized incompleteness. For the artist whose statement declares that “the Cube becomes a central structure holding both internal and external dimensions,” LeWitt’s investigation offers a powerful conceptual precedent: the cube not as a finished form but as a field of possibilities, as a structure that can be inhabited in multiple ways without exhausting itself.

“The idea part is simple, but the visual perception is complex… you look at it and it becomes chaos. You walk around it again and it becomes orderly.” — Sol LeWitt on Incomplete Open Cubes, SFMOMA

V. From Instruction to Algorithm — LeWitt and Artificial Intelligence

There is a continuity worth naming with precision between LeWitt’s practice and the incorporation of artificial intelligence as a tool in contemporary artistic practice. LeWitt defined conceptual art as a system in which “all of the planning and decisions are made beforehand.” The resulting art does not depend on the artist’s manual skill or on the contingencies of the moment of execution: it depends on the quality of the instructions, on the internal coherence of the generative system. In the terms of contemporary computer science, what LeWitt was describing was an algorithm: a finite sequence of well-defined instructions that produces a result from a set of initial conditions.

The difference between LeWitt’s instructions and a machine learning algorithm is real but gradual, not categorical. LeWitt’s instructions are deterministic: given the same space and conditions, they will produce similar though not identical results. Generative AI algorithms are stochastic: they incorporate controlled randomness that produces systematic variation. But in both cases the founding gesture is the same — a rule system that generates outcomes exceeding the complete foresight of whoever designed the system. LeWitt formulated this with his characteristic precision in the “Paragraphs”: “To work with a plan that is preset is one way of avoiding subjectivity… The plan would design the work. Some plans would require millions of variations, and some a limited number, but both are finite. Other plans imply infinity.”

For the artist whose statement describes artificial intelligence as “an expansion of thought — another layer of perception,” LeWitt’s legacy is directly operative. If LeWitt separated the intelligence that conceives from the body that executes, the contemporary practice that integrates AI performs an analogous but more radical separation: between the artist’s intention and the machine’s generative process. This separation is not an abdication of authorship but its redefinition. As LeWitt wrote in his “Sentences”: “The artist’s will is secondary to the process he initiates from idea to completion. His willfulness may only be ego.” In this context, AI is not a threat to artistic practice but a tool that continues the investigation LeWitt initiated: what happens when execution is entrusted to a process that is not the artist’s hand?

VI. Natural and Synthetic Materials — Coexistence as Evolutionary Language

The artist’s statement declares that “through the coexistence of natural and synthetic materials, I explore the language of our evolution, where technology and consciousness intersect.” This proposition finds in LeWitt a resonance that may seem unexpected, given that LeWitt worked predominantly with industrial materials — painted aluminum, concrete blocks, graphite on plaster. Yet the conceptual operation is homologous: LeWitt transformed the most “neutral” materials, those most stripped of organic or sentimental connotation, into structures that produced deeply phenomenological experiences. The material denied its own materiality in order to become the pure support of the idea.

The practice this essay accompanies inverts — or rather, complicates — that operation: rather than neutralizing the material, it places it in tension. The natural and the synthetic do not cancel each other out; they speak to one another, producing between them a space of meaning that neither could generate alone. This is a strategy closer to post-minimalist art than to LeWitt himself — nearer to Eva Hesse, whose work LeWitt admired and encouraged in his celebrated letter of 1965, than to LeWitt’s own practice. But the underlying question is the same: what does the choice of materials say about our understanding of ourselves as beings in time, in evolution, in history?

VII. The Cube as Structure of Consciousness — Critical Convergence

We arrive at the heart of the relationship between LeWitt and the artistic practice this text accompanies. The cube — for LeWitt, the most neutral form, the one most “without expressive character,” most useful precisely because of its semantic emptiness — becomes, in the artist’s statement, “a central structure holding both internal and external dimensions, individual and collective awareness.” This transformation of the Lewittian cube is significant: what in LeWitt was an empty container becomes here a full one — not filled with subjective emotion, but with structural consciousness. The cube is not neutral: it is the space in which experience organizes itself, where the individual and the collective meet, where the internal and the external confront each other.

This reading of the cube has roots in Maurice Merleau-Ponty’s phenomenology, for whom any geometric structure perceived by a body in space is always already a structure of lived experience, not an abstract object. LeWitt arrived at a similar conclusion by entirely different means — through serial logic, through the systematic exhaustion of possibilities — when he observed that the cube “becomes chaos” when you look at it, and then “becomes orderly again” when you walk around it. The perception of the cube is always a process, a movement, a negotiation between the observer and the form. It is, in the terms of the artist’s statement, a form of consciousness.

What this artist has added to LeWitt’s legacy — and what makes their practice genuinely original with respect to that precedent — is precisely the evolutionary and technological dimension. If LeWitt exhausted the possibilities of form to reveal the structure of thought, this artist uses form as a meeting point between distinct natures: the organic and the calculated, the historical and the computational, human consciousness and artificial intelligence. The cube, in this context, is not the endpoint of a formal investigation but the starting point of an inquiry into what it means to think, to perceive, and to exist at a moment when the boundaries between natural and artificial mind grow ever less distinct.

“Conceptual artists are mystics rather than rationalists. They leap to conclusions that logic cannot reach.” — Sol LeWitt, Sentences on Conceptual Art, 1969

Coda — The Line That Connects

Sol LeWitt died in 2007. He left behind 1,274 wall drawings, 122 incomplete cubes, dozens of structures, hundreds of works on paper, and two texts — “Paragraphs” and “Sentences” — that remain the most lucid documents conceptual art produced about itself. He also left something harder to catalogue: the demonstration that the line — that elementary mark, that length without breadth — is capable of sustaining a complex thought about the nature of space, time, perception, and authorship.

For the artist whose work this essay accompanies, LeWitt is above all that: evidence that the line is not a decorative instrument but an instrument of thought. That the cube is not a form but a question. And that intelligence — whether human, collective, or artificial — can find in the simplest forms the vastest contents. This artist’s practice continues that investigation from a present radically different from LeWitt’s, yet faithful to the principle LeWitt first formulated: the idea is the machine that makes the art. And today, the machine can also be an intelligence that learns.

Academic and Institutional References

LeWitt, S. (1967). “Paragraphs on Conceptual Art.” Artforum, Summer 1967. Reprinted in Sol LeWitt: Critical Texts, ed. Ada-chiara Zevi. Rome: Libri de AEIUO, 1995.

LeWitt, S. (1969). “Sentences on Conceptual Art.” Art-Language, vol. 1, no. 1. [Original manuscript at MoMA, New York, Gift of Herman J. Daled, 574.2011.a-s].

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Bloom, L. (2019). Sol LeWitt: A Life of Ideas. Middletown, CT: Wesleyan University Press.

Sol LeWitt: la línea, el cubo y la conciencia expandida

Sol LeWitt

Sol LeWitt: la línea, el cubo y la conciencia expandida

Una lectura de la influencia de LeWitt sobre una práctica artística contemporánea donde el cubo, la tecnología y la inteligencia artificial convergen como extensiones del pensamiento

Extracto del Art Statement de Rafael Montilla:
“The Cube becomes a central structure within my practice, holding both internal and external dimensions, individual and collective awareness. Through the coexistence of natural and synthetic materials, I explore the language of our evolution, where technology and consciousness intersect. Artificial intelligence extends this inquiry as an expansion of thought — another layer of perception.”

I. La herencia que no se ve — Cómo LeWitt sigue vivo en el arte de hoy

Hay artistas cuya influencia opera como la de los axiomas matemáticos: no se cita en cada obra derivada de ellos, pero sin ellos ninguna de esas obras sería posible. Sol LeWitt (Hartford, Connecticut, 1928 – Nueva York, 2007) es uno de esos artistas. Fundador simultáneo del arte conceptual y del minimalismo —aunque rechazó ambas etiquetas como insuficientes—, LeWitt construyó durante cuatro décadas un cuerpo de trabajo que no puede entenderse como un conjunto de objetos, sino como un sistema de pensamiento. Un sistema cuyo centro de gravedad es la línea y cuya estructura de soporte es el cubo. Estas dos entidades —la más elemental de la geometría plana y la más elemental de la geometría tridimensional— no son para LeWitt formas decorativas ni referencias al mundo visible. Son los instrumentos con los que el pensamiento se materializa sin traicionarse a sí mismo.

Para el artista cuyo statement acompaña este texto, LeWitt no es una referencia histórica sino una presencia activa. El cubo aparece en su práctica como “estructura central”, como aquello que “sostiene dimensiones internas y externas, conciencia individual y colectiva.” Esta descripción resuena de manera directa con la ontología del cubo lewittiano: una forma elegida precisamente porque, como el propio LeWitt explicó a la National Gallery of Art, “era relativamente sin interés en sí misma… y carecía de la fuerza expresiva de formas más interesantes.” La neutralidad del cubo era su poder: permitía que la idea —y no la forma— fuera la protagonista. En ese sentido, la elección del cubo es siempre una elección filosófica antes que estética.

II. “La idea se convierte en la máquina que hace el arte” — Los textos fundacionales

En el verano de 1967, la revista Artforum publicó “Paragraphs on Conceptual Art”, el texto en el que LeWitt articuló por primera vez con precisión sus principios. La frase más citada de ese ensayo es también la más radical: “Cuando un artista utiliza una forma conceptual de arte, significa que toda la planificación y las decisiones se toman de antemano y la ejecución es un asunto perfunctorio. La idea se convierte en la máquina que hace el arte.” Esta declaración no es una provocación nihilista: es una afirmación sobre la naturaleza misma del pensamiento creativo. LeWitt no estaba diciendo que la ejecución no importa; estaba diciendo que la inteligencia que diseña el sistema es, en sí misma, la obra.

Dos años después, en las “Sentences on Conceptual Art” (1968–69) —hoy en la colección permanente del MoMA— LeWitt fue aún más explícito sobre la naturaleza paradójica de su práctica. La primera sentencia afirma: “Los artistas conceptuales son místicos más que racionalistas. Saltan a conclusiones que la lógica no puede alcanzar.” Y la quinta, igualmente crucial: “Los pensamientos irracionales deben seguirse de manera absoluta y lógica.” Estas dos proposiciones, juntas, describen con exactitud el territorio en el que LeWitt operaba: un espacio donde el rigor formal y la intuición irracional no se oponen sino que se alimentan mutuamente. Es el espacio en el que también opera la práctica artística que este ensayo acompaña: donde la tecnología —sintética, calculada— coexiste con la conciencia —orgánica, intuitiva—, sin que ninguna de las dos borre a la otra.

Sol LeWitt

“Los pensamientos irracionales deben seguirse de manera absoluta y lógica.” — Sol LeWitt, Sentences on Conceptual Art, 1969

III. Los Wall Drawings — La línea como sistema, como lenguaje, como espacio habitable

Entre 1968 y 2007, LeWitt creó 1.274 wall drawings. La cifra es en sí misma una declaración: no se trata de obras aisladas sino de un sistema en expansión permanente, cada pieza una variación sobre los mismos principios estructurales. El primer wall drawing fue expuesto en la galería Paula Cooper de Nueva York en 1968 —una red de líneas a lápiz directamente sobre la pared— y desde esa primera instancia estableció las condiciones de todo lo que vendría: la instrucción escrita como origen, la mano de otros como ejecución, la pared como soporte y como espacio activado.

La historiadora del arte y académica de la Tate Carmen Juliá, en su ensayo “Ideas in Transmission: LeWitt’s Wall Drawings and the Question of Medium” (publicado en Tate Papers), señala que los wall drawings de LeWitt “problematizaban las nociones de autonomía, materialidad y especificidad del medio” de una manera que ninguna pintura o escultura convencional podía lograr. La instrucción como obra implicaba una separación radical entre la inteligencia que genera el sistema y la mano que lo ejecuta —una separación que en el trabajo contemporáneo que este texto acompaña adquiere una nueva dimensión cuando la inteligencia artificial entra como “otra capa de percepción.” Si LeWitt delegaba la ejecución en asistentes y técnicos especializados, la práctica artística contemporánea delega —parcialmente, reflexivamente— en algoritmos. La distancia entre el concepto y su materialización se ha transformado, pero la pregunta que LeWitt planteó sigue siendo la misma: ¿dónde reside la autoría, dónde está el límite entre concebir y hacer?

Las instrucciones de LeWitt para los wall drawings eran deliberadamente abiertas. El Wall Drawing #118 (1971) indica: “Coloca cincuenta puntos al azar. Los puntos deben estar distribuidos uniformemente sobre el área de la pared. Todos los puntos deben estar conectados por líneas rectas.” Esta instrucción, como observó el curador Gary Garrels al organizar la retrospectiva de LeWitt en el San Francisco Museum of Modern Art en 2000, podía tomar y ha tomado muchas formas diferentes. LeWitt “no dictaba”, recuerda Garrels. “Aceptaba la contradicción y la paradoja, la inconclusividad de la lógica.” Esta apertura controlada es precisamente lo que hace que los wall drawings sean más que ejercicios de geometría aplicada: son sistemas generativos que producen variación dentro del orden, diferencia dentro de la repetición. Son, en el vocabulario más reciente, algo que anticipa la lógica de los sistemas de aprendizaje automático: reglas que producen resultados no totalmente predeterminados.

La retrospectiva “Sol LeWitt: A Wall Drawing Retrospective” —instalación permanente en MASS MoCA, North Adams, Massachusetts— abrió en 2008 en colaboración con la Yale University Art Gallery y el Williams College Museum of Art. Exhibe 105 wall drawings durante 25 años, hasta 2033.

IV. El cubo incompleto — Estructura, ausencia y conciencia perceptual

En 1974, LeWitt exhibió en la John Weber Gallery de Nueva York la obra que muchos consideran su investigación más exhaustiva y filosóficamente más rica: Variations of Incomplete Open Cubes. El proyecto consiste en 122 estructuras de marcos, cada una de ellas un cubo al que se le han eliminado entre uno y nueve de sus doce bordes, con la condición de que la estructura resultante siga siendo tridimensional y conexa. Cada variación existe en tres formas simultáneas: como modelo tridimensional, como dibujo de perspectiva bidimensional y como fotografía. La instalación completa ocupa una plataforma tan extensa que no puede abarcarse de un solo vistazo.

La crítica de arte Rosalind Krauss, en su ensayo seminal “LeWitt in Progress” (publicado en The Originality of the Avant-Garde and Other Modernist Myths, MIT Press, 1985), escribió sobre los cubos incompletos con una penetración que sigue siendo insuperada. Para Krauss, la obra tiene “una experiencia que es obsesiva en su tipo.” Identificó en ella lo que denominó “el sistema de la compulsión, el ritual inquebrantable del obsesivo, con su precisión, su pulcritud, su minuciosidad exacta, cubriendo un abismo de irracionalidad.” Esta descripción, aparentemente oscura, ilumina algo crucial: LeWitt había seguido literalmente su propia instrucción —”los pensamientos irracionales deben seguirse de manera absoluta y lógica”— hasta sus consecuencias últimas. El resultado es un sistema perfectamente cerrado en su lógica formal que simultáneamente produce una experiencia de desorientación, de vértigo, de apertura hacia lo inconmensurable.

El SFMOMA, en la documentación de la obra que conserva en su colección permanente, ofrece una descripción que captura otro aspecto esencial. LeWitt explicó la naturaleza visual de los cubos en estos términos: “Con algunas de las piezas tridimensionales de cubo abierto, la parte de la idea es simple, pero la percepción visual es compleja. Si haces un dibujo de cada lado, por ejemplo, sería una cuadrícula cuadrada. Pero cuando se vuelve tridimensional, lo miras y se convierte en caos. Y luego caminas alrededor de él de nuevo y lo ves en diferentes líneas de visión, se vuelve ordenado de nuevo.” Esta alternancia entre orden y caos, entre estructura y desorientación, no es un efecto secundario de la obra: es su tema central. El cubo incompleto es una meditación sobre los límites de la percepción.

Una investigación matemática publicada en el Nexus Network Journal (Springer, 2015) verificó computacionalmente las 122 variaciones de LeWitt mediante teoría de grafos, concluyendo que el artista encontró el número correcto de estructuras —aunque identificó un error menor en la presentación de un par de cubos específicos—. Este hecho es filosóficamente significativo: LeWitt había realizado un inventario exhaustivo, una taxonomía completa de todas las maneras posibles de hacer un cubo sin hacerlo completamente. El título de la obra —Variaciones de Cubos Abiertos Incompletos— contiene en sí mismo una paradoja: la completitud se logra precisamente a través de la incompletitud sistematizada. Para el artista cuyo statement declara que “el Cubo se convierte en una estructura central que sostiene dimensiones internas y externas”, la investigación de LeWitt ofrece un precedente conceptual poderoso: el cubo no como forma acabada sino como campo de posibilidades, como estructura que puede ser habitada de múltiples maneras sin agotarse.

“La idea parte es simple, pero la percepción visual es compleja… lo miras y se convierte en caos. Caminas alrededor de él de nuevo y se vuelve ordenado.” — Sol LeWitt sobre Incomplete Open Cubes, SFMOMA

Sol LeWitt

V. De la instrucción al algoritmo — LeWitt y la inteligencia artificial

Hay una continuidad que merece ser nombrada con precisión entre la práctica de LeWitt y la incorporación de la inteligencia artificial como herramienta en la práctica artística contemporánea. LeWitt definió el arte conceptual como un sistema en el que “toda la planificación y las decisiones se toman de antemano.” El arte resultante no depende de la habilidad manual del artista ni de las contingencias del momento de ejecución: depende de la calidad de las instrucciones, de la coherencia interna del sistema generativo. En los términos de la informática contemporánea, lo que LeWitt estaba describiendo era un algoritmo: una secuencia finita de instrucciones bien definidas que producen un resultado a partir de un conjunto de condiciones iniciales.

La diferencia entre las instrucciones de LeWitt y un algoritmo de aprendizaje automático es real pero gradual, no categórica. Las instrucciones de LeWitt son deterministas: dado el mismo espacio y las mismas condiciones, producirán resultados similares aunque no idénticos. Los algoritmos de IA generativa son estocásticos: incorporan aleatoriedad controlada que produce variación sistemática. Pero en ambos casos el gesto fundacional es el mismo: un sistema de reglas que genera resultados que exceden la previsión completa de quien diseñó el sistema. LeWitt lo formuló con su habitual concisión en las “Paragraphs”: “Trabajar con un plan preestablecido es una manera de evitar la subjetividad… El plan diseñaría la obra. Algunos planes requerirían millones de variaciones, y otros un número limitado, pero ambos son finitos. Otros planes implican el infinito.”

Para el artista cuyo statement describe la inteligencia artificial como “una extensión del pensamiento —otra capa de percepción”, la herencia de LeWitt es directamente operativa. Si LeWitt separó la inteligencia que concibe del cuerpo que ejecuta, la práctica contemporánea que integra IA hace una separación análoga pero más radical: entre la intención del artista y el proceso generativo de la máquina. Esta separación no es una abdicación de la autoría sino su redefinición. Como escribió LeWitt en sus “Sentences”: “La voluntad del artista es secundaria al proceso que inicia desde la idea hasta la conclusión. Su voluntarismo puede ser solo ego.” La IA, en este contexto, no es una amenaza para la práctica artística sino una herramienta que continúa la investigación que LeWitt inició: ¿qué sucede cuando la ejecución se confía a un proceso que no es la mano del artista?

VI. Materiales naturales y sintéticos — La coexistencia como lenguaje evolutivo

El statement del artista afirma que “a través de la coexistencia de materiales naturales y sintéticos, exploro el lenguaje de nuestra evolución, donde la tecnología y la conciencia se intersectan.” Esta propuesta encuentra en LeWitt una resonancia que puede parecer inesperada, dado que LeWitt trabajó predominantemente con materiales industriales —aluminio pintado, bloques de concreto, grafito sobre yeso. Pero la operación conceptual es homóloga: LeWitt convertía los materiales más “neutros”, los más despojados de connotación orgánica o sentimental, en estructuras que producían experiencias profundamente fenomenológicas. El material negaba su propia materialidad para convertirse en soporte puro de la idea.

La práctica que este ensayo acompaña invierte, o más bien complejiza, esa operación: en lugar de neutralizar el material, lo pone en tensión. Lo natural y lo sintético no se anulan mutuamente sino que hablan uno al otro, produciendo entre ellos un espacio de significado que ninguno podría generar por separado. Esta es una estrategia más afín al arte postminimalista que al propio LeWitt —más cerca de Eva Hesse, cuyo trabajo LeWitt admiraba y apoyó con su célebre carta de 1965, que del propio LeWitt. Pero la pregunta subyacente es la misma: ¿qué dice la elección de los materiales sobre la comprensión que tenemos de nosotros mismos como seres en el tiempo, en la evolución, en la historia?

VII. El cubo como estructura de conciencia — Convergencia crítica

Llegamos al corazón de la relación entre LeWitt y la práctica artística que este texto acompaña. El cubo —para LeWitt, la forma más neutral, más “sin carácter expreso”, más útil precisamente por su vacío semántico— se convierte en el statement del artista en una “estructura central que sostiene dimensiones internas y externas, conciencia individual y colectiva.” Esta transformación del cubo lewittiano es significativa: lo que en LeWitt era un contenedor vacío se convierte aquí en un contenedor lleno, no de emoción subjetiva sino de conciencia estructural. El cubo no es neutro: es el espacio en el que la experiencia se organiza, donde lo individual y lo colectivo se tocan, donde lo interno y lo externo se confrontan.

Esta lectura del cubo tiene raíces en la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty, para quien cualquier estructura geométrica percibida por un cuerpo en el espacio es siempre ya una estructura de experiencia vivida, no un objeto abstracto. LeWitt llegó a una conclusión similar por caminos completamente distintos —a través de la lógica serial, del agotamiento sistemático de posibilidades— cuando observó que el cubo “se convierte en caos” al mirarlo, y luego “se vuelve ordenado de nuevo” al caminar alrededor de él. La percepción del cubo es siempre un proceso, un movimiento, una negociación entre el observador y la forma. Es, en los términos del statement del artista, una forma de conciencia.

Lo que este artista ha añadido a la herencia de LeWitt —y lo que hace que su práctica sea genuinamente original respecto a ese antecedente— es precisamente la dimensión evolutiva y tecnológica. Si LeWitt agotaba las posibilidades de la forma para revelar la estructura del pensamiento, este artista usa la forma como punto de encuentro entre naturalezas distintas: lo orgánico y lo calculado, lo histórico y lo computacional, la conciencia humana y la inteligencia artificial. El cubo, en este contexto, no es el punto de llegada de una investigación formal sino el punto de partida de una investigación sobre lo que significa pensar, percibir y existir en un momento en el que las fronteras entre mente natural y mente artificial se vuelven cada vez menos nítidas.

“Los artistas conceptuales son místicos más que racionalistas. Saltan a conclusiones que la lógica no puede alcanzar.” — Sol LeWitt, Sentences on Conceptual Art, 1969

Coda — La línea que conecta

Sol LeWitt murió en 2007. Dejó 1.274 wall drawings, 122 cubos incompletos, decenas de estructuras, cientos de obras en papel, y dos textos —”Paragraphs” y “Sentences”— que siguen siendo los documentos más lúcidos que el arte conceptual produjo sobre sí mismo. Dejó también algo más difícil de catalogar: la demostración de que la línea —ese trazo elemental, esa longitud sin anchura— es capaz de sostener un pensamiento complejo sobre la naturaleza del espacio, el tiempo, la percepción y la autoría.

Para el artista cuyo trabajo este ensayo acompaña, LeWitt es ante todo eso: la evidencia de que la línea no es un instrumento decorativo sino un instrumento de pensamiento. Que el cubo no es una forma sino una pregunta. Y que la inteligencia —ya sea humana, colectiva o artificial— puede encontrar en las formas más simples los contenidos más vastos. La práctica de este artista continúa esa investigación desde un presente radicalmente diferente al de LeWitt, pero fiel al principio que LeWitt formuló primero: la idea es la máquina que hace el arte. Y la máquina, hoy, puede ser también una inteligencia que aprende.

Referencias académicas e institucionales

LeWitt, S. (1967). “Paragraphs on Conceptual Art.” Artforum, Summer 1967. Reimpreso en Sol LeWitt: Critical Texts, ed. Ada-chiara Zevi. Rome: Libri de AEIUO, 1995.

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Bloom, L. (2019). Sol LeWitt: A Life of Ideas. Middletown, CT: Wesleyan University Press.

Beatriz González: Imagen, memoria y poder en el arte latinoamericano

Beatriz González

Beatriz González: Imagen, memoria y poder en el arte latinoamericano

En el panorama del arte latinoamericano contemporáneo, pocas figuras han logrado una síntesis tan poderosa entre imagen, historia y memoria como Beatriz González. Artista, historiadora, curadora y educadora, su práctica se extiende desde la década de 1960 hasta el presente, consolidándose como una de las voces más influyentes de Colombia y de toda la región.

Su obra no sólo interroga la imagen —qué muestra, qué oculta, qué resiste—, sino que la convierte en un campo de tensión donde convergen lo político, lo íntimo y lo colectivo.

La imagen como campo de batalla

Desde sus inicios, González se enfrentó a la tradición de la historia del arte occidental. En lugar de rendir homenaje a los grandes maestros, los reinterpretó críticamente, descomponiendo sus composiciones en formas simplificadas y colores saturados.

Su aproximación no fue una copia, sino un acto de apropiación y transformación: una forma de reclamar un lenguaje propio dentro de un sistema visual dominado por Europa.

Al mismo tiempo, incorporó imágenes provenientes de la cultura popular: calendarios, periódicos, postales. Esta mezcla entre “alta cultura” y cultura cotidiana definió una estética profundamente latinoamericana, cargada de ironía, crítica y sensibilidad social.

Violencia, memoria y repetición

Uno de los momentos clave en su carrera fue la serie Los Suicidas del Sisga (1965), donde toma una imagen periodística de una tragedia real y la reinterpreta pictóricamente.

Aquí aparece uno de los ejes centrales de su obra: la repetición de la imagen como mecanismo de memoria. La artista comprendió que, en una sociedad saturada de imágenes, el riesgo no es ver demasiado, sino olvidar demasiado rápido.

En este sentido, su trabajo se convierte en un archivo emocional de Colombia, especialmente marcado por la violencia política que atraviesa el país desde el periodo de La Violencia hasta finales del siglo XX.

Beatriz González

Más allá del Pop: una estética crítica

Aunque su obra ha sido comparada con el Pop Art, González rechazó esta clasificación.

Si bien comparte el uso de imágenes reproducidas y colores vibrantes, su enfoque es radicalmente distinto: no celebra la cultura de masas, sino que la examina críticamente.

Sus reinterpretaciones de figuras públicas —desde políticos hasta íconos internacionales— revelan las tensiones entre poder, representación y propaganda. En obras como sus versiones de retratos oficiales o escenas políticas, la artista expone la teatralidad del poder y la fragilidad de su imagen.

El objeto cotidiano como soporte político

En la década de 1970, González expandió su práctica hacia lo que llamó “intervenciones”: pinturas realizadas sobre muebles y objetos domésticos.

Al insertar imágenes artísticas en camas, cortinas o percheros, transformó lo cotidiano en un espacio de reflexión estética y política. Este gesto no solo democratiza el arte, sino que también cuestiona los sistemas tradicionales de exhibición y jerarquía cultural.

El giro hacia el duelo colectivo

A partir de los años 80, su obra adquiere un tono más oscuro y explícitamente político. Tras eventos como la toma del Palacio de Justicia en Colombia, González declara que ya no puede trabajar desde la ironía: su práctica se orienta hacia el duelo, la pérdida y la memoria.

En sus pinturas y series textiles, elimina el sensacionalismo de las imágenes mediáticas y las transforma en actos de homenaje. Las víctimas dejan de ser noticias para convertirse en presencias dignas.

Monumentos de memoria: el arte como ritual

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https://www.bogotaauctions.com/img/thumbs/500/001/28/001-28-1.jpg?a=1733526370
https://journals.openedition.org/amerika/docannexe/image/6342/img-11-small480.jpg

Uno de sus proyectos más emblemáticos es Auras Anónimas (2009), una intervención en el Cementerio Central de Bogotá. Allí, González instaló miles de imágenes repetidas de figuras cargando cuerpos —los “cargueros”—, creando un monumento a las víctimas anónimas de la violencia.

Esta obra sintetiza su pensamiento: el arte como espacio de memoria colectiva, como resistencia al olvido, como ritual de reconciliación.

Legado: “El arte dice lo que la historia no puede”

Beatriz González se definió a sí misma como una artista que nadaba contra la corriente. Su trabajo no encaja fácilmente en categorías, pero precisamente ahí reside su fuerza.

En una era saturada de imágenes —donde la violencia y la banalidad conviven en la misma pantalla— su obra sigue siendo profundamente relevante. Nos enseña a mirar de nuevo, a cuestionar lo que vemos y, sobre todo, a recordar.

Su afirmación resume toda su práctica:

El arte dice lo que la historia no puede.

FLoatarama Names Marysol Patton as 2026 Grand Marshal 

FLoatarama Names Marysol Patton as 2026 Grand Marshal 

Nation’s Largest LGBTQ Pride-on-Water Event Sets Sail on Saturday, June 13 in Fort Lauderdale

FORT LAUDERDALE, Fla. (April 6, 2026) – FLoatarama, a nonprofit organization dedicated to uplifting LGBTQ youth in South Florida, has announced that Marysol Patton will serve as the 2026 Grand Marshal of its signature fundraiser, the nation’s largest Pride-on-Water celebration.

A Miami native and cultural icon, Patton is best known as a star of The Real Housewives of Miami, where her sharp wit and signature charm have made her one of the show’s most recognizable personalities. A seasoned entrepreneur, she is the retired founder of The Patton Group, a luxury PR and events agency that has produced high-profile experiences for global brands including LVMH, Cartier, Gucci and Oscar de la Renta. She resides in Coconut Grove with her husband, Steven McNamara, and is known for her passion for hosting, fashion, philanthropy and creative entrepreneurship.

Presented by Seminole Hard Rock Hotel & Casino Hollywood, the seventh annual FLoatarama will take place Saturday, June 13, 2026 along Fort Lauderdale’s iconic Intracoastal Waterway, celebrating unity, visibility and inclusion while raising critical funds for LGBTQ youth-serving organizations.

500 celebrants will set sail aboard the luxurious Sun Dream Yacht Catalina for an unforgettable 2.5-hour brunch cruise featuring a live DJ, premium open bar and high-energy entertainment. The voyage will be followed by a waterfront T-Dance celebration, all benefiting the FLoatarama LGBTQ Youth Fund.

“Marysol brings star power and genuine passion for giving back, which is exactly what FLoatarama represents,” said Scott Schramm, president of FLoatarama.  “While we celebrate in true South Florida style, we’re also raising essential funds to support LGBTQ youth when they need it most.”

#HaveFunDoGood Nonprofit Donates 100% of Proceeds to FLoatarama’s LGBTQ Youth Fund

Last year, FLoatarama awarded $160,000 in grants to 12 nonprofit organizations. Since 2021, the organization has distributed more than $410,000 to support vital services including mental health care, housing assistance, healthcare access and leadership development.

Supported by an all-volunteer board, FLoatarama operates with no paid staff, ensuring 100% of proceeds directly benefit the LGBTQ Youth Fund, managed by The Our Fund Foundation.

The festivities begin at 10 a.m. at Bokamper’s Sports Bar & Grill, followed by the 11 a.m. departure and an afternoon waterfront celebration.

With its signature blend of purpose and party, FLoatarama continues to prove that giving back can be both meaningful and unforgettable.

Event Details

  • Date: Saturday, June 13, 2026
  • Time: 10 a.m. – 5 p.m.
  • Yacht Boarding: Begins at 10:30 a.m., departs at 11 a.m.
  • Location: Bokamper’s Sports Bar & Grill (Intracoastal Dock) 3115 NE 32nd Avenue, Fort Lauderdale
  • VIP tickets are $150 and can be purchased here
  • For more information, visit FLoatarama.org

FLoatarama’s partnersinclude presenting sponsor, Seminole Hard Rock Hotel & Casino Hollywood along with Sun Dream Yacht Charters, Bokamper’s Sports Bar & Grill, Hunters Nightclubs, Avita Pharmacy, The Our Fund Foundation, Visit Lauderdale and Baxter Martin Advertising.

photo credit Javier Cordero

About FLoatarama:                                                                            

FLoatarama, Inc. is a South Florida 501(c)3 all-volunteer non-profit organization dedicated to raising funds to support the One-in-Five Youth who identify as LGBTQ+.  Funds raised by FLoatarama go to the FLoatarama LGBTQ Youth Fund, managed by The Our Fund Foundation.

Dibujos en el desierto: las Líneas de Nazca como acto artístico fundacional

La línea

Dibujos en el desierto: las Líneas de Nazca como acto artístico fundacional

“Sobre el gesto, el rito y la escala imposible de una obra que nadie pudo ver”

I. El problema de la escala

Existe una paradoja estructural en el corazón de las Líneas de Nazca que ningún sistema estético ha resuelto del todo: se trata de obras de arte que sus propios creadores nunca pudieron contemplar en su totalidad. Trazadas sobre las pampas desérticas del sur del Perú entre los años 500 a.C. y 500 d.C. por la cultura Nazca —y en fases anteriores por la cultura Paracas—, estas figuras de proporciones colosales solo revelan su forma completa desde el aire, una perspectiva que sus autores no tenían disponible. Esta condición no es un accidente técnico. Es, arguyo, el núcleo filosófico de toda la empresa visual.

La superficie donde se inscriben mide aproximadamente 629 kilómetros cuadrados entre las pampas de Nazca y Palpa. Sobre ella se despliegan más de 800 líneas rectas, 300 figuras geométricas y centenares de figuras figurativas —aves, monos, arañas, ballenas, figuras humanas— cuya longitud oscila entre los metros y los trescientos metros. El colibrí mide 93 metros; el mono, 110. Las líneas más largas se extienden casi 30 kilómetros sin interrupción apreciable. La combinación de estas cifras sitúa al conjunto fuera de cualquier categoría convencional de representación.

“Las Líneas de Nazca son uno de los mayores enigmas de la arqueología debido a su cantidad, naturaleza, tamaño y continuidad.” — UNESCO, Inscripción como Patrimonio de la Humanidad, 1994

Esta imposibilidad perceptiva —hacer sin ver— resuena con fuerza en el arte contemporáneo y sus discusiones sobre proceso, intención y receptor. Obras conceptuales, land art, arte relacional: todos estos movimientos han reflexionado sobre la distancia entre el gesto creador y la experiencia del espectador. Las Líneas de Nazca llevan esa distancia a su extremo lógico: aquí el espectador totalizador no existe. O, mejor dicho, existe solo en el plano de lo divino, de lo cósmico, de aquello a lo que la obra está dedicada.

II. Historia de la mirada científica

La historia académica de las Líneas de Nazca es también la historia de cómo una civilización moderna aprende a mirar algo para lo que no tiene categorías. El arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe fue el primero en reportarlas científicamente en 1927, aunque las percibió caminando por las laderas —es decir, desde una perspectiva tangencial, nunca cenital. No fue hasta que los pilotos militares y civiles peruanos comenzaron a sobrevolar la zona cuando la magnitud real del conjunto se hizo visible.

El antropólogo estadounidense Paul Kosok llegó al desierto de Nazca entre 1940 y 1941 con el propósito original de estudiar los antiguos sistemas de irrigación. Desde el aire comprendió que miraba algo radicalmente diferente. Su observación de que varias líneas convergían en el horizonte durante el solsticio de invierno del hemisferio sur lo llevó a proponer que el conjunto funcionaba como “el calendario astronómico más grande del mundo”, orientado hacia los movimientos del sol, la luna y especialmente las Pléyades. Esta hipótesis, desarrollada con rigor en su obra póstuma Life, Land and Water in Ancient Peru (1965), establecería el paradigma dominante durante décadas.

Fue la matemática y arqueóloga alemana María Reiche quien llevó la hipótesis astronómica a su mayor elaboración. Reiche dedicó más de cuarenta años al estudio, cartografía y conservación de los geoglifos. Vivió en el desierto, midió con sus propias manos cada figura, e identificó correspondencias entre las figuras y constelaciones específicas: la araña con Orión, el mono con la Osa Mayor. Su trabajo fue decisivo para que la UNESCO inscribiera el sitio como Patrimonio de la Humanidad en 1994. Sin embargo, el propio Anthony Aveni, astrónomo de la Universidad de Colgate y uno de los mayores especialistas en arqueoastronomía andina, revisó sistemáticamente la hipótesis y no encontró evidencia suficiente para sostenerla. Sus líneas no apuntaban a los cuerpos celestes con la consistencia que una función calendárica requeriría.

III. El agua, el rito, el territorio sagrado

El paradigma interpretativo cambió de manera sustancial a partir de 1997, cuando el arqueólogo alemán Markus Reindel —del Instituto Arqueológico Alemán— y el arqueólogo peruano Johny Isla —del Instituto Andino de Estudios Arqueológicos— iniciaron el Proyecto Nasca-Palpa, el primer estudio de campo sistemático y multidisciplinar sobre los geoglifos. Durante más de dos décadas, el equipo documentó y excavó más de 650 yacimientos, comparó la iconografía de las líneas con la cerámica de la cultura Nazca y aplicó técnicas de teledetección, fotogrametría e imágenes de alta resolución.

Las conclusiones de Reindel e Isla reorientaron el debate. En las pequeñas cavidades halladas en el interior de los geoglifos encontraron ofrendas de productos agrícolas y animales, especialmente marinos. Las estacas de madera y cuerdas halladas en los extremos de algunas líneas —uno de cuyos fragmentos fue datado por carbono-14, estableciendo la cronología del conjunto— sugerían herramientas de trazado y también de demarcación ritual. La conclusión a la que llegaron fue que los geoglifos constituían un paisaje ritual cuya función principal era la invocación del agua: un recurso crítico en una de las zonas más áridas del planeta, donde la presencia de precipitaciones podía significar la diferencia entre la supervivencia y el colapso de una comunidad agrícola.

Esta lectura se ve reforzada por los hallazgos de Nicola Masini y Giuseppe Orefici en la Pampa de Atarco, próxima al centro ceremonial de Cahuachi. Utilizando sensores remotos —desde imágenes satelitales hasta drones—, los investigadores identificaron cinco grupos de geoglifos con motivos, patrones y funciones diferenciadas. El grupo más significativo presenta motivos en zigzag y meandros con función claramente ceremonial, cruzados por trapecios y líneas que convergen hacia las pirámides de Cahuachi. Este vínculo espacial, funcional y religioso entre los geoglifos y el complejo templario de Cahuachi es, en la actualidad, uno de los consensos más sólidos de la investigación arqueológica sobre el sitio.

“Cahuachi era un centro ceremonial. La gente venía desde las montañas y desde la costa trayendo ofrendas.” — Giuseppe Orefici, excavador principal de Cahuachi

Cahuachi fue la capital religiosa de la cultura Nazca: un complejo de más de cuarenta montículos con estructuras de adobe, cementerios rituales, cámaras de ofrendas y evidencia de peregrinación desde zonas distantes. No era un asentamiento permanente, sino un espacio de congregación periódica. Las investigaciones de la Universidad de Yamagata en Japón —dirigidas por el arqueólogo Masato Sakai— propusieron en 2015 que las Líneas de Nazca funcionaban como el camino de peregrinación hacia Cahuachi: cuatro tipos distintos de geoglifos agrupados a lo largo de diferentes rutas convergentes hacia el centro ceremonial. Los fragmentos de cerámica hallados en los puntos de intersección de las líneas refuerzan la idea de tránsito humano, de procesión, de cuerpos moviéndose a través del desierto siguiendo las figuras trazadas en el suelo.

IV. La revolución tecnológica y el corpus ampliado

En las dos últimas décadas, el corpus conocido de geoglifos ha crecido de manera exponencial gracias a la incorporación de drones y, más recientemente, de inteligencia artificial. Cuando la UNESCO declaró el sitio Patrimonio de la Humanidad en 1994, se conocían poco más de treinta figuras. En 2022 el número ascendía a 358. En 2024, el equipo del Instituto Nazca de la Universidad de Yamagata, en colaboración con el Centro de Investigación Thomas J. Watson de IBM, publicó en las Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) el descubrimiento de 303 nuevos geoglifos figurativos mediante un algoritmo de inteligencia artificial entrenado con miles de fotografías aéreas de alta resolución. De los 303 hallazgos, 178 fueron identificados por la IA y posteriormente verificados en campo por arqueólogos. El número total de geoglifos documentados en 2025 supera ya los 893.

Pero el hallazgo no es solo cuantitativo. El análisis de Sakai y su equipo revela una distinción cualitativa fundamental: existen dos grandes tipos de geoglifos según su técnica y función. Los geoglifos de tipo lineal —de mayor tamaño, trazados retirando la capa superior de guijarros rojizos para exponer el suelo amarillento inferior— se concentran en los puntos de inicio y fin de la red de senderos y están conectados con Cahuachi y otros lugares sagrados. Los de tipo relieve —más pequeños, construidos acumulando material— se encuentran a una distancia media de 43 metros de los senderos y eran visibles para quienes los recorrían a pie. La hipótesis que emerge es que los primeros organizaban el territorio sagrado a escala territorial; los segundos acompañaban al peregrino en su trayecto, como señales visuales de una narrativa mítica desplegada sobre el suelo del desierto.

V. Patrimonio en disputa: la dimensión política

Ningún análisis del sitio puede ignorar su dimensión política y su fragilidad como patrimonio. En mayo de 2025, el Ministerio de Cultura del Perú emitió una resolución que reducía el área protegida de la Reserva Arqueológica de Nasca de 5.633 a 3.235 kilómetros cuadrados. La medida generó una reacción inmediata de la comunidad arqueológica nacional e internacional: el Colegio Profesional de Arqueólogos del Perú solicitó la renuncia de los funcionarios involucrados, el Congreso presentó mociones de interpelación al ministro de Cultura, y medios como El País y la alemana DW advirtieron sobre el riesgo de exposición a la minería informal. En junio de 2025, el Ministerio anuló la resolución y restableció el perímetro original. El episodio revela la tensión persistente entre los imperativos económicos y la protección de un legado que pertenece, en rigor, a toda la humanidad.

VI. Las Líneas como proposición artística

¿Qué significa, para un proyecto artístico contemporáneo, invocar las Líneas de Nazca? No como fuente iconográfica ni como referencia exótica, sino como proposición filosófica sobre la naturaleza misma de la práctica artística. Las Líneas plantean preguntas que la teoría del arte no ha terminado de absorber: ¿puede existir una obra sin espectador? ¿Qué diferencia hay entre un acto ritual y un acto estético? ¿Es la escala un problema o una condición de posibilidad? ¿Puede el proceso —el acto colectivo de trazar, de caminar, de ofrecer— ser la obra misma, independientemente de cualquier resultado visible?

Reindel ha descrito la construcción y mantenimiento de las líneas como “actividades comunales —como construir una catedral”. Esta analogía es iluminadora: la catedral gótica tampoco era comprensible en su totalidad para quienes la edificaban piedra a piedra. Ambas son obras de una fe que organiza el trabajo colectivo hacia un horizonte que excede la experiencia individual. La diferencia es que la catedral apunta hacia arriba —hacia el espacio interior que alberga a la comunidad— mientras que las Líneas de Nazca apuntan hacia abajo, inscribiéndose en la tierra con la misma vocación de permanencia y el mismo sentido de ofrenda.

Para el proyecto artístico que este texto acompaña, las Líneas de Nazca funcionan como un antecedente radical: la demostración de que el arte puede existir en una escala que excede la percepción individual, que puede ser colectivo en su ejecución y cósmico en su destinatario, que puede habitar la frontera entre el gesto humano y el paisaje, entre la necesidad material y el deseo simbólico. Son la obra más grande que la humanidad haya trazado sin saber que la estaba trazando para nosotros, desde el futuro, desde el aire.

Referencias académicas principales

Kosok, P. (1965). Life, Land and Water in Ancient Peru. Long Island University Press.

Reindel, M. & Isla, J. (2006). “Proyecto Arqueológico Nasca-Palpa: Documentación, restauración y conservación de los geoglifos.” Andes, 5.

Aveni, A. F. (2000). Between the Lines: The Mystery of the Giant Ground Drawings of Ancient Nasca, Peru. University of Texas Press.

Masini, N. & Orefici, G. (2010). “Geoglyphs and Spatial Organization of the Nazca Territory.” Journal of Cultural Heritage, 11(4), 406–415.

Sakai, M. et al. (2024). “Comprehensive documentation of Nazca figurative geoglyphs.” Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 121(39).

Orefici, G. (1993). Nasca: Arte e storia di un popolo del deserto. Newton Compton.

UNESCO. (1994). Inscripción de las Líneas y Geoglifos de Nasca y Pampas de Jumana. Comité de Patrimonio Mundial.

Helaine Silverman & Donald Proulx. (2002). The Nasca. Blackwell Publishing.

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