
Nadia Díaz: artista multidisciplinar cubana que explora la memoria, la feminidad y el poder
Nadia Díaz es una artista multidisciplinaria cubana cuya obra explora los territorios de la memoria, la feminidad y el poder a través de prácticas profundamente personales y procesuales. Su trabajo no solo se inserta en el contexto del arte contemporáneo, sino que se desarrolla como un acto de vida, donde la creación y la existencia se entrelazan. Díaz toma como punto de partida su experiencia directa como mujer, madre y habitante de la Cuba actual, y a partir de allí dialoga con tradiciones ancestrales, filosofías orientales y los materiales más cotidianos para construir obras que son a la vez testimonio, reflexión y ritual.
En esta entrevista, Díaz aborda la manera en que se aproxima a cosmovisiones indígenas —como la Navajo y la Wixárika (Huichol)— y cómo incorpora sus enseñanzas de belleza, equilibrio y espiritualidad sin caer en la apropiación superficial. También reflexiona sobre la tensión entre verdad y ficción en el arte contemporáneo, y sobre cómo su proceso creativo, profundamente orgánico y meditativo, se enfrenta a las limitaciones materiales y económicas de la Cuba contemporánea.

A lo largo de la conversación, Nadia nos invita a pensar el arte como un medio para la evolución personal y espiritual, más que como un fin en sí mismo, y nos recuerda que la belleza —entendida como armonía, presencia y atención— puede coexistir incluso en medio de la crisis, la sombra y la escasez. La entrevista revela no solo la obra de Díaz, sino también su ética, su filosofía de vida y su compromiso con la autenticidad y la verdad, ofreciendo una mirada única sobre la creación artística que trasciende lo visual para habitar lo profundamente humano.
AMM: Mencionas que Sendero del Polen proviene de un proverbio Navajo en el que la belleza se presenta como una filosofía de vida: la belleza de estar conectados con este hogar que es la Tierra. En la cosmovisión Navajo, el concepto de hózhǫ́ no se limita a la idea occidental de belleza estética; se refiere más bien a un estado de armonía, equilibrio y orden cósmico que se camina activamente a lo largo de la vida.
Por otro lado, también haces referencia al pueblo Wixárika (Huichol) y a su tradición artística de tablas de estambre y trabajo con cuentas, prácticas profundamente ligadas a su concepto de nierika: el portal espiritual, la capacidad de ver más allá de lo visible.
En ese sentido, ¿cómo has transitado el delicado proceso de beber de estas filosofías ancestrales —Navajo y Wixárika— sin caer en una apropiación cultural superficial? ¿Has tenido contacto directo con estas comunidades, o tu aproximación ha sido principalmente bibliográfica, intuitiva o mediada?
Además, ¿de qué manera tu contexto específico como mujer cubana, madre y artista que trabaja en Calabazar transforma y reinterpreta estas cosmogonías, en lugar de simplemente replicarlas? Finalmente, ¿cómo negocias el respeto por lo sagrado de estas tradiciones con la libertad propia de la creación artística contemporánea?
ND. Siempre me han fascinado las culturas que están conectadas a la naturaleza con respeto y admiración, no solo como supervivencia física sino como aprendices espirituales.
El concepto Navajo de belleza expresa mucho de lo que siento como persona, donde la belleza y el bienestar son un estado, no un factor externo, esto es algo que he comprendido con el paso de los años y que cada día intento dejarle a los míos como legado, sobre todo en una tierra ahora deshecha que puede quitarte los sueños con facilidad. El pueblo Wixarika es un maestro de vivir en su propio mundo y su arte es parte inseparable de su cultura, donde cada pequeño detalle es un mensaje simbólico cargado de poder. Beber de ellos no es algo forzado, somos hijos de la misma tierra Americana, es información que llevamos, solo hay que escucharla.

Me encantaría tener la experiencia directa de compartir con ellos, pero en este caso me apropio de una técnica que aprendí de libros y luego observando en los medios ya que me da libertad y velocidad de realización, en comparación con otras como el bordado o el tejido en telar. Dibujar con hilo sobre superficies es algo que disfruto tremendamente y que atesoro como poder personal. Me interesan las facilidades que me aporta como artista y los aprendizajes que me deja como persona, pues el tiempo invertido en cada obra me transforma. Reproducir su cultura no es mi objetivo, sino expresarme a través de métodos que siento propios, dándome el placer de activarlos y disfrutarlos mientras cuento el mensaje que me atraviesa, siempre desde el respeto a la tradición y la cultura de donde provienen.
AMM: Afirma vivir “en la búsqueda de un equilibrio constante que me permita, principalmente, evolucionar como ser humano, ser humilde, aprender cada día un poquito más y siempre trabajar con la verdad”. Este compromiso con la verdad aparece reiteradamente: “Como madre, cada momento es una oportunidad de enseñar y aprender… Es importante que cada cosa sea dicha de la manera correcta, que la verdad esté presente, aunque duela o se confunda”.
En el arte contemporáneo existe una tensión entre verdad (autenticidad, testimonio, experiencia vivida) y ficción (construcción, performance, representación). Tu obra opera claramente desde el testimonio —sangre real en pañales reales, tu cuerpo real, fetos tejidos durante un embarazo real.
¿Cómo defines “trabajar con la verdad” en tu práctica artística? ¿Existe algún límite en lo que estás dispuesta a exponer, alguna verdad demasiado íntima o dolorosa que decides proteger del escrutinio público?
¿Cómo proteges a tus hijos —esos “tres testigos invariables”— cuando gran parte de tu obra los incluye implícita o explícitamente? ¿Han tenido edad suficiente para consentir o comprender que su gestación, nacimiento y crianza son también material artístico público?
Describes tu trabajo como profundamente procesual: “Respeto los procesos de cada pieza, casi todas pasan por un estado de concepción, gestación y luego nacimiento, en el que empiezo con mucho furor, las dejo madurar, y después las termino”. Esta temporalidad orgánica —que puede tomar meses o años— contrasta violentamente con las demandas del mercado del arte contemporáneo, que exige producción constante, deadlines, obras terminadas para exposiciones con fechas fijas.
ND. Para mí, la obra y la vida se entrelazan, van juntas, no son eventos aislados o personajes ficticios, esto que lees, esto que ves, esto que sientes, soy yo. “Trabajar con la verdad” no es una opción, es un camino que se abre ante el cual no hay arma ni defensa, solo aceptación, no implica que sea fácil, solo es verdad. Hablo de mi experiencia como el territorio que más conozco, porque es allí donde aprendo en un proceso cíclico y creativo. Hay cosas que no se cuentan porque están hechas de silencio, y otras que no se callan porque su propósito es romper ese silencio…
Mis hijos son importantes en la misión de esta vida, una responsabilidad que asumo siempre desde el amor, con todos sus rostros. Ellos saben quién soy y cuanto les contengo, siempre desde el respeto, cada arquetipo que encarnan está en conexión con ellos, lo han disfrutado, comprendido e identificado. Son parte del material con el que construyo mi obra, que no es más que la propia vida.
Trabajar con un tiempo propio tiene sus riesgos, pero sobre todo satisfacciones, no busco un final en función de fechas o eventos, solo cuando la obra está lista se manifiesta y concluye. Es cierto que mi producción tiene un ritmo más pausado, orgánico o gestual guiado por el impulso creativo o el rigor de la técnica. Todo esto me lleva a intervalos en los que me aparto de las redes, las exhibiciones, las muchedumbres y el estar pendiente, es un estado en el que solo estamos ellas y yo, en medio de lo cotidiano y los deberes, siempre hay un momento de creación, imprescindible para mi equilibrio personal. He ahí su gran valor, el estado meditativo que propicia el aprendizaje y desarrollo, algo que disfruto tremendamente. Claro que hay un tiempo para cada cosa, de introspección y de compartir lo creado, de aplicar e impulsar propósitos más externos o económicos, pero esto, aunque importante, no puede ser el motor que mueve mi mundo. Creo que el arte es una necesidad visceral que no puede ser ignorada, no importa su discurso, solo debe ser real, auténtico y sincero. Doy gracias por la posibilidad de seguir haciendo aquí y ahora y aunque no siempre puedo alimentar con ello a los míos, si puedo seguir creciendo.

AMM: Vives en la Cuba actual, en Calabazar, donde mencionas “las constantes situaciones que conlleva este hacer en la Cuba de aquí y ahora”.
¿Cómo impacta la escasez material, las dificultades económicas y las limitaciones de infraestructura cultural en tu práctica procesual? ¿Es posible evolucionar espiritualmente como ser humano cuando hay urgencias materiales básicas?
Algunas filosofías orientales (budismo, yoga) que mencionas como influencias, proponen desapego material y contemplación, pero ¿cómo se vive eso en una economía de carencia?
¿Existe el privilegio de la lentitud contemplativa, o es también una forma de resistencia política trabajar a tu propio ritmo en un contexto que exige supervivencia inmediata?
ND. Esta pregunta es muy importante. Crear en un país desecho exige mucha entereza, implica estar convencido de que eso es lo que quieres y debes hacer. El impacto es directo, violento en ocaciones, brutal, despiadado, pero a la vez es poético e imprescindible. Hoy vivimos unas de las etapas literalmente más oscuras de la historia de la nación. Soy de los 80, nací en una familia militar en medio del fervor revolucionario, creí en ella hasta que poco a poco fue perdiendo el encanto, la magia y la luz. Como madre hoy me enfrento a situaciones que me sacan de mi centro, de mi paz, de mi estabilidad mental y emocional, sin embargo nada de eso puede ser suficiente para frenar el impulso de crear, porque ese acto me permite volver y encontrarme, si no fuera así estaría muy loca. Ahora mismo escribo en la oscuridad, y siento que he aprendido de todas esas filosofías lo mismo que me ha enseñado mi experiencia vital: el bienestar es un estado, no una situación externa, hay que encontrarlo y propiciarlo de todas todas. Es muy fácil estar en paz teniendo todo resuelto, es en la carencia en que se manifiesta la más cruda belleza. No estoy para nada conforme ni de acuerdo con nuestra situación, quiero una isla libre y limpia, solo busco la manera de seguir adelante entre carencias apremiantes, donde la realidad no deja de sorprenderte cada día y te exige más, y más, y más.

La escasez material golpea directamente en nuestras vidas y en la producción de la obra. Muchas veces he de pensar en función del material que tengo, del que puedo importar, transformar o reciclar, y esto no nos hace menos a mi o a mí obra, solo reales, auténticas, vivas. Creo que sí, que darme el derecho de trabajar a mi ritmo es un privilegio en estos tiempos, y tener el arte como resguardo o punta de flecha también.
- AMM: Evolución como Ser Humano: Arte como medio, no como fin
Afirmas que vives “en la búsqueda de un equilibrio constante que me permita, principalmente, evolucionar como ser humano, ser humilde, aprender cada día un poquito más”.
Esta declaración sitúa tu evolución personal —no tus obras físicas— como el objetivo primordial de tu práctica. Es una inversión radical de prioridades: el arte no es el fin, sino el medio para tu transformación espiritual.
Esta visión conecta profundamente con filosofías orientales como el Karma Yoga (yoga de la acción correcta, donde el proceso importa más que el resultado) y con prácticas contemplativas donde la creación artística funciona como meditación activa. También resuena con el concepto alquímico occidental de la Magnum Opus —la Gran Obra— que no es producir oro material, sino transmutar al alquimista mismo.
¿Cómo mides tu evolución como ser humano? En un mundo obsesionado con métricas —ventas, seguidores, exposiciones, reconocimiento crítico— tú propones una métrica invisible e íntima.
¿Hay momentos en que sientes que has retrocedido espiritualmente pese a haber producido obras exitosas? ¿O momentos en que no has creado nada “visible” pero has evolucionado profundamente?
ND. Si, el proceso para mí es lo más importante, es donde aprendo, cambio, me deconstruyo y transformo, es mi maestro, todo ello enriquece la obra resultante. Realmente no he “medido” mi evolución personal, pero si contemplo resultados tangibles respecto a mi persona, familia y trabajo, principalmente en lo cotidiano, donde las pequeñas cosas son los grandes maestros. Amo esa intimidad donde nacen las ideas, donde se gestan las piezas y cada experiencia pasa a ser parte de ellas, porque están tejidas con el hilo de la vida, invisible pero real. A veces la presión externa entra, y una ve que todo afuera tiene un ritmo y una velocidad mayor, que hay exigencias que se deben cumplir y estándares que se deben seguir. Nada de ello puede ser primordial, no más que crecer como persona, ser sincero en lo que hablas y compartes y construir una obra que sea auténtica, porque dice de tí, de lo que crees, lo que eres, lo que te preocupa y completa. Intento ser siempre transparente (aunque cueste) no mentirme, ni a los míos, lo que cuento en mis piezas siempre viene de algo que me marcó, me atravesó o tocó dentro. No puedo hablar de lo que no conozco, ni defender lo que no entiendo, es así de simple. Hay momentos intensos, donde una puede pensar que ha retrocedido o se ha estancado, pero naturalmente es imposible, la evolución siempre es hacia adelante, quizás en ocasiones no se vea o se sienta como tal, pero siempre estamos evolucionando. Creo que el error más común es comparar tu experiencia con la de otros, ahí es donde te pierdes, cada viaje es personal y depende de las decisiones que tomamos en él, el regalo de nuestro libre albedrío, de ahí nace el merecimiento y por supuesto, cada uno es individual.

AMM: Crisis, sombra y belleza: Integrar lo no-armónico
¿Qué papel juegan el fracaso, la duda y la oscuridad en este proceso evolutivo?
Todas las tradiciones espirituales que mencionas reconocen que el crecimiento genuino a menudo ocurre en crisis, no en momentos de armonía. Hablas de “placeres, dolores, miedos, tabúes, rabias, perdones” en tu trabajo.
¿Cómo integras las partes de ti misma que no son “bellas” según el concepto Navajo de hózhǫ́?
¿Es posible caminar en belleza cuando estás atravesando la rabia, el miedo o la desesperación de la realidad cubana contemporánea?
ND. Si, es posible, de eso se trata, de encontrar belleza en todo, hasta en lo que nos repugna. Actualmente estamos en medio de un caos silencioso, que no sabemos cómo, cuándo, ni dónde va a eclosionar, no hay promesas de nada, solo especulaciones y espectativas. Todo esto se te agolpa en el alma, te estruja, sacude, desbarata y sale por la vía más fácil de escape, en mi caso: el arte. Tenerlo de aliado me ha sanado en muchas ocasiones, y lo seguirá haciendo hasta que me despida de este mundo, porque es mi naturaleza, soy creadora. Hablo no solo desde el arte visual, cuando sirvo la comida diaria y la presento hermosamente a pesar de las carencias, es arte, cuando explicas a un hijo una verdad de manera sencilla pero irrevocable que sabes que lo ayudará a comprender el mundo y lo recordará para siempre, es arte. Cuando siembras para comer, recoges tu basura, escuchas una canción, compartes un juego que solo sucede en apagón, cuando te conviertes en cada cosas que haces, es arte, y todo ello, es belleza. Las partes que no son hermosas se integran de manera natural, porque son también la vida y su curso, pruebas importantes para aprender, romperse y continuar. La Cuba de hoy tiene mucho que evolucionar, liberar, limpiar, aprender y reconstruir, así como todos los cubanos. Esta pequeña parte que soy intenta poner su semilla, cuidar de su siembra y, a pesar de todo, cosechar su belleza.

Nadia Díaz es una artista cubana multidisciplinaria y licenciada en Escultura por la prestigiosa Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro de La Habana.. Su trabajo profundiza en la memoria, feminidad, y dinámica de poder a través de un lenguaje visual simbólico que entrelaza lo personal y el colectivo. Influenciado por el conocimiento textil transmitido de su madre y una infancia que se dedica a ambientes militares, El arte de Díaz reflexiona sobre la autoridad, tradición, insularidad, ciclos de vida, y la relación entre humanos y la naturaleza.
Su práctica creativa combina a la perfección técnicas tradicionales y contemporáneas., utilizando una amplia gama de medios como el bordado, tejeduría, cerámica, grabado, cestería, escultura, instalación, fotografía, video arte, arte digital, astrología, y tarot. Central en su proceso es la idea de la creación artística como camino de transformación personal y simbólica..
Entre sus exposiciones individuales se encuentran Línea de la vida (Centro Hispanoamericano de Cultura, 2022–2023) y Viaje a la tierra del hermano venado (Casa de las Américas, 2019–2020). Ha participado en exposiciones colectivas por toda Cuba., España, los Estados Unidos, China, Colombia, México, y el Reino Unido. Las apariciones notables incluyen arte digital y eventos NFT como Lo que menos sufrimiento genere (Factoría Habana, 2025), la XI Bienal Internacional de Arte Textil MIFA Miami (2025), el Festival de Intercambio de Arte AEF en Madrid (2024), y Atravesar el Caribe a la sombra de una Ceiba en el Centro Wilfredo Lam (2024).
Su obra forma parte de colecciones privadas en Madrid., Suiza, Miami, toronto, y el reino unido, así como entre los coleccionistas de arte digital de todo el mundo.

Fotos: https://www.arbolinvertido.com/ y https://www.artemorfosis.com/




