Cómo sobrevivir (y prosperar) como artista visual
Hola, artista. Sí, TÚ. El que mira fijamente a un lienzo en blanco, preguntándose si su trabajo alguna vez importará. El que se desplaza por Instagram, comparando su arte con los 10.000 likes de otra persona. El que siente que el mundo del arte es una fortaleza gigante e impenetrable custodiada por esnobs de cuello alto negro. Estoy aquí para decírtelo: Tú perteneces aquí, tu arte importa. Y no, no necesitas un título de lujo ni una exposición en una galería para demostrarlo. Vamos a desglosar.
- 1. Deja de esperar a que te den permiso
¿Adivina qué? El mundo del arte no reparte billetes de oro. No necesitas la bendición de un comisario ni el visto bueno de un crítico para considerarte un artista. Si haces arte, ya estás en el club. Empieza a llamarte artista. Dilo en voz alta. Escríbelo en tu biografía de Instagram. Hazte con ello. El resto te seguirá. - Haz arte malo
Sí, ya me has oído. Haz arte malo. Mucho. La única forma de hacer buen arte es hacer primero un montón de arte malo. No lo pienses demasiado. No esperes a que llegue la inspiración. Simplemente aparece y crea. Pinta esa cosa rara que tienes en la cabeza. Esculpe ese trozo de arcilla. Haz esa foto borrosa. El mal arte es el fertilizante del gran arte. Créeme. - Deja de obsesionarte con la «originalidad»
He aquí un secreto: Nada es 100% original. Todos los artistas roban, toman prestado y remezclan. Picasso dijo: «Los buenos artistas copian; los grandes artistas roban». Así que roba como un artista. Toma lo que te inspira -un color, una forma, una sensación- y hazlo tuyo. Tu voz surgirá, te lo prometo. - Las redes sociales son tus amigas (y tus enemigas)
Instagram, TikTok y Pinterest son herramientas, no jueces. Úsalas para compartir tu trabajo, pero no dejes que el algoritmo defina tu valía. Publica constantemente, pero no te obsesiones con los «me gusta». Relaciónate con otros artistas, pero no compares tu trayectoria con la suya. Y, por amor al arte, deja de borrar publicaciones porque no obtuvieron suficientes «me gusta». Tu arte es válido, aunque solo lo vean tres personas. - Construye tu tribu
El mundo del arte puede parecer solitario, pero no tiene por qué serlo. Encuentra a tu gente. Acude a inauguraciones de galerías, únete a comunidades artísticas online o crea un grupo de crítica con amigos. Rodéate de gente que te entienda, que comprenda la lucha, la alegría y la locura de crear. Tu tribu te mantendrá cuerdo. - Vende tus obras (sí, puedes)
Vender arte no te convierte en un vendido. Te convierte en un profesional. Empieza poco a poco: vende copias, ofrece encargos u organiza un estudio abierto. Ponle un precio a tu obra, pero no la infravalores. Y recuerda que cada venta es un voto de confianza. A alguien le gusta tu arte lo suficiente como para pagar por él. Eso es muy importante. - Acepta el caos
El mundo del arte es desordenado, impredecible y, a veces, francamente injusto. Pero eso es también lo que lo hace hermoso. No hay un único camino hacia el éxito. Algunos artistas explotan de la noche a la mañana; otros trabajan en la oscuridad durante décadas. Tu camino es sólo tuyo. Acepta el caos. Sigue creando arte. Sigue apareciendo. - Recuerda por qué empezaste
Cuando te asalten las dudas (y lo harán), recuerda por qué empezaste a hacer arte. ¿Era para expresarte? ¿Para dar sentido al mundo? ¿Para crear algo bello? Aférrate a eso. El arte es tu superpoder. Úsalo.
¿A qué esperas? Ve a hacer algo. No tiene que ser perfecto. Sólo tiene que ser tuyo. Y si alguien te dice que no es «arte de verdad», sonríe y di: «Mírame».