back to top
Monday, April 6, 2026
Home Arte Álvaro J. Caviedes 

Álvaro J. Caviedes 

Álvaro J. Caviedes
Álvaro J. Caviedes

Álvaro J. Caviedes 

En la práctica de Álvaro J. Caviedes, la fotografía deja de ser un mero registro de lo visible para convertirse en un campo de resonancia donde luz, memoria y conciencia se entrelazan. Su aproximación al medio—que él mismo describe como un “oficio alquímico”—desplaza la imagen hacia un territorio donde lo técnico y lo místico coexisten en tensión constante. A través de exposiciones múltiples analógicas, Caviedes no busca fijar un instante, sino expandirlo, permitiendo que distintas capas de tiempo, percepción y experiencia se inscriban sobre una misma superficie.

Su obra transita entre la intimidad del cuerpo, la vastedad del paisaje y la dimensión simbólica de la luz como portadora de memoria. Ya sea en la desnudez como gesto de comunión con la naturaleza, o en la exploración del paisaje urbano como un organismo vivo y mutable, su práctica revela una búsqueda persistente por disolver las fronteras entre sujeto y entorno, entre lo vivido y lo recordado.

En esta conversación, nos adentramos en los procesos, tensiones y preguntas que atraviesan su trabajo: la relación entre control técnico y azar, la imagen como acto de revelación, y la posibilidad de que la fotografía no solo capture la realidad, sino que la reconfigure desde una conciencia más profunda.

AMM.  Describes la fotografía como un “oficio alquímico que inscribe la luz sobre haluros de plata” y afirmas que “la luz recuerda”. En tu proceso de trabajo con exposiciones múltiples analógicas, ¿cómo decides el momento exacto de cada superposición? ¿Existe un diálogo intuitivo entre la primera imagen capturada y las que vendrán después, o es un acto de rendición total al azar y la fortuidad? Me interesa entender cómo navegas la tensión entre control técnico e intuición mística en el cuarto oscuro.

AJC. A la hora de hacer fotografías de múltiple exposición siempre hay un diálogo entre capturas; es como la conciencia del camino, que traducida visualmente es una constante sumatoria de sujeto, paisaje y texturas del entorno, que van silueteando y dando forma a esa mirada transitoria. Me gusta decir que es fortuito, pues más allá de no sobreexponer demasiado la película, no hay fórmulas exactas para lograr retratar la esencia de aquello que se presenta ante nuestra lente.

Al manipular mi cámara para lograr la superposición siempre influyen factores externos que determinan el resultado, es crucial la delicadeza o brusquedad con la que se mueve o se mantiene la posición de la película; un factor que está cien por ciento ligado a la presión del entorno y la presencia en mente y cuerpo. Hay ocasiones en donde una fotografía puede tomar dos horas de recorrido para meditar su imagen complementaria, como otros momentos en donde el ejercicio es inmediato, sin miramientos. Algo que realmente me encanta es romper el marco tradicional de 35mm y encontrar secuencias panorámicas de imágenes en donde encuentras tres, cuatro y más exposiciones.

El ensayo y el error, la inmensa cantidad de material velado y la incongruencia de muchas fotografías que se sentían perfectas en el instante; me ha enseñado a soltar el control técnico sobre la imagen análoga.  Me permito recibir con sorpresa y satisfacción cada nuevo grupo de negativos revelados así no encuentre en ellos la imagen deseada.  En ese sentido yo hablo de la alquimia, la mística y la memoria implícita de la luz, pues de ese caótico azar una verdad mayor se imprime sobre el acetato e ilumina una nueva conciencia, la imagen se constituye a sí misma y nosotros solo somos el canal.

AMM.  En “Light Intuition” propones que “la desnudez se ofrece como un gesto de sublimación al ser, un acto de entrega y celebración”. Dado que trabajas tanto con amigos, artistas y seres queridos como modelos, ¿Cómo se asegura que esa vulnerabilidad no se convierta en una pose, sino que conserve su autenticidad? ¿Cómo se negocia la intimidad cuando el cuerpo desnudo se fusiona con el paisaje natural en una imagen que será eventualmente pública, expuesta en galerías y ferias internacionales como Red Dot Miami?

AJC. La desnudez fue un gesto espontáneo, como una ofrenda a nuestra propia divinidad, a la esencia animal y libre que sentimos al estar en contacto con la tierra. Estos retratos nacieron de esa forma, son el reflejo de una profunda búsqueda de identidad y reconocimiento en la naturaleza y sus fuerzas elementales, tienen gran relación con la poesía y el idilio.

Durante años tuvimos la fortuna de recorrer y admirar diferentes ecosistemas de Colombia, fue un periodo de grandes exploraciones y una inmensa expansión de nuestro ser. La cámara fue la bitácora de estos viajes, guardando memorias tangibles y emocionales de aquellas dimensiones que solo nuestras almas alcanzaron, eso es lo que quisimos expresar con el cuerpo.

Estar al desnudo fue el mayor desafío y sostener este argumento ante las circunstancias de separación y el tiempo, el mayor acto de autenticidad y respeto por nuestra obra. Por años estas fotografías fueron crudos que solo apreciamos en la intimidad, se volvieron amuletos y oráculos a los que muchas veces acudimos en busca de claridad e inspiración, sentido y belleza, podría decir incluso que fueron un catalizador y un salvavidas en momentos de mucha tensión e incertidumbre luego de dejar mi país.

El diálogo, la escritura y el mutuo acuerdo de hacer honor a estas memorias fue el puente que permitió que una selección de imágenes fueran expuestas al público e imaginadas en nuevos formatos y prácticas por venir. 

AMM. Tu formación es en cine y televisión, y has sido reconocido por tu cinematografía en películas como “La Europa”, “Rojo Marqueza”, “LIEBRES” y “Los Sueños Viajan Con El  Viento”. Sin embargo, tu práctica fotográfica parece operar en una temporalidad radicalmente diferente: no la narrativa secuencial del cine, sino el instante detenido, el “aura de un instante” como lo describes. ¿Cómo dialogan o se tensionan estos dos lenguajes visuales en tu trabajo? ¿Hay técnicas, filosofías o formas de mirar que transfieres del cine a la fotografía, o son mundos completamente separados en tu práctica creativa?

AJC. Ambas prácticas están eternamente conectadas, la luz y las fotografías guardarán la memoria de todo el cine que soñamos e hicimos junto a amigos, artistas y colegas, también son el corazón de decenas de historias que están por contarse. 

Una fotografía podría contarte toda la trama detrás de una película. 

Las herramientas que usamos para crear son la escritura de guiones y de poemas, la investigación de campo, la inspiración y fuerza que viene de la música que nace al interior del país, la lectura de oráculos y el deseo de inspirar e impactar al mundo más allá del lente. El cine y la fotografía son búsquedas tan personales como compartidas. 

Como por ejemplo la historia de Portales I – II 

Portales I–II (2022) más que una serie de fotografías, son el eco visual de una amistad. Estas imágenes, capturadas en los últimos días de rodaje del documental “El Silencio de la Montaña” son testimonio de una visión compartida entre mi amigo, el director del film y yo que lo acompañé con la cinematografía.

En el corazón de la Sierra Nevada, en Pueblo Bello, entre abundantes ríos y montañas se encuentran sus abuelos, el alma de la historia. En cada viaje de investigación, nos sumergimos en su cotidianidad. Nos unimos a sus tareas diarias en la casa y el campo, compartiendo el ritmo sereno de su vida. En ese territorio, el tiempo parecía detenerse y sublimarse en una dimensión cálida, silenciosa y pacífica. El sonido del río, el silbido de la brisa entre los árboles y el latir de la montaña eran la guía de estos viajes donde los segundos se disuelven en un arrullo continuo, en un ciclo hipnótico que envolvía todo en una meditación profunda e íntima.

En ese viaje buscamos hacer la fotografía del póster, el reto de lograr una imagen que reflejase la mística y la profundidad en los matices de nuestro discurso cinematográfico, el legado de un trabajo visceral desarrollado por años para homenajear en vida la memoria de la familia Iguaran. Inspirados por el póster de “Memoria” de Apichatpong, queríamos capturar la fusión entre el ser y el paisaje, entre la realidad y el sueño: fundir el rostro del abuelo con la bruma sobre la montaña y enaltecer los detalles como los rayos de sol que se cuelan en la selva.

Ese día iniciamos nuestro recorrido recolectando texturas y posibles ángulos para la foto, yo empecé a disparar intuitivamente sabiendo que pronto llegaría el momento preciso para lograr la foto del abuelo y luego las sobre exposiciones. La primera fotografía de esta secuencia resultó ser Portales II, que es el umbral del corazón: el reflejo en el río y el follaje entrelazado creando una ventana natural, un símbolo de lo que permanece más allá del tiempo, el corazón en la mirada. 

Portales I, tomada poco después, es su imagen hermana: la mimesis silenciosa entre la luz, el agua, la oscuridad de la trama y el jardín de la casa. En ella aparecen símbolos difíciles de advertir a primera vista: miradas, halos de luz y el fragmento de un brazo que acaricia una flor y se desliza como serpiente hacia el portal.

Al atardecer por último, el retrato del abuelo. Subimos la montaña y también regresamos al río. Esa última toma quedó como testigo de la magia y de la cosmovisión plasmada en el negativo, el gran guardián de esta historia.

La película y las fotografías son el resultado de esa complicidad, un reflejo de la amistad y de la búsqueda compartida para honrar en vida las memorias del abuelo y escribir cartas de amor al mundo a través del cine. También hacen parte de mi testimonio de cómo la cámara se ha convertido en mi diario visual: una forma de ilustrar los viajes, de trascender la palabra no dicha y materializar el vínculo eterno que queda impregnado a los territorios.

AMM. Tu serie fotográfica Espejismos sobre Entramados, galardonada por la Fundación Gilberto Alzate en 2023, lleva el subtítulo “El Centro: Un Paisaje Ruderal”. A primera vista, este trabajo parece alejarse de la naturaleza prístina que habita en Light Intuition, para adentrarse en un entorno urbano marcado por el deterioro y la resistencia. ¿Cómo dialogan estos dos cuerpos de obra en tu práctica? ¿Consideras que el paisaje ruderal urbano —esas plantas que brotan entre los escombros, esa naturaleza que persiste en medio del concreto— constituye otra forma de explorar la no-separación entre humanidad y naturaleza que atraviesa tu trabajo reciente?

AJC. En Light Intuition, la trascendencia del cuerpo y la presencia envolvente de la selva se convierten en lenguaje. La imagen nace de una mímesis entre la piel y el follaje, de un diálogo íntimo donde el cuerpo se ofrece y se deja atravesar por las fuerzas del entorno. Allí, la experiencia es corporal, sensible, casi un ritual.

En Espejismos sobre Entramados, en cambio, la figura humana se desvanece y es la mirada la que toma la palabra. Una mirada errante y delirante que recorre la ciudad, explora fachadas, grietas, monumentos y reflejos, y se detiene en los vestigios: restos de vida, naturalezas detenidas, destellos de luz atrapados en el concreto. La ciudad se presenta como un territorio vivo, mutable, lejos de ser solo infraestructura o diseño urbano.

Esta misma búsqueda se desplaza hacia la urbe entendida como organismo en constante transformación. Me interesa observarla desde el caminar, desde un recorrido atento y descentrado, donde el entorno deja de ser un fondo y se convierte en experiencia directa, en un estado alterado de percepción. Caminar sin un destino fijo permite que el espacio se revele poco a poco, que la imagen emerja como un espejismo sensible.

En este proceso, el yo se diluye a través del movimiento, la doble exposición y la superposición de tiempos y capas visuales. La ciudad no se representa: se atraviesa. Se inscribe en la imagen del mismo modo en que se inscribe en la memoria.

Más que un cambio de temática, entiendo estos proyectos como distintos capítulos de una misma investigación sobre la relación entre cuerpo, territorio y memoria. Ya sea en la selva, junto a un río o en una calle agrietada, el paisaje no es algo que se contempla desde afuera, sino algo que se inscribe en nosotros.

AMM. En 2022 fundaste La Ventanart.com, descrito como “estudio independiente y galería dedicada a la producción cinematográfica, narrativas culturales y promoción de artistas emergentes”. Existe una tensión inherente entre ser artista —con una práctica profundamente personal, íntima, casi eremítica como la que describes en tu statement— y ser gestor cultural que construye plataformas para otros. ¿Cómo equilibras tu necesidad de introspección creativa con las demandas extrovertidas de la gestión cultural? ¿De qué manera tu propia búsqueda espiritual a través de la imagen informa tu criterio curatorial al seleccionar y promover el trabajo de otros artistas emergentes?

AJC. Fundar y sostener La Ventanart, tal como la presento en mi statement, ha sido y sigue siendo uno de los mayores desafíos de mi vida. Hoy la entiendo como un organismo en proceso, un cadáver exquisito hecho de intentos, aprendizajes, avances y retrocesos, pero también de un propósito muy claro que me acompaña desde hace muchos años. No es un proyecto acabado, es una construcción viva.

Existe, sin duda, una tensión constante entre la introspección que exige mi práctica artística y la apertura, la energía y la responsabilidad que demanda la gestión cultural y la producción audiovisual. En muchos momentos esta dualidad puede ser abrumadora. Sin embargo, con el tiempo he comprendido que no se trata de elegir entre una y otra, sino de permitir que dialoguen como fuerzas complementarias.

Mi búsqueda espiritual y sensible a través de la imagen informa directamente mi manera de acompañar y resonar con el trabajo de otros. No me interesa promover obras únicamente por su valor estético o por su potencial de circulación, sino por su honestidad, la profundidad de sus historias y su capacidad de generar preguntas, vínculos y acciones con impacto real. Mi proyecto nace desde ahí como una extensión de mi propia práctica y como una ventana abierta para acompañar otras voces, así como yo mismo he sido apoyado en distintas etapas de mi carrera.

Equilibrar estos roles implica aprender a respetar los ritmos, acoger nuevos puntos de vista y lenguajes. Hay etapas de silencio, de repliegue y escucha, y otras de encuentro, colaboración y construcción colectiva. Creo profundamente en la comunidad como un espacio de aprendizaje mutuo, y en la colaboración como un acto poderoso y transformador. Sé que soy un soñador, pero también sé que no estoy solo. Camino junto a artistas y gestores que comparten esta misma visión. Así como ellos son ejemplo y sostén para mí, deseo ser también una mano amiga, un punto de apoyo y un espacio de cuidado para quienes buscan construir algo con sentido para el mañana.

Acompañar a otros no me aleja de mi camino. Lo profundiza, lo expande y le da un lugar en el mundo.

Printing shop in Kendall, FL
Printing service