Arte Concreto: La paradoja de la presencia pura

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Arte Concreto: La paradoja de la presencia pura

Cuando el arte deja de representar el mundo para convertirse en mundo

I. La pregunta ontológica: ¿Qué es lo concreto?

Comenzamos con una paradoja lingüística que revela una tensión filosófica fundamental. En el lenguaje cotidiano, “concreto” significa tangible, específico, particular: una silla concreta, un dolor concreto, un problema concreto. Lo opuesto a lo abstracto, a lo vago, a lo general.

Pero en el arte, el término “concreto” adquiere un significado que invierte esta relación. El arte concreto no representa ninguna silla particular, ningún dolor específico, ningún problema tangible. No representa nada fuera de sí mismo. Es, paradójicamente, lo más abstracto que puede existir: forma pura, color puro, relación pura.

Esta inversión terminológica no es accidental. Es, en sí misma, un manifiesto filosófico.

II. Genealogía de una idea radical

El término “arte concreto” fue acuñado por el artista holandés Theo van Doesburg en 1930, en su manifiesto Art Concret, publicado en París. Van Doesburg, fundador del movimiento De Stijl junto a Piet Mondrian, proclamó una ruptura radical con toda la tradición del arte occidental.

El manifiesto establecía principios revolucionarios:

  1. El arte es universal, no individual. La obra no debe llevar trazas de la mano del artista ni de sus emociones personales.
  2. La obra debe ser concebida mentalmente antes de su ejecución. Nada de improvisación, intuición o azar.
  3. No debe contener ningún elemento naturalista. Ninguna referencia a la realidad exterior.
  4. La técnica debe ser mecánica y precisa, no gestual o expresiva.
  5. El cuadro debe construirse enteramente con elementos visuales puros: planos y colores. Estos elementos no tienen otro significado que ellos mismos.

Esta declaración no era solo estética: era epistemológica y ontológica. Proponía nada menos que una redefinición de qué puede ser una obra de arte.

III. Lo concreto como presencia, no como representación

Aquí reside el núcleo filosófico del arte concreto: una obra de arte concreta no representa nada; simplemente ES.

Pensemos en la diferencia fundamental:

  • Una pintura de una manzana de Cézanne representa una manzana. Señala hacia algo fuera de sí misma.
  • Una composición de líneas negras y planos de color primario de Mondrian no representa nada. No señala fuera de sí misma. Es un objeto autónomo en el mundo, tan concreto como la manzana que Cézanne pintaba.

El arte concreto rechaza la mimesis, el fundamento del arte occidental desde Platón y Aristóteles. Durante milenios, se asumió que el arte era esencialmente representacional: una pintura era una ventana a otra realidad, una escultura era la imitación de una forma. Incluso cuando el arte se volvió expresionista o simbolista, seguía siendo acerca de algo: emociones, ideas, estados internos.

El arte concreto dice: no. Una obra de arte puede ser tan concreta como una piedra, tan presente como un árbol. No necesita justificarse representando o expresando algo exterior a sí misma.

IV. La influencia constructivista y la pureza matemática

El arte concreto tiene raíces profundas en los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX: el Suprematismo de Malevich, el Constructivismo ruso, el Neoplasticismo holandés. Todos compartían una aspiración: purificar el arte eliminando todo elemento anecdótico, narrativo o mimético.

Pero el arte concreto llevó esta purificación más lejos. No se trataba solo de simplificar las formas hasta llegar a lo esencial, sino de construir obras basadas en principios matemáticos, geométricos, sistemáticos. La composición debía seguir leyes internas rigurosas, no los caprichos de la inspiración.

Max Bill, artista suizo que se convirtió en el principal teórico del arte concreto en los años 40 y 50, lo expresó así: “Llamamos arte concreto a las obras de arte que se crean a partir de sus propios medios y leyes inherentes, sin tomar prestado nada de los fenómenos naturales, sin transformarlos ni reformarlos… El arte concreto es, en su última consecuencia, la expresión pura del espíritu humano en armonía.”

V. Lo concreto en la práctica: materiales, colores, formas

¿Cómo se manifiesta concretamente (valga la redundancia) el arte concreto?

En la pintura: Composiciones de formas geométricas simples (círculos, cuadrados, triángulos), colores puros sin modulación ni mezclas expresivas, superficies planas sin textura visible, ausencia de profundidad ilusionista. La obra se presenta como objeto plano sobre la pared, no como ventana hacia otro espacio.

En la escultura: Volúmenes geométricos puros, relaciones espaciales matemáticamente determinadas, materiales industriales (acero, aluminio, plástico) que no remiten a ninguna tradición artesanal. La escultura concreta no representa un cuerpo ni evoca una forma orgánica: es estructura pura en el espacio.

En el diseño: Los principios del arte concreto tuvieron enorme influencia en el diseño gráfico, la tipografía y la arquitectura. La escuela de Ulm en Alemania, heredera de la Bauhaus, desarrolló una estética funcional basada en formas geométricas puras y sistemas modulares que derivaba directamente del arte concreto.

VI. El mensaje sin mensaje: la autonomía radical

Aquí llegamos a la pregunta más espinosa: ¿cuál es el mensaje del arte concreto?

La respuesta paradójica es: el arte concreto no tiene mensaje en el sentido convencional. No transmite ideas políticas (como el realismo socialista), no expresa emociones personales (como el expresionismo), no narra historias (como la pintura histórica), no simboliza verdades trascendentes (como el arte religioso).

Su “mensaje”, si puede llamarse así, es ontológico y perceptivo:

  1. El arte puede existir sin referirse a nada fuera de sí mismo. Esta es una afirmación filosófica sobre la autonomía del arte.
  2. La experiencia estética puede basarse en relaciones formales puras: proporciones, ritmos, contrastes cromáticos, tensiones espaciales. No necesitamos reconocer objetos ni descifrar símbolos para experimentar una obra de arte.
  3. Lo universal es accesible a través de lo no-personal. Al eliminar todo rastro de subjetividad individual, el arte concreto aspira a crear un lenguaje visual objetivo, comprensible transculturalmente.
  4. El orden puede ser bello en sí mismo. Hay una dimensión cuasi-religiosa en esta creencia: el orden matemático, la proporción armónica, la claridad estructural encarnan valores espirituales sin necesidad de iconografía religiosa.

VII. Críticas y contradicciones

El arte concreto no estuvo exento de críticas devastadoras:

¿Es realmente objetivo? Los críticos señalaron que la elección de qué colores combinar, qué proporciones usar, qué composición preferir sigue siendo subjetiva. La pretensión de objetividad absoluta es, en el mejor de los casos, una ilusión; en el peor, una ideología.

¿Es deshumanizante? Al eliminar todo rastro de la mano humana, de la emoción, de la narrativa, ¿no pierde el arte su capacidad de conectar con la experiencia humana? Los expresionistas abstractos americanos (Pollock, Rothko) reaccionaron precisamente contra esta frialdad, reintroduciendo el gesto, la emoción, aunque sin abandonar la abstracción.

¿Es elitista? El arte concreto requiere una educación visual y conceptual específica para ser apreciado. Su rechazo de lo narrativo y lo emotivo lo hace inaccesible para muchos espectadores, contradiciendo su aspiración universalista.

¿Es contradictorio llamarlo “concreto”? Si lo concreto es lo tangible y particular, una composición de cuadrados de colores es precisamente lo contrario: es esquema, estructura, idea platónica. Quizás el término mismo traiciona la confusión conceptual del movimiento.

VIII. El legado: minimalismo, arte sistémico, diseño computacional

A pesar de sus contradicciones, el arte concreto tuvo una influencia profunda y duradera:

El minimalismo de los años 60 (Donald Judd, Carl Andre, Dan Flavin) heredó del arte concreto la insistencia en la literalidad del objeto artístico: “lo que ves es lo que ves”, en palabras de Frank Stella. No hay metáforas ocultas, no hay simbolismo.

El arte sistémico y conceptual llevó al extremo la idea de que una obra puede ser concebida mentalmente y ejecutada mecánicamente, hasta el punto de que la ejecución podía delegarse completamente. Sol LeWitt escribía instrucciones que otros ejecutaban: la idea era la obra.

El diseño computacional y el arte generativo contemporáneo realizan literalmente el sueño del arte concreto: obras creadas mediante algoritmos matemáticos, sin intervención de la “mano” del artista, basadas en sistemas formales puros.

IX. Reflexión final: ¿Qué significa que algo sea concreto?

Volvamos a la pregunta inicial con nueva perspectiva. El arte concreto nos obliga a repensar la distinción entre concreto y abstracto, entre presencia y representación, entre objeto y signo.

Tradicionalmente, una pintura era considerada “abstracta” cuando se alejaba de la representación naturalista. Pero los artistas concretos argumentaban que las pinturas figurativas son en realidad más abstractas: son abstracciones de la realidad, reducciones, traducciones. Una pintura de una manzana no es la manzana; es un signo abstracto que la representa.

En cambio, una composición de formas geométricas no representa nada: es lo que es. En ese sentido, es más concreta que cualquier pintura figurativa. No remite a nada ausente; está completamente presente.

Esta inversión conceptual tiene consecuencias filosóficas profundas. Nos obliga a reconocer que vivimos en un mundo saturado de signos, símbolos y representaciones. Todo parece estar acerca de algo más, referir a algo ausente. El arte concreto propone un oasis de presencia pura, de auto-suficiencia ontológica.

Es como si el arte concreto dijera: en un mundo de representaciones infinitas, donde todo significa algo más, donde nada simplemente ES, yo ofrezco la experiencia radical de la presencia sin sentido, de la forma sin referencia, del objeto que no señala más allá de sí mismo.

X. El arte concreto hoy: ¿obsoleto o profético?

En nuestra época de realidad virtual, de imágenes digitales, de simulacros infinitos, la pregunta del arte concreto cobra nueva urgencia: ¿Qué significa la presencia material en un mundo cada vez más inmaterial?

Quizás el arte concreto, con su insistencia casi religiosa en la autonomía del objeto artístico, en su existencia material indubitable, en su negativa a representar o simbolizar, fue profético. En un mundo donde las imágenes circulan sin cuerpo y los signos proliferan sin referentes, el arte concreto nos recuerda que algunas cosas simplemente son, sin necesidad de justificarse representando algo ausente.

O quizás, por el contrario, el arte concreto fue el último suspiro de una modernidad que creía en universales objetivos, en la posibilidad de un lenguaje visual puro, en la autonomía del arte frente a la vida. Quizás su sueño de pureza fue precisamente eso: un sueño, hermoso pero irrealizable.

En cualquier caso, el arte concreto nos dejó una pregunta que sigue resonando: ¿Puede el arte existir sin referirse a nada fuera de sí mismo? ¿Y querríamos que así fuera?

La respuesta que cada época da a esta pregunta revela mucho sobre lo que esa época espera del arte, y del mundo.Retry

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