¿Qué te llevó a las artes visuales? 

 Lo visual siempre ocupó un lugar importante en mi manera de expresarme y ver el mundo. Desde el amor por las casas bonitas que una tía me enseñó y desde allí un amor incondicional a la belleza. A los espacios y objetos, pinturas especiales y con significado.

Las palabras también siempre han sido importantes y quizá desde ese lugar mi trabajo sea tan ilustrativo siempre.

Entonces la imagen se manifestó, como algo vital desde muy temprano. Empecé pintando murales en 1980.  Y artesanalmente, produciendo piezas únicas: platos de arcilla pintados. Y luego necesité formas más genuinas e intimistas: mi trabajo siempre ha sido un hurgar en mi ser femenino. La mujer y su íntimo universo es el centro y por ende mis vivencias.

¿Cuáles son tus principales intereses en el ámbito artístico?

 Soy una mujer de múltiples intereses: escribo, pinto, cocino, dibujo… 

Y veo el arte como el ámbito desde donde comunico. Lo hago desde todas esas actividades.

 Desde los 20 años de edad es el sitio de mi realización personal, el sitio desde donde me siento más útil. Todo mi trabajo es muy femenino e intimista: ese es mi abordaje, 

desde cualquiera de mis formas de expresión.

¿Con cuál de tus trabajos te identificas más?

El trabajo mural es el que más me gusta hacer y me identifica. Me gusta su accesibilidad y como abre el espíritu del espectador. Fue mi primera incursión pública en el arte y  a través del tiempo siempre ha vuelto.

Quizá ahora observo que voy agarrando rumbos más introspectivos y el trabajo con costuras y varios libros de artista que estoy construyendo, me atrapan y están tomando importancia en mi quehacer.

¿Consideras que el arte puede impulsar transformaciones?

Si, lo creo así. Tanto para el que vive inmerso en el arte, como para el que lo vivencia como espectador. 

La transformación más revolucionaria es la que sucede en el artista. El arte puede ser un gran sanador, iluminando y colocándonos en una posición siempre removedora e impactante.  No sales ileso y considero que cuando uno agarra este camino ya no hay vuelta atrás. El arte es una forma de vida, una visión del mundo siempre distinta.

¿Qué esperas de cada proyecto que te planteas?

Primero que siga moldeándome, me cuestione y produzca un movimiento interesante 

en quien lo contemple o participe. Un efecto crecedor.

Por ejemplo, ahora a partir de una obra personal estoy creando con otras mujeres una obra colectiva (LAS LOCAS) donde las incluyo y me incluyo, me mezclo. 

¿Cuáles son las dificultades y retos a los que te has enfrentado en tu proceso creativo?

 Las dificultades son un activador en mi trabajo. He trabajado siempre en base a contra estímulos. 

Me encanta buscar soluciones y siento esa búsqueda una razón de crecimiento y conocimiento. 

Por ejemplo, el reciclaje de materiales y el reciclaje espiritual es lo que me mueve en este momento.

¿Cómo te planteas tu siguiente trabajo? ¿En qué te inspiras?

A partir de mi trabajo de reciclaje espiritual, en permanente diálogo con mi historia personal, empecé a crear una obra-cobija en la que sentí la necesidad de compartir mi proceso creativo como lugar de sanación y desarrollo. Convirtiendo esta obra en una obra colectiva en permanente crecimiento, con mujeres de Venezuela y el mundo. 

A través de un encuentro de 4 días con 12 mujeres por sesión, vamos haciendo crecer esta obra infinita. 

Esta obra está sucediendo y me permite en este momento de mi trabajo, hacer de esta obra-cobija LAS LOCAS (nombre que se le da en el campo del Estado Lara en Venezuela,

 a las cobijitas de retazos, sin ningún orden de diseño) un lugar donde lo emocional hace alianzas con nuestras historias personales y nos ilumina a las mujeres participantes y al espectador.